Pues una vez más me veo casi obligada moralmente a escribirle unas últimas palabras al año, que está a punto de quedar ya en nuestros recuerdos para siempre.
Me da pena pensar que se está desvaneciendo, como si hubiera estado enfermo durante las últimas semanas y mañana fuera finalmente a expirar.
Gracias, 2016, por tantas cosas buenas y por tantas lecciones. Te vas y me dejas más fuerte, más tranquila (más zen) y más sabia (dentro de mis posibilidades) ¡Gracias!
No ha sido un año impecable, nunca habrá años así y aunque si pusiéramos en una balanza lo positivo y lo negativo quizás el segundo pesara lo mismo o más que el primero, este año me deja buen sabor de boca,
2016 está marcado por la adquisición de mi primer coche, mi huevi y, consecuentemente, la introducción de una nueva forma de libertad y autonomía que me ha “dado la vida” y me ha “espabilado”. Recuerdo los primeros meses llena de miedo, terror solo de pensar en arrancarlo, lágrimas, sudores, temblores. Saltar en el asiento cada vez que me pitaban. Ahora me pitan y me río, todo pasa y de todo se aprende. Me encanta decidir dónde voy e ir sin más, cuando quiera, sin depender de nadie. Mi huevi es <3
Otra de las cosas que han marcado este año ha sido la ruptura de la relación más importante que he tenido. A pesar de que la decisión fue mía, obviamente dejar a una persona a la que has querido tantísimo y a la que sigues queriendo, es dura. Muy dura. Dejar un modo de vida al que te habías acostumbrado, un compañero, un apoyo, ilusiones, planes... Dejar a tu perrito... De nuevo, una lección más de este año es que a veces es necesario hacer lo correcto aunque duela. Lo correcto no siempre es fácil.
Volviendo al lado positivo, este año he conseguido profundizar más en mi interior. Me he dado cuenta de que cuando te sientes mal hay que intentar escucharse y buscar el origen de ese malestar. Preguntarse por qué y después buscar una solución. A veces la solución pasa por razonar contigo misma y todo se resuelve con una conversación privada entre la Jenny de dentro y la de fuera. Esto me ha costado sobremanera. No sé si podría explicar lo mal que me he sentido durante los primeros 8 meses de este año a nivel emocional. He estado completamente devastada por no saber aceptar las cosas como son, no ser capaz de ver el lado positivo, no saber tirar para adelante y buscar mejoras. He pasado meses y meses quejándome, esperando que pasara el tiempo, esperando que las cosas mejorasen sin hacer absolutamente nada, esperando a abandonar. Tengo asumido que yo soy así y que habrá muchas más etapas como esta, pero al menos sé que puedo salir.
Conocer a ciertas personas en este 2016 me ha demostrado que por más que se nos complique el camino hay que darlo todo, todos los días, para alcanzar nuestros objetivos. Por muy manido que pueda sonar todo esto, muchas personas vivimos sin tenerlo en cuenta, en un constante «no puedo» que nos lleva al consecuente estancamiento.
Añadir que, gracias a todo este crecimiento personal estoy consiguiendo alejarme de las redes sociales, las cuales, por muy estúpido que pueda sonar, estaban perjudicándome muchísimo. No quiero ni pensar en el tiempo que he malgastado en Facebook (cuenta desactivada a día de hoy), observando de manera casi enfermiza la vida de los demás y comparándola con la mía propia que, por supuesto, para mí siempre era peor. Se acabó compararme, se acabó creerme que todo el mundo es feliz las 24 horas de los 365 días del año. Basta de obsesionarme con los que tienen o no tienen los demás, de pensar que comprar esas cosas me harán más feliz, que tener “likes” en una foto o seguidores en Instagram me harán mejor. FIN.
Este año he tenido mucha salsa, mucha bachata y un poco de kizomba (que pretendo dominar en 2017, ¡cada vez me gusta más!) He ido a mi primer congreso de verano, cosa que quería hacer desde hacía muchísimo tiempo y que disfruté como nada. Este año también he abierto los ojos respecto al mundillo (que yo consideraba bastante más sano de lo que en realidad es) Me he dado cuenta de la falsedad, de la cantidad de gente insegura que hay en el baile, del interés por el que se mueven unos y otros, de cómo usan “la pista” para intentar pisar a los demás, de las rivalidades, los jueguecitos estúpidos, los ranking de chicas de los relaciones públicas, sus vergonzosas técnicas de seducción y lo penoso de todo ello. Lo admito, adoro el baile con todo mi corazón y siempre lo haré, para mí el baile es vida, pero el ambiente que hay ahora mismo puede llegar a ser un poco tóxico al cabo del tiempo.
Por eso, a finales de año llegó un poco de aire fresco y puro: ¡POLE DANCING! ¡Qué sensación, señores! Entré a la primera clase con 0 expectativas sobre mí misma y cuando terminó solo sabía que quería seguir. A partir de ahí fue salir de las clases sintiendo que era capaz de mucho más de lo que creía, salir con ganas de más, de volver al día siguiente, de ponerme a prueba aunque odie hacer abdominales y flexiones. Gracias, gracias, gracias, pole, por traerme nuevas ilusiones, por reforzar mi autoestima, por hacer que me olvide de todo, aunque sea durante 90 minutos a la semana.
Para finalizar quiero hablar brevemente del trabajo, de la familia y de los amigos. Aunque mis pensamientos al respecto son cíclicos y van de un extremo a otro, ahora mismo estoy en un punto en el que agradezco tener un trabajo porque esto me permite hacer el resto de cosas que forman parte de mi vida y porque me aporta autonomía y cierta seguridad. A pesar de pasar tantísimas horas en la oficina, quien algo quiere, algo le cuesta, voy a pensar en lo positivo y no en lo negativo, este trabajo es una forma de impulsarme y hasta ahora no me había dado cuenta.
Respecto a la familia solo quiero recalcar que tengo la mejor del mundo y aunque hay estado mirando pisos de alquiler todo el año (jajaja) son la lucecita que se enciende para mí al final de un día duro. Gracias por dejarlos a mi lado, a quien quiera que tenga que darle las gracias, ¡GRACIAS!
Del mismo modo agradezco a mis amigos, ¡que no me falten!
Sólo le pido a 2017 mucha salud para mí y los míos, mucha fuerza y algo de suerte, ¡el resto pienso hacerlo todo yo!