Ayer, después de un breve intercambio con Marcos sobre la labor y el sonido de Tommy Flanagan, me puse a recordar algunas de sus más valiosas colaboraciones o, mejor dicho, mis favoritas. Volví a escuchar algunos discos que hacía mucho no escuchaba entre la tarde y la madrugada de ayer y hace un rato completé los que me había anotado. A propósito de eso y sin mayores pretensiones, acá enlisté y le dediqué un párrafo a diez colaboraciones superlativas de Flanagan. Están ordenadas según las fui recordando y ya. No hay mucho para agregar, solo que me gustaría subir cada disco pero los tengo a todos en FLAC y con el internet paupérrimo que estoy padeciendo sería lo más engorroso del mes así que, por lo pronto, dejo links para escuchar online.
#1 At Ease with Coleman Hawkins (Coleman Hawkins, 1960) Moodsville
Para empezar, uno de mis discos favoritos del mundo y la historia entera. El mejor baladista que dio el jazz se pone acá al frente de un cuarteto magistral que tiene a Flanagan en el piano y al que lo completan Wendell Marshall en contrabajo y Osie Johnson en batería.
De la enorme lista de músicos con los que trabajó Flanagan, Hawkins es sin duda con el que mejor se entendió. Y es que el estilo lírico de uno y otro fueron siempre por el mismo camino. Acá se explota hasta el infinito el sonido melancólico del piano y la suavidad de Hawkins en el tenor.
El resultado son cuarenta minutos de paz como pocas puedan encontrarse en el mundo. No hay ni una sola alteración, ni un solo soplido afuera, ni una sola nota mal puesta. La perfección, que le dicen.
#2 The Many Faces of Art Farmer (Art Farmer, 1964) Scepter
Después de Hawkins, si hay otro musico capaz de sumarse con la misma organicidad al registro de Flanagan (aunque en principio sería al revés, ya que estamos revisando colaboraciones de Flanagan) es Art Farmer.
Sirva de prueba este disco lleno de polvo y siempre ninguneado con un elocuente registro formal que sería, si no me equivoco, la anteúltima colaboración entre ellos.
Acá la cosa discurre en un quinteto completado por el gran Charles McPherson en saxo alto -y su única colaboración con Farmer-, Bobby Thomas en batería y Ron Carter y Steve Swallow intercambiando en el contrabajo.
Lo más interesante de todo es la selección de canciones que incluye tres composiciones del trombonista Tom McIntosh y LA ÚNICA VERSIÓN GRABADA de All About Art, compuesta por nuestro Sergio Mihanovich. Y digo que lo más interesante son los temas elegidos no solo para sacar pecho por patriotismo sino porque son las composiciones (ninguna original) las que abren un espectro infinito dentro del disco. Es cierto, no tiene nada de la homogeneidad que rezuma At Ease with Coleman Hawkins, pero a cambio es un catálogo de las virtudes y posibilidades que la sinergia entre estos músicos hacían posible.
(Si esto les interesa particularmente, no dejen de ir a Art, disco de Farmer de 1960, donde Flanagan se supera a sí mismo en elegancia y distinción con algunas pinceladas de genio total.)
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#3 Booker Little (Booker Little, 1960) Time Records
Un disco que amo con locura tanto por lo que ofrece a nivel musical como histórico. Estamos frente a la única colaboración entre Booker Little y Scott LaFaro, dos muertes que son de los errores imperdonables del destino. Además de eso, y como no, Flanagan.
El homónimo del prodigioso trompetista que fue Booker Little en sus 23 años de vida es el segundo de los cuatro que grabó y es una obra maestra que en media hora configura con paso firme la búsqueda de forma y estilo que el neoyorquino estaba llevando a cabo. El aporte de Flanagan es el de siempre: poesía por un lado y capacidad de adaptación por el otro, galopando a la par de la mente creadora de Booker Little sin perder nunca el horizonte.
#4 Jeru (Gerry Mulligan, 1962) Columbia
Según la gente de AllMusic estamos frente a un disco que "no es esencial pero sí disfrutable". Me atrevo a disentir a medias, porque si bien no es un disco clave para entender el sonido de ninguno de los que participaron en él, sí es un disco bisagra en la carrera del barítono y también una lección de destreza y profesionalismo.
Primero que nada, porque Mulligan venía jugando con la idea de "jazz sin piano" en su unión con Chet Baker y es acá cuando las teclas vuelven a aparecer. Y fue Mulligan el que le pidió a Dave Bailey (su baterista estrella) que consiga a Flanagan para semejante tarea.
Lo cierto es que como banda no tuvieron rodaje y, según tengo entendido, Jeru es fruto de una única sesión de cuatro horas en la que tocaron juntos. De ahí un aire enrarecido, entre íntimo y formal, con cierta rigidez pero con un andar muy armonioso. No es un disco que maraville por su despliegue de originalidad sino por lo contrario: la capacidad de concentrar conceptos clásicos en un formato novedoso y en tiempos reducidos.
Tal vez lo más destacable del disco sea su riqueza rítmica, fruto de la grata participación de Alec Dorsey además del trabajo del ya mencionado Dave Bailey y el bajista Ben Tucker.
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#5 Lucky Is Back! (Then, So Is Love) (Lucky Thompson, 1965) Rivoli
Después de su viaje a Europa, Lucky Thompson vuelve a Estados Unidos y graba dos discos en un par de meses. El aliado sería Tommy Flanagan, pilar fundamental para la realización de los dos álbumes que se recogen en este Lucky is Back!.
