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La cuarta prueba - extracto cap 26
Cap 26 extracto - La cabaña de Hagrid
La sangre de Harry se congeló. Veía el tiempo moverse en cámara lenta. Sin pensarlo, tomó a Hermione de la muñeca y la guió hacia las escaleras de piedra que conectaban las habitaciones con la Sala Común. Ella había dejado de sentir su cuerpo, de lo único que tenía conciencia era de su abdomen y el suave calor que seguía emitiendo, atenta a que no se apagara. Los dos deseaban poder teletransportarse hasta Madame Pomfrey, sin embargo, el miedo los hizo caminar lento, por si correr empeoraba las cosas.
Harry tenía el cuerpo agarrotado, le dolían las pantorrillas cada vez que daba un paso. Tenía un brazo alrededor de los hombros de Hermione y con el otro, sostenía su mano junto a la de ella por encima de su vientre. ¿Y si ese era el final? No dejaba de pensar en Hermione saliendo del Lago negro y la admiró mucho más de lo que ya hacía.
Hermione por su lado, estaba en piloto automático. Daba un paso detrás del otro, envuelta en su capa y el brazo de Harry, sin soltar el espacio en donde estaba su bebé y sin pensar en nada. Lo único que repetía en su cabeza era: no correr y pisar con cuidado. En ese momento lo único importante era llegar a la enfermería pronto.
Al llegar a la puerta de madera, Harry tocó tres veces y éstas se abrieron solas. Cuando Pomfrey los vio entrar, Hermione no pudo pronunciar ni una sola palabra: si abría la boca, se iba a desarmar.
—Está sangrando —dijo Harry, notando el estado semi catatónico de su amiga— ahí...por ahí abajo.
Harry había hecho su mejor esfuerzo para no avergonzarse, pero no lo había conseguido. Sus mejillas estaban rojas y eran notorias en su pálida y aterrada cara.
—¿Has hecho algo fuera de lo normal? —preguntó Pomfrey, calmada, acercando a Hermione a una cama.
Harry la ayudó a subirse, cargando casi todo el peso de Hermione en sus brazos. Ella estaba incómoda, la espalda le pesaba, pero tenía demasiado miedo para acomodarse. Con una mano buscó la de Harry, que se sentó a su lado. Ninguno de los dos supo quién estaba apretando con más fuerza. La otra mano se dirigió hacia su bebé, junto a la de Harry.
—Hoy hablé con mis padres.
—Lloró mucho, tuve que darle uno de los tranquilizantes.
Pomfrey asintió, estirando sus mangas antes de comenzar el scanneo con su varita por encima del cuerpo de Hermione, que estaba rígida y con los muslos muy apretados, como si eso pudiera evitar la tragedia que la amenazaba.
El silencio se hizo denso. Harry podía escuchar el sonido de la varita de Pomfrey cortar el aire cada vez que se movía. Los ojos de Hermione estaban fijos en el techo, como si no se atreviera a mirar a la maga trabajar.
—¿Algo más?
—Subí un cerro.
Hermione lo dijo tan bajito, que casi fue inaudible. Pomfrey se detuvo en seco, con una mirada incrédula que pasaba de Hermione a Harry y luego viceversa.
—¿Subiste un qué?
—Un cerro, el fin de semana.
Harry había tomado la palabra esta vez, también consciente de su propia responsabilidad en el asunto. Pomfrey le dirigió una mirada agotada, levantando su varita por un momento para llevar sus manos a ambas caderas.
—¿Salieron más allá de Hogsmeade?
—No tanto —dijo Harry con rapidez.
—¿Cómo se les ocurre?, ¿Qué tienen en la cabeza?
—¡Ron no lo sabe!, ¡Había que disimular!
Hermione se apresuró en responder. No podía darle una excusa sin exponer a Sirius, no sabía qué otra cosa decir. Pomfrey se llevó una mano a la frente, recordando que tenía delante a dos adolescentes que, para coronar la situación, eran de la casa de Godric Gryffindor.
Volvió a pasar la varita sobre el vientre de Hermione. Una luz tenue emanó de la punta. Pasaron varios segundos que para los padres, parecieron horas.
Hermione tenía la mirada perdida, sin embargo estaba atenta a que le confirmaran su peor temor. Tenía que estar lista, tenía que estar ahí para Harry.
Harry en tanto, no sabía cómo proteger a Hermione si es que su hija no sobrevivía.
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La cuarta prueba - extracto cap 14
Extracto cap 14 - Bombarda
Hermione venía limpiándose las lágrimas con la manga de la túnica, con torpeza y fuerza innecesaria. Estaba muy pálida, pero sus mejillas y sus ojos estaban rojos. Su cara estaba hinchada y se notaba que luchaba por respirar entre medio del llanto. Miraba al suelo, como pendiente de no tropezarse y caer. Estaba tan ensimismada, que ni siquiera lo vio y solo notó su presencia cuando él la tomó de un brazo para detenerla en su carrera y evitar una colisión entre ambos.
—Hey, hey, hey. Hermione, ¿Qué pasó?
—¡Suéltame! —gritó ella, intentando zafarse de su agarre, echándose hacia atrás para evitar que tocara su cuerpo.
Harry la afirmó aún con más fuerza, perdiendo la paciencia también.
—¡No me digas que no pasa nada!, estás temblando.
Hermione lo miró a la cara y notó que era Harry, por lo que desvió su mirada de inmediato. Estaba tan alterada que se había demorado en reconocerlo, ni siquiera sabía cómo había llegado ahí, ensismismada caminando en piloto automático, pero en vez de sentirse segura y tranquila al verlo sintió que todo era aún más doloroso ahora. Su llanto se hizo más intenso y ahora sí que no podía ver nada con las lágrimas en sus ojos.
—¡No quiero hablar contigo, déjame!
El miedo se instaló en el corazón de Harry. Hermione no estaba enojada, esto no era enojo. No se atrevía a mirarlo a los ojos, estaba recogida en sí misma, con su bolso delante de ella como barrera entre los dos. Algo terrible tenía que haber pasado. Hizo su mejor esfuerzo para tranquilizarse, dos personas fuera de control no podían resolver nada. Tragó saliva y respiró profundo.
—¿Esto tiene que ver con Krum?
Hermione negó y trató de soltarse, pero él no aflojaba. Nunca la había tomado así, sus dedos se enterraban en sus brazos. Harry estaba cada vez más preocupado, los espasmos eran más intensos que al inicio de la conversación.
— ¿Por qué demonios no confías en mí?, ¿Qué te está pasando?
—¡Porque no puedes ayudarme Harry!, ¡Nadie puede ayudarme! Ya déjame. —susurró, como un animal herido. Necesitaba salir de ahí ahora o iba a terminar diciéndole todo en se mismo instante.
Harry se había quedado helado ante la explosión visceral de Hermione. Hasta ahora la había visto distante, deprimida, lenta, en otro lado con Víktor, intentando volver a la normalidad y con una positivdad excesiva y rara, pero no así. Sintió que el suelo debajo de sus pies se movía. Ese ruego le había calado el alma. La había visto llorar antes, sí, pero no escaparse de esa manera. Su boca estaba amarga y no podía dejarla ir. Solo quería abrazarla, sostenerla hasta que el llanto parara y esperar a que le contara qué había ocurrido. Estaba dispuesto a matar a quien fuera que la hubiera puesto en ese estado de desesperanza.
—Por favor. —le rogó ella con un sollozo ahogado.
Hermione había dejado de luchar contra él, ahora solo estaba ahí, sin forcejear, intentando respirar de nuevo. Contra su instinto y voluntad, Harry la soltó despacio. Hermione se dio la vuelta y se perdió entre los pasillos. Él se quedó mirando, descolocado. Algo malo estaba pasando, era definitivo y él no se iba a quedar callado esta vez esperando a ver que era. Después de la prueba iban a hablar, no importara cuanto se negara. Había probado con la estrategia de darle espacio, había probado con la estrategia de no darle espacio, había probado con la estrategia de ignorar las cosas que no le hacían sentido, pero esto se acababa ahora.
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La cuarta prueba - extracto cap 27
Extracto cap 27 - Me das asco
Harry miró a su amigo con amargura y tristeza. La culpa lo carcomía. No sabía cómo seguir enfrentando ese momento, pero no tenía más opciones que quedarse. Madame Pomfrey lo había dicho con claridad: se habían acabado los juegos de adolescentes, lamentablemente.
Se habían terminado cuando ni siquiera había tenido tiempo para ser uno.
—¿Harry? —preguntó su amigo, caminando lento de regreso a él. Algo no estaba bien.
—No es de Krum.
Harry logró hablar con apenas suficiente volumen para ser oído. La rabia le recorrió el cuerpo, era realmente patético. Un desastre.
Había arruinado todo.
La vida de Hermione.
Su amistad con Ron.
Su propio futuro.
—¿Cómo que no es de Krum?, —preguntó Ron, más indignado que al comienzo— ¿Con quién más lleva saliendo desde...?
El rostro de Ron se desarmó. De repente, su expresión furibunda cambió a una de extrañeza, hasta que se convirtió en una de alivio.
—¡Esa broma estuvo horrible, Harry!
Ron le dio un golpe de camaradería en el hombro, suspirando. Se subió a uno de los pupitres para sentarse, ya más relajado, antes de decirle:
—Lo que sea que esté pasando ahí adentro no puede ser peor que tu estúpida historia —le dijo, sacando una gragea roja de su bolsillo— ¿Qué pasó, o no te han dicho tampoco?
Harry no pudo girar su cabeza para mirarlo. Ron se había sentado a su lado y ahora le ofrecía una gragea anranjada.
Ron esperó a que Harry le contara qué sabía de la reunión secreta, pero su silencio lo estaba empezando a inquietar otra vez. Algo en su pecho intentaba decirle que no se relajara tan rápido, pero lo ignoró. Se encogió de hombros y llevó la gragea a su boca.
Harry no podía creer que tuviera que seguir atrapado en la mitad de la revelación del secreto. Se había esperado el grito, sí, pero no esto. El estómago se le apretó tanto que el aire se negaba a circular entre su nariz y sus pulmones.
Pensó en Hermione y en todas las veces en que ella se había sentido así, sobretodo después del escándalo que él le había hecho. Con el cuerpo lleno de culpa, respiró hondo, y se obligó a hablar:
—No es de Krum.
—¿Qué? —preguntó Ron, sacando otra gragea, una amarilla esta vez— Hombre no se te entiende nada, ¿Qu...?
—¡No es de Krum, es mío!
La voz de Harry salió casi como un grito, pero no era eso, era pérdida de control sobre su garganta. Ron dejó de masticar y giró su rostro para mirarlo. Harry estaba acalorado, con los ojos al borde de las lágrimas y la mandíbula apretada. Miraba hacia sus manos, empuñadas, no parecía estar bromeando.
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La cuarta prueba - extracto cap 14
Cap 14 extracto - Bombarda
Hermione se limpió las lágrimas con suavidad esta vez y por primera vez desde que supo, puso propia mano sobre su vientre. El calor de su cuerpo contra su mano congelada marcaba un contraste claro, sentía como si un agujero negro la estuviera jalando hacia abajo. Sentía que estaba en un mundo paralelo, que todo era irreal. Su respiración empezó a hacerse cada vez más lenta a raíz del shock.
—…Que lo más razonable sería interrumpirlo, pero que no me atrevo… que no me atrevo porque no puedo… ¿Te gustaría escuchar eso, Viktor?
Krum negó con suavidad. Sus ojos estaban húmedos, pero sin lágrimas. No era propio de un Durmstrang llorar.
—¿Quieres que te diga que yo sé que lo que se esperaba de mi es que jamás me encontrara en una situación así? —sonrió, lamiendo las lágrimas de su boca— ¿Que lo que se esperaría de mi ahora que lo estoy es que lo hubiera interrumpido apenas supe?, ¿Que lo que se espera de mi es que yo tuviera claro que hacer, que esto no fuera tema, que no estuviera muriéndome todos los días otro poco? —dijo, sus ojos fijándose en un punto vacío, como si estuviera mirando algo más allá de él.
Krum hubiera rogado porque alguien apareciera y esa situación se terminaba. No estaba listo para tanto dolor, quería ayudarla, de verdad, pero nunca se había enfrentado a algo tan duro.
—Y acá estoy, con un error que es…evidente —se rió con amargura, mientras los sollozos le hacían difícil continuar— y se hace más grande cada día, con la claridad de que lo más coherente es que termine con esto pronto y haga de cuenta que esto jamás pasó...y aun así con toda la lógica del mundo diciendo qué hacer, no tengo idea cómo voy a hacer esto. ¿Cómo se supone que pase por algo así?
La pregunta quedó suspendida en el aire, como un grito mudo, que ella misma no se atrevió a responder. Hermione apretó los puños, un temblor recorriéndola, mientras la rabia se acumulaba en su pecho.
Hermione apretó los ojos, como si intentara contener las lágrimas, pero las palabras siguieron saliendo.
—Y a Harry...Yo sé que cualquier cosa que haga con esto, le va a destrozar el alma. Y a mí… —su voz se quebró— me va a romper el alma a mí también. Pero eso no importa, ¿verdad? Porque es lo que tengo que hacer, ¿no? Seguir adelante, fingir que todo está bien…
Viktor dio un paso más cerca, pero no la tocó. Sabía que no podía forzarla.
—Hermione, no tienes que… —comenzó él, pero ella lo interrumpió de inmediato.
—¡No, Viktor!, ¿Qué quieres que haga? ¿Qué quieres que decida? ¿Qué opción tengo? —la ira se mezclaba con el miedo—. ¿Qué se supone que debo hacer con todo esto, cuando ni siquiera yo sé lo que quiero hacer con mi vida, con esto… con lo que está pasando en mi cuerpo?, ¿Tienes una idea remota de lo que es tener que decidir sobre...esto? —puso su otra mano por debajo de su vientre, protegiéndolo— ¿Sobre quién tiene derecho a existir y quien no, sobre la vida de Harry?
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La cuarta prueba - extracto cap 17
Cap 17 extracto - No es de él
—Sabías que estaba embarazada.
No era una pregunta. Dumbledore levantó la vista y la miró por encima de sus lentes.
—Sí.
McGonagall entrecerró los ojos.
—Desde hace cuánto.
—Lo suficiente.
Ella exhaló con fuerza. Se quitó las gafas un instante, frotándose los ojos cansados antes de volver a ponérselas.
—¿Y nunca pensaste en decírmelo?
Dumbledore esbozó una sonrisa resignada.
—Minerva, te habría parecido igual de increíble que ahora. La he estado observando, solamente quise darle algo de control en una situación en donde siente que ya no lo tiene.
McGonagall le sostuvo la mirada. Sabía que tenía razón. Suspiró, pasándose una mano por la frente.
—No puedo creer que esto esté pasando.
Dumbledore la observó con atención.
—No es la primera alumna de Hogwarts que pasa por esto.
— Hasta ahora nunca ha terminado demasiado bien para la alumna.
—Los tiempos cambian. —le aseguró.
McGonagall asintió, visiblemente afectada por el futuro de Hermione.
—¿Si no es Krum, quien?
Dumbledore la miró con una mirada que le decía sutilmente “ya lo sabes”, ladeando un poco su cabeza. La expresión de McGonagall se desarmó y el color de su cara comenzó a desaparecer.
—No —logró mascullar, moviendo su cabeza de lado a lado.
Albus suspiró largo y pausado.
— Al menos no es un Durmstrang tres años mayor que ella.
El intento de agregar algo de humor a la situación no resultó, ya que McGonagall dijo:
— No, solamente es otro niño más inmaduro que Granger y que de una u otra manera siempre se las arregla para estar al borde de la muerte. —tomó aire intentando recuperar la compostura y antes de abrir los ojos otra vez, miró hacia el director del colegio— ¿Estás completamente seguro?
—Completamente, Minerva.
Su mente repasó rápidamente los últimos meses. La manera en que Hermione había cambiado, cómo se había alejado de los demás, la actitud de Harry, sus emociones confusas, sus silencios. Todo encajaba demasiado bien.
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La cuarta prueba - extracto cap 6
Capítulo 6 extracto - El vestido azul
Hermione no podía dejar de sentir que todo lo que había sucedido era su culpa y eso la mantenía lejos de él. Cada vez que pensaba en esa noche, la vergüenza la ahogaba. ¿Cómo pudo dejar que eso ocurriera?, ¿Cómo pudo permitir que Harry la viera así? La idea de que él hubiera visto su cuerpo desnudo la perseguía.
Lo que más la avergonzaba era que, en un punto del encuentro, había comenzado a sentirse deseosa, como si fuera algo natural, algo que nunca había experimentado antes. Pero justo cuando esa chispa de deseo surgió, sintió el dolor entre sus piernas. Esa sensación la invadía, y todo lo que había hecho después solo la hacía sentirse más pequeña, más vulnerable.
Si Lavender y Parvati supieran, la llenarían de preguntas, hasta donde ella sabía ella era la primera.
Le daba mucha rabia el hecho de haber estado con un hombre y ni siquiera haberlo visto. Estaba allí, en ese momento tan íntimo, y no pudo mirarlo, no pudo ver su cuerpo, porque la vergüenza la tenía de rehén. Porque el final de Harry había llegado tan rápido que no había alcanzado a procesarlo y su mente prefería borrarlo. Pensó que, al ignorarlo, podría olvidar lo que había ocurrido y ya, pero el peso de la verdad estaba en ella y Harry…no debía saber nada.
“Porque no está pasando nada”. Se dijo a sí misma, en voz alta. Sin saber por cuánto tiempo más iba a poder sostener esa terrible mentira.
Las risas estridentes y agudas de sus compañeras la sacaron de sus pensamientos. Tomó el regalo siguiente, era de Ron. Éste le había regalado una caja de chocolates. Hermione tragó saliva, conteniendo el mareo repentino que le provocó el simple olor del cacao. No podía rechazarlo sin levantar sospechas, así que lo guardó en su mesita de noche, obligándose a sonreír para que Parvati y Lavender no notaran nada extraño.
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La cuarta prueba - extracto cap 5
Extracto cap 5: Distancia
Hermione apretó los ojos con fuerza, quizás al volver a abrirlos el humo cambiara de color.
“Es un error. Es un error, solamente eso”.
Pensó en hacerlo de nuevo, pero si volvía a salir rosa no sabría que iba a pasar con ella. Tomó aire profundamente y exhaló con lentitud. Cuando abrió los ojos, el tenue resplandor rosado aún flotaba en el aire delante de ella. Sintió que su cuerpo se quedaba sin fuerzas y que perdería la conciencia en cualquier momento.
No. No podía permitirse eso. No ahora.
Se levantó con dificultad, ayudándose con sus manos para poder afirmar sus piernas, apoyándose en la pared para poder sostenerse. Su reflejo frente a ella la retrataba con ojos agrandados, húmedos y rojos. Sus labios temblorosos, la piel tan pálida como los fantasmas del castillo.
“¿Qué voy a hacer?”
Se inclinó sobre el lavabo junto a ella, abrió la llave de agua fría y se restregó la cara bruscamente.
“No hay nada en qué pensar. No está pasando nada”
Tenía un segundo para tomar una decisión y esa era entrar en pánico o mantenerse bajo control, por lo que tomó la segunda: no iba a pensar en el resultado ni en qué significaba para ella. No. No podía dejar que eso la afectara o la distrajera. Respiró hondo, se secó la cara con la túnica y alisó las arrugas de su uniforme.
“Tranquila”.
Salió del baño a paso firme. Para su buena suerte no había nadie en el pasillo. Cuando llegó a su dormitorio comprobó que sus compañeras no habían llegado y que estaba sola de nuevo. Se quitó la túnica y la colgó a un lado. Cerró las cortinas de su cama y tomó su pijama para cambiarse de ropa, pero apenas sus dedos rozaron la tela, el nudo en su garganta se hizo aún más grande. El solo hecho de tocar su propio cuerpo en ese estado la hacía querer desaparecer. Las lágrimas volvieron a caer en silencio, no podía controlarlas. Se recostó sobre la cama con su uniforme puesto, cubriéndose con una manta para evitar que nadie la viera y supiera sobre…
“Sobre nada”.
Cerró los ojos buscando conciliar el sueño, pero no pudo. Estaba en estado catatónico, algo se había terminado de quebrar dentro de ella. Lo poco que le quedaba de sí misma desde el día en la Casa de los gritos acababa de morir en aquel baño.
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