"Has sido 100% tú misma abofetándome en la cara con mi propia lefa".
Salgo de la consulta y me encuentro a Isaac en la puerta. Me pregunta por qué estoy yendo a la psicóloga y solo me sale decirle que por mi novio. Quiere fumarse un porro así que nos vamos lejos de la entrada para que no puedan verle. Paseamos calle arriba y calle abajo hablando de relaciones fallidas, de relaciones tóxicas, de enfermedades y trastornos mentales, de pastillas y tratamientos para la ansiedad. Dice que lo pare a tiempo, que aún es pronto y es fácil tratarlo. Si lo dejo podría convertirse en algo grave. He quedado con Gonzalo así que tengo que dejarle una vez terminamos de fumar. Ya en el coche pienso que diez minutos con él han sido más útiles que una hora de terapia. Quizá mi psicóloga sepa mucho de maltrato pero aún no sabe nada de mí.
Enciendo un cigarro y noto cómo la nicotina viaja por mis pulmones. Me baja la tensión casi al instante pero hace que todo sea aún más agradable. Miro las lucecitas en el borde de la cama y escucho atentamente el vinilo que acaba de poner Tomás. Melón está en el balcón mirando pasar a los vecinos y no puedo evitar pensar en la cantidad de cosas buenas que me he estado perdiendo. Cuando Tomás pasó sus manos por mi espalda por primera vez tuve que contenerme las lágrimas. Creía que no volvería a sentir algo así, la piel de alguien querido mostrando afecto. Llevo meses creyendo no merecerlo. Ahora respiro tranquila, y fumo, y escucho la música, y miro al gato, y el sol entra e ilumina el suelo, y Tomás habla pero no puedo escucharle. No puedo dejar de pensar. No puedo hacer que mi cabeza pare.
Espero en la entrada de la Escuela mientras escucho Wild Nothing en mi móvil. La sala está llena de padres, madres y abuelos que esperan a que los niños salgan de Música y Movimiento. Poco a poco la ansiedad va remitiendo. La canción es tranquila y me ayuda a crearme una burbuja. Los niños salen del aula y se forma revuelo. Hay gritos y llantos y disputas con los adultos. Me siento protegida aquí dentro, puedo respirar y decir por primera vez que me encuentro bien. Creo que es el contraste entre la locura fuera de mí y la tranquilidad que siento. Me empodero al mirarles sin que me afecten sus vidas, sin que rompan mi estado de ánimo. Solo me afecta la música. Escribo a Ryan y le cuento que estoy escuchando lo que me pasó esta mañana y le doy las gracias por haberme hecho sentir que estoy en un oasis.
Bajo las escaleras hacia el baño y no me creo la suerte que tengo. Esta noche, este momento, este acontecimiento no puede ser más que una obra del destino, un ángel que ha bajo hacia mi tierra para darme una lección. Todo es tan perfecto que parece falso. Me siento afortunada por poder estar viviendo esto. Meo y analizo todo lo que acabo de escuchar, todo lo que estoy aprendiendo. Relativizo y llego a la conclusión de que esto es solo una artimaña del Karma, para que salga del agujero, para que me ponga las pilas y cambie así de golpe toda mi vida. No puedo ser idiota, no puedo dejarme llevar por las emociones sino ser práctica. Aprovecha lo que quieras y vete, desaparece antes de que te afecte.
Bebo cerveza de la lata que nos ha dado Kos y creo que ya se me ha pasado la ansiedad. Miro a mi alrededor y me alegro de estar esta noche, esta puta precisa noche, aquí, con estas personas que apenas conozco. Este es el lugar correcto. Ha merecido la pena el ataque de ansiedad que he tenido cuando estaba en el metro. El que he tenido cuando hemos llegado al concierto y he podido parar a tiempo.
Acaricio la espalda de Ryan en silencio. Todo está oscuro pero puedo ver su cara, su cuello y cuerpo que son muy distintos con la luz apagada. En el fondo lo prefiero. A media luz se esconden los miedos. A media luz aparenta la edad que tiene y no un muchacho tierno. A oscuras no se ve el color de sus ojos. Está tumbado encima de mí y me pregunta si me hace daño y le contesto que no porque efecitvamente no lo hace. Es extraño porque siempre digo que no pero los chicos pesan mucho más que yo y solo es cortesía por mi parte. Cortesía y necesidad de carne. Pero ahora es cierto. No me duele su cuerpo, no me ha dolido dentro, lo he sentido al abrazarle. Quizá sea por esto por lo que no me reconfortan los abrazos de mis amigos pero sí lo hace mirarle. Me aprieta y me dice que todo es muy agradable, que es la mejor sensación que ha tenido nunca. Le digo que no voy a quedarme a dormir y que es mejor para los dos. "Lo único que iguala a las personas es que todos intentamos ser felices".