Para los que no lo conozcan, Thompson es otra de las anomalías engendradas en el género musical que más anomalías guarda en su vientre histórico. Era esquizofrénico y mal llevado como pocos y, los que lo tuvieron cerca, dicen que no tenía nada que envidiarle a Coltrane. Su carrera fue errática y complicada siempre. Las discográficas que no le cerraban la puerta de entrada se la cerraban a la salida por lo difícil que era tratar con él. Por eso esto que tenemos en frente lo grabó a pulmón -no solo literalmente- en una movida independiente que ahora es moneda corriente pero que en la década del 60 para un negro esquizoide y con las capacidades sociales desarmadas... bueno, se imaginarán.
La historia es cruel, una vez más. Thompson murió en la calle a los 81 años pero había dejado la música mucho antes. Tiene una discografía tan breve como perfecta y estos dos discos no son la excepción. Flannagan es el yang perfecto para el ying caótico y celestial que era Thompson en cada minuto de este registro. Un estilo único que derrama belleza a cada paso mientras Lucky intercala Soprano y Tenor entre tema y tema. Y sí, era un tenor brillante, pero atentos especialmente al sonido inconfundible que lograba con el Soprano.
(La participación de Flanagan acaba en el tema 13, los 3 restantes lo reemplazan un órgano y una guitarra.)
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#6 Clarinescapade (Bobby Jaspar Quartet & Quintet, 1957) Fresh Sound
Un disco que además de ocupar su lugar en esta lista bien puede ocupar uno en una lista que seguro ya se ha hecho muchas veces: Jazz con instrumentos atípicos (ahí donde estaría Dorothy Ashby y Jean Tielemans). Bebop, en este caso, con el clarinete de Bobby Jaspar. Y sí, en principio es una rareza, pero andando se acomodan los melones y la maquinaria de Jaspar funciona perfectamente en cuarteto y en quinteto. El andamiaje rítmico sostiene por todo lo alto los fraseos típicos del BeBop y los tonos cremosos (pienso en ciertos tabacos, en ciertos vinos y en cierta canción de Los Redondos que dice "juega quietita y cremosa" de cada melodía.) que el bueno de Flanagan se encarga de ejecutar. Un gran disco.
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#7 Giant Steps (John Coltrane, 1959) Atlantic
Quinto y sustancial disco de Coltrane, primero con todas composiciones originales y último de Flanagan con Trane en estudio. Según muchos, el punto de partida perfecto de una discografía abrumadora como no hay otra. Flanagan funciona en la primera etapa de Trane como un cable a tierra fenomenal, siempre imponiendo su estilo melancólico y poético a cualquier festival de destreza, talento y virtuosismo que el resto esté dispuesto a ejecutar. Y es que Giant Steps, a pesar de ser un conglomerado de magia y genialidad, necesita la contención del segmento rítmico para no resultar en un farragoso ejercicio de casi-free-jazz.
Si hay alguien que ha sabido siempre comprender y tensionar hasta los límites más abstractos esa sensación, ese es Coltrane. Y si hubo un músico capaz de ponerse a la altura de esa tarea invisible pero titánica, ese fue Flanagan. Obra maestra absoluta.
#8 Collector's Items (Miles Davis, 1956) Prestige
Una de las primeras apariciones en estudio de Flanagan en este maravilloso y no siempre celebrado disco de Miles, que hizo tanto y tan bien que es difícil abarcarlo todo. Además de la presencia sublime del joven Flanagan, acá está también uno de los poquísimos registros que hay de Charlie Parker con el tenor.
Lamentablemente el amigo Bird y el amigo Flanagan no coinciden, porque Collector's Items es en realidad dos sesiones diferentes unidas: la primera grabada en enero de 1953, en la que están Parker, Sonny Rollins y Philly Joe Jones entre otros y una segunda grabada en marzo del 56 en la que aparece Flanagan junto a Paul Chambers, Art Taylor y Rollins, que es el único que repite además de Miles.
El disco es lisa y llanamente una obra maestra de aquellos primeros años de Miles en Prestige y sin distinción entre la primera y la segunda parte más allá de sus 3 años de diferencia. Y es que en ambas sesiones hay un espíritu para descubrir, una cadencia en común y el genio creativo de Miles llevándose todo por delante.
La labor de Flanagan acá ya es notable (sobre todo para ser de sus primeros trabajos) en tanto que su estilo está presente: un sonido redondo, orgánico, pausado y cadencioso. Parece que el tipo nació maestro.
#9 The Incredible Jazz Guitar of Wes Montgomery (Wes Montgomery, 1960) Riverside/OJC
Flanagan está acá en primer plano. Su piano tiene tanto peso y presencia como la guitarra de Wes. Vease D-Natural Blues como ejemplo supremo de un juego de contrapuntos y tonalidades mixtas formidable. Por esto, tal vez una de sus colaboraciones más recordadas. Y es que la presencia de Flanagan no hace más que engrandecer al álbum de Montgomery abandonando de arranque el papel de mero sesionista para convertirse en un creativo más de la obra.
#10 Saxophone Colossus (Sonny Rollins, 1956) Prestige
No podía dejar afuera uno de los discos más importantes de la historia: el maravilloso cuarteto que formaron Rollins, Flanagan, Watkins y Max Roach te deja sin palabras. Uno de los ejercicios de Hard Bop mas resonantes y potentes que se puedan imaginar. Todas las bases del estilo están acá.
Cuando el Bop separó sus aguas y abrió los caminos, Flanagan estuvo en cada uno de ellos, empapados, siempre a la altura, siempre fascinante. Acá se amolda a la base rítmica de Watkins (dicho sea de paso, uno de los bajistas más sobrios y perfectos del Hard Bop) y se prende al juego siempre descabellado de Roach al tiempo que comulga con el fuego tenor de Rollins. Una demostración cabal de la clase de músico que fue y de paso una excusa para volver siempre a este Santo Grial de las progresiones complejas y las improvisaciones volcánicas.
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