Bicycle bookmobiles pedaled by librarians are popping up all over the country. There seems to be a natural pairing in these two analog methods of exploring and seeing the world.
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Bicycle bookmobiles pedaled by librarians are popping up all over the country. There seems to be a natural pairing in these two analog methods of exploring and seeing the world.
Projetos usam bicicletas para levar livros gratuitos a comunidades carentes
Projetos usam bicicletas para levar livros gratuitos a comunidades carentes
Muitas pessoas em países pelo mundo não têm acesso a livros. Para combater esse problema, educadores e voluntários estão usando ideias criativas para incentivar o amor pela leitura por meio de ações inovadoras. Um exemplo disso é o projeto norte-americano ‘Seattle Public Library’s Books on Bikes‘, que transporta livros em bicicletas para levar uma verdadeira biblioteca móvel a comunidades…
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Librarian Rides Around on Pop-up Bicycle Book Library to Spread the Joy of Reading
I found #bibliobicicleta!
Qué hacer con los libros durmientes...
Tengo libros hasta debajo de la cama. Alguna vez pensé en venderlos por lo que fuera. Pero hace un tiempo me pregunté si sería más útil donarlos a quien los aprovechara más que yo.
Una escritora me sugirió mirar hacia las bibliotecas rurales, ávidas de libros. Después conocí a Luis Soriano, el profesor del Biblioburro y a Martín Murillo, de La Carreta Literaria Leamos. Ellos me dieron luces sobre dónde y por qué vale la pena no dejar libros durmientes.
Martín me dio el teléfono de Alexandra Ardila, la persona de la que quiero hablarles. Una bogotana que desde hace seis años vive en Riohacha y se dedica junto con sus tres hijos a promover la lectura entre la etnia wayuú.
“Creamos el programa llamado La Bibliobicicleta, vamos en bicicleta a las rancherías y llevamos literatura infantil, leemos para la gente y hacemos talleres”, me contó. Su materia prima son los libros infantiles con grandes ilustraciones relacionadas con el mar y la naturaleza que calan en los niños de las rancherías. Trabaja sin apoyo, salvo el de los mismos wayuús que la acogen cuando los visita.
Alguna vez, fue en bicicleta desde Riohacha a Uribia, leyendo Cien Años de Soledad por radio, gracias al apoyo de un periodista y un grupo de gente que creyó en su proyecto.
“Tenemos un programa llamado Refugio Literario, en Villa Fátima (Riohacha). Pero en el invierno pasado un vendaval se llevó los techos, la casa, los libros, el computador… y las bicicletas se acabaron”, me contó entre sonrisas, como si esos no fueran problemas, como si las bicicletas no fueran como brazos para ella y su familia.
“Ahora no tenemos libros, estamos haciendo una campaña por la página de Facebook ‘Hablemos con los libros’ , por si nos hacen donaciones”, me dijo. En diciembre pensó en renunciar, pero fue Martín, de La Carreta Literaria, quien la animó, enviándole un cargamento de libros.
Les contaría más, pero se acaba el espacio. Pero puedo decirles que ahora sé que haré con mis libros durmientes.