Música para camellos
La hermana de esa fotógrafa tan famosa subió a Instagram un vídeo de lo que, creo, son dos camellos follando. Unas horas después, su novio, un joven de 20 años componente de varias bandas de rock, sube el mismo vídeo pero grabado desde unos diez centímetros a la derecha. Durante el último polvo que eché con mi novio, no le vi la cara en ningún momento. Ahora nos dedicamos a hacerlo tumbados en la cama, con su pecho en mi espalda, de lado. Me cansé hace un par de meses de estar siempre encima y decidí que no me voy a mover, que me voy a dejar hacer. Mi novio se regocija cogiéndome del cuello y apretándome las nalgas. En el polvo anterior a ese las posturas imposibles y la oscuridad de la noche no me dejaron ver demasiado la cara de mi amigo. Quizá la vergüenza también tuviera algo que ver. Anoche, mientras metía mis dedos por debajo de las bragas, alguien al otro lado de la pantalla hacía lo mismo por debajo de sus calzoncillos. Nuestros móviles nos ponían cachondos al decirnos durante la mayor parte del tiempo que esa persona al otro lado del mundo nos estaba "escribiendo". Vuelvo a mirar el vídeo de instagram y los camellos están impasibles. En bucle, observo cómo sus miradas están fijas en otra cosa, cómo rumian algo de paja que les queda aún en la boca mientras, podríamos decir, follan. Entro por casualidad en el perfil de un fotógrafo profesional afincado en Nueva York. En sus fotos las chicas posan con el culo en pompa, tienen las piernas y los brazos atados y chupan los dedos del fotógrafo. No sabría decir si las chicas a las que saca son bonitas, pero puedo afirmar que tienen un bonito trasero. Analizo cada ángulo y cada encuadre y deduzco que no importa su cara ni su identidad, ni siquiera su nombre, porque lo único que importan son los primeros planos de sus culos sacados en picado. El fotógrafo siempre está encima de ellas. El consumidor, siempre está por encima de ellas. Dejo de mirar las fotos con deseo y me doy cuenta de lo interiorizada que tenemos la sumisión de las mujeres en cada cosa que hacemos. Vuelvo una vez más al vídeo de los camellos y pienso que el ser humano es el único animal dotado con la capacidad de reproducirse mirándose a los ojos.













