Por si no lo sabíais una de mis mayores aficiones es escribir textos breves. Es algo que me encanta. Suelo escribir sobre las cosas que me ocurren dándoles un toque mas estético. Aparte de la satisfacción que me da, también me aporta un punto de vista diferente a mi vida, al igual que quien lleva un diario.
Aqui os dejo una muestra:
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Ya no hay playa, ya no ha besos ni pasión. Solo ella y yo, en mi cafetería favorita. Sinceramente, no sé que le veo: las butacas de mimbre son incomodísimas a pesar de los cojines, la mesa, de mimbre también, es de esas que no t dejan estirar las piernas por debajo y el café tampoco es una maravilla. Pero no se, hay algo en esta terraza en la que nunca da el sol, en este suelo de ladrillo rojo, hay algo en este lugar que me encanta pese a todo.
Estamos hablando, bueno, en realidad es ella la que habla mientras yo la escucho y disfruto de un café con hielo. Me cuenta cosas de su pasado, sus aficiones, lo que le gusta y lo que no,… Me paso una mano por el pelo y sonrío ante el tacto de los restos de arena de playa. Parece empeñada en contarme su vida entera y me siento culpable: aunque la conozco solo de la noche anterior ya se mucho sobre ella y, en cambio, ella sabe poco mas que mi nombre.
Con su permiso, saco el tabaco, papel y boquillas para liarme un cigarrillo. Lo hago despacio, saboreándolo y buscando la perfección. Cuando acabo, lo enciendo y doy un par de caladas rápidas que hacen el amago de subirseme a la cabeza. Me encanta del matiz dulzón del Virginia.
Seguimos hablando y ella trata de preguntarme cosas. Solo consigue respuestas breves: no me siento cómodo hablando de mi. Redirijo la conversación hacia ella y sigo fumando.
Ya me he acabado el café y el cigarrillo, la camarera ha traído la cuenta y se me hace tarde. Nos levantamos para despedirnos. Me da su numero de móvil y me sorprende con un beso, y su posterior comentario sobre el horrible sabor a tabaco.
Empiezo a alejarme por el callejón que te saca de esa placeta. Mientras ando pienso en ella. Por mucho que me haya gustado y lo bien que me cae no estoy lo suficientemente cómodo. Durante todo el día no me ha quitado el ojo de encima y ha dejado caer en mas de una ocasión que le gustaría tener algo mas. No estoy preparado. Esto no es para mi. No se si lo será nunca. Hundido en mis lamentaciones me pongo el casco y me abrocho la chupa. Me subo a la moto y mis preocupaciones desaparecen. Arranco. Me dejo llevar.
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