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Tormenta:
El retumbar del trueno sacude el cielo con un rugido profundo, haciendo vibrar las paredes del motel. Óscar se despierta de un sobresalto, su respiración acelerada y sus húmedos ojos parpadean con fuerza para deshacerse de la neblina mientras intenta orientarse. No está en su hogar, no está en las paredes seguras que alguna vez conoció. El mundo a su alrededor se siente inmenso, desconocido, y la tormenta afuera ruge con fuerza.
“¿Dónde… dónde estoy?”, se pregunta con el cuerpo tenso. La confusión dura unos segundos, solo reconociendo las mantas que logró sacar de su vieja casa, luego el mundo comienza a dar forma cuando lentamente recuerdos llegan a él.
Ahora ya no duerme en las paredes de su casa. Ahora duerme en un cuarto de motel extranjero con los Winchester. El olor a madera vieja y el tacto de la camisa gruesa de Dean que usa como cama. Está en el pequeño “refugio” que improvisaron para él en el cajón semiabierto de la mesita de luz, ya que no tenían algo mejor que dar.. La lluvia azota con fuerza contra la ventana, y el silbido del viento se cuela por los bordes de la puerta. Es la primera vez que experimenta una tormenta de este calibre fuera de las seguridades de las paredes
<<No quiero estar solo>> Un gemido lastimero se le escapa de sus labios.
El miedo se filtra en su pecho como un veneno lento. Se acurruca bajo las mantas de retazos, temblando, apretando los ojos con fuerza mientras otro trueno retumba con más fuerza. Otro sollozo escapa de sus labios. No quiere llorar, pero el anhelo de una calidez reconfortante, de un abrazo, lo tiran para afuera
Sus ojos escanean la gigantesca habitación con rapidez. El brillo de un relámpago ilumina la cama donde Dean y Sam están dormidos juntos bajo una gruesa manta en una cama matrimonial, como este motel en particular tenía todas las habitaciones con camas individuales ocupadas, los hermanos aceptaron a regañadientes, aunque ambos están acostumbrados en realidad, en su infancia era común que durmieran juntos cuando Sam tenía pesadillas.
El golpe de otro trueno retumbante lo hace encogerse de nuevo. Su cuerpo tiembla de miedo.
Su pecho se sacude con pequeños sollozos silenciosos. Mira la distancia entre la mesita de luz y la cama. Para un humano es solo un paso, pero para el niño parecen millas.
Limpiándose los ojos con el dorso de la mano. Se desliza por el borde del cajón con la misma precisión que cuando vivía en las paredes, aferrándose a la madera rugosa hasta llegar al suelo.
El piso frio y duro lo envuelven cruelmente haciéndolo temblar más, con desesperación mira a su alrededor, como si algo pudiera salir de las sombras. La cama se alza muy por encima, alta y grande, Otro trueno lo sacude, otro sollozo se le escapa y corre hasta la cama.
Finalmente, alcanza la base de la cama. Mira hacia arriba del lado de Dean, la montaña que parece un gigante dormido, respirando pacíficamente.
Entrelazando los dedos entre las hebras de la colcha, sube por los pliegues de la manta que cuelga y alcanza la superficie acolchada. Desde ahí puede ver qué Sam esta de espaldas, inmóvil, mientras que Dean duerme de lado, con una mano descansando cerca del borde de la cama abierta con la palma arriba, como invitándolo a entrar.
Óscar duda por un momento, temblando por el miedo y tratando de mantener el equilibrio en la superficie suave y mullida, ahora puede pararse más fácilmente gracias a todas las veces que pudo andar sobre la cama desde que se unió a los hermanos. Se frota los ojos con las manos, respira hondo, avanza lentamente y trepa hasta la mano de Dean. La piel es cálida, suave, con callos duros en la yema de los dedos que rozan su cuerpo mientras se acomoda. El calor que emana de ella lo envuelve plácidamente. Óscar se acurruca en el centro de la palma, con los brazos alrededor de sus propias piernas, tratando de calmar su corazón agitado.
De repente, como si Dean supiera que está ahí, se mueve, su mano se cierra automáticamente alrededor de Óscar —¡Ah!— chilla Óscar, su corazón se acelera. Se aferra con fuerza, sus dedos diminutos clavándose en las cestas de la piel gruesa.
El cazador gira boca arriba, inconsciente pero perfectamente cuidadoso, llevando la preciada carga sobre su pecho. La mano se curva sobre Óscar, no con fuerza, sino con la suavidad de una cúpula protectora.
El niño presta atención, paralizado por el miedo. Siente el calor de su cuerpo rodearlo como un capullo y el latido de su corazón muy por debajo, un tambor constante, profundo y seguro.
“No me aplastó…”, se da cuenta con el corazón todavía acelerado. Parpadea, sus ojos húmedos de miedo ahora se llenan de alivio. Con una respiración temblorosa, El movimiento suave de su respiración lo mece como si estuviera sobre una balsa. Se acurruca en el hueco de su esternón, donde la curva natural de su pecho le da refugio. La tormenta del exterior de alguna manera es amortiguado por este acogedor refugio. Allí está cálido. Allí está seguro. No hay tormenta que lo asuste ahora. Las lentas respiraciones y el palpitar del corazón de Dean lo adormece, lento, seguro.
El sueño lo atrapa antes de que pueda resistirse.
Los rayos dorados del sol se filtran entre las cortinas mal cerradas del motel. El aroma a lluvia aún se cuela por las grietas de la puerta. Afuera, el mundo aún está húmedo por la tormenta nocturna, pero el cielo se muestra despejado y azul.
Sam abre los ojos despacio, acostumbrado a despertar antes que su hermano. Parpadea varias veces y se estira un poco antes de mirar a su alrededor. Su mirada va hacia la cama a su lado, donde se encuentra con una imagen que lo hace detenerse.
Dean está dormido, con la cabeza enterrada en la almohada, la boca apenas abierta, y la mano izquierda sobre su pecho. Pero lo que más llama la atención de Sam no es eso, sino el pequeño cuerpo de Óscar acurrucado en el hueco del esternón de su hermano, cubierto por la mano de Dean como si fuera una cúpula protectora. Respira con tranquilidad, su cuerpecito subiendo y bajando con las respiraciones profundas de su hermano.
La vista arranca una sonrisa en los labios de Sam. Una sonrisa lenta, perezosa, cargada de cierta sorna, pero también de algo más cálido. “Si Dean supiera la imagen que está dando, nunca me lo dejaría pasar”, piensa mientras se frota el rostro para despejarse y con una idea formándose en su mente para embaucar a su hermano.
Levantándose sin decir nada ni hacer ruido. Se mueve con cautela. La cama cruje un poco cuando se sienta en el borde, pero nadie se inmuta. Se estira, sintiendo la tensión soltarse de sus músculos, y luego se pone de pie con pasos lentos y suaves, Echa otro vistazo a la cama de Dean. Su hermano sigue inconsciente, la boca ligeramente abierta, con la expresión de alguien que no tiene ni la menor idea de lo que está pasando, por lo que pone en marcha su plan.
Va hasta la mesa y agarra su celular, se acerca de puntillas y saca una rápida imágen
<<Ni te imaginas lo tierno que te ves, hermano>>, piensa Sam con una sonrisa más amplia, se guarda la imagen para sí mismo, como una de esas pequeñas victorias que no necesitan ser anunciadas.
Con un suspiro satisfactorio, se dirige al baño para comenzar su rutina matutina. El crujido de la puerta y el sonido del grifo se filtran por la habitación, pero ni Dean ni Óