[Fic] Pequeña
Esto es pura melosidad y probablemente inexactitudes porque yo no sé de estas cosas pero se supone que mi borrego si (si hay cosas incorrectas por favor, díganme para corregir). Juro que tenía mas sentido cuando lo pensé… que fue hoy en la mañana acabando de despertar y estaba medio adormilada… PERO ES QUE MAMA!HIVA ES LSKDFJLSKDF
Anywaaay… Están advertidos (y esto derivará en otro fic pero ese no irá aquí muwahahaha) xD Papás borregos entrando en la semana 12 8D
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El agua tibia de su baño la había hecho perder la noción del tiempo.
¿Se había quedado dormida unos minutos acaso?
A juzgar por la apariencia de la punta de sus dedos, así había sido. Con un poco de renuencia, se levantó para salir de la tina. El cuarto de baño, acogedor por sí mismo gracias a las paredes y pisos de piedra que parecían irradiar su propio calor, ayudando a que la transición no fuese brusca y, por el contrario, resultándole bastante cómoda.
Se enrolló en una de las toallas y se sentó para secarse el cabello y aplicarse las lociones fragantes que habían sido de gran ayuda los últimos meses al aminorar las náuseas además de hidratar su piel.
Las molestias matutinas habían disminuido por fortuna, pero unas cuantas incomodidades más habían comenzado a hacer su entrada triunfal en su lugar. No importaba eso, no cuando disfrutaba de la bendición de deslizar sus manos sobre su vientre, ahora ligeramente abultado. Sonrió para sí mientras se ponía de pie, tomando una de sus túnicas de algodón para vestirse y dar un vistazo rápido a su avance sobre la báscula, antes de retomar su camino por las escaleras que conectaban inmediatamente hacia la habitación.
Estaba terminando de cepillar su cabello cuando lo vio entrar. Traía consigo una bandeja con té y algunas frutas picadas en un tazón. Hiva le sonrió de inmediato y él le respondió a su vez con una de sus características sonrisas enigmáticas antes de acercarse, invitarla a sentarse sobre la orilla del lecho y colocarle el tazón de la bebida humeante en las manos. Ella agradeció el gesto con una inclinación de la cabeza y tomó un par de sorbos, deleitada en la fragancia del aromático líquido. Se volvió hacia Mu, observando con detenimiento al ariano: sus pasos ligeros sobre la duela de madera, sus movimientos meticulosos mientras terminaba de acomodar el resto del contenido de la bandeja en una mesita cercana. Al sentir la mirada de ella sobre la nuca, Mu giró sobre sus talones para responder al silencioso llamado y sentarse a su lado.
“Se ve usted radiante esta mañana, Mi Señora,” aventuró sonriente mirándola a los ojos mientras le retiraba un mechón húmedo de la frente para luego bajar la vista y extender una mano con la palma hacia arriba. “¿Ha sido el té de su agrado?”
“Sin duda. se lo agradezco. El té de jazmín más exquisito que he probado, como todo lo que mi buen señor tiene la gentileza de ofrecerme,” dijo ella devolviéndole el recipiente y ruborizándose un poco, ya sea por el calor brindado por el líquido o por la cercanía embriagante de su compañero. “Pero no tenía por qué molestarse. Estaba a punto de bajar para acompañarle a la mesa.”
“Imaginé que le complacería tomar su desayuno en la habitación luego de refrescarse.” Respondió Mu , haciendo levitar el tazón vacío hacia la mesita. “Además, si me permite, desearía…”, retomó un aire un poco ceremonioso, se puso de pie frente a ella y tomándola de la muñeca, esperó a que diera su consentimiento antes de continuar.
Hiva levó la vista hacia él, le regaló una sonrisa nuevamente y se acomodó en la orilla de la cama, enderezando la espalda. “Adelante, por favor.”
Mu entonces levantó la manga ancha de la túnica celeste que cubría el brazo de Hiva hasta enrollarla por encima del codo de ella, para luego girarle la muñeca y colocarla boca arriba. Con una mano firme, se dispuso a tomar las pulsaciones de la mujer presionando su pulgar sobre la delgada articulación. Permaneció en silencio hasta haberse asegurado de registrar el ritmo con exactitud.
“¿Ha sentido algún malestar los últimos días?”
“Las náuseas han disminuido pero a veces…”
“¿Si?”
“A veces siento un poco de agotamiento y tirones en la parte baja del estómago cuando me giro.”
“¿Se ha pesado?”
“Si, 62.700 esta mañana.” “Está evolucionando en orden, el peso ha aumentado correctamente y aún no debería causarle desgaste a sus ligamentos, pero debería evitar los movimientos bruscos para ayudar a los músculos a evitar lesiones ahora que empiezan a expandirse. Si necesita algo de las partes altas de las alacenas, no dude en decírmelo. Un poco de calentamiento antes de comenzar sus actividades más exigentes ayudaría también.”
“Entiendo.”
“¿Sus extremidades no han mostrado edemas?” Se arrodilló para revisar los pies de Hiva, tomando uno de ellos en sus manos y comenzando a masajearlo con movimientos circulares.
Hiva cerró los ojos un momento antes de contestar. La había tomado por sorpresa, pero no era desagradable la sensación en absoluto. Suspiró y luego volvió su atención a la pregunta. “No, no en realidad, aunque por las tardes siento algo de pesadez y calor en los pies, pero no llegan a hincharse.”
“Cuando eso ocurra, hágamelo saber. Su sistema circulatorio está irrigando mucha más sangre ahora que su metabolismo empieza a acelerarse. Mantener los pies unos cuantos minutos elevados sería beneficioso. Un masaje como éste aliviaría el malestar también.” Dijo, mientras tomaba el otro pie de la mujer para darle la misma atención que al primero. La escuchó exhalar un suspiro breve nuevamente y sacudió la cabeza con una sonrisa traviesa para luego volver a ponerse de pie.
Sin avisar, lentamente la hizo levitar hasta ponerla de pie frente a él y ya que ella hubo recobrado el balance, Mu le hizo una pregunta con la mirada. Hiva sonrió y asintió con la cabeza, entusiasmada.
El ariano entonces depositó sus manos sobre la cintura de ella para luego, deslizándolas con tersura, acopar protectoramente entre ellas las líneas redondeadas y suaves del vientre de su compañera. Cerrando los ojos, se concentró en ese pequeño cosmos que podía sentir palpitando con seguridad bajo el resguardo de su madre.
Era aún muy pequeña como para intentar un enlace más complejo, pero estaba desarrollándose muy satisfactoriamente y tenía una presencia fuerte. Sonrió generosamente y dejó escapar una risita sonora.
Pequeña.
Al abrir los ojos de nuevo, encontró la mirada expectante de Hiva, que se había emocionado al escucharlo reír, sus dedos delgados presionando nerviosamente sobre los de él. Mu entonces se inclinó hacia ella, depositando su frente sobre la de Hiva, sin dejar de sonreír.
En cuestión de segundos, la risa emocionada de Hiva hizo eco en la habitación también.
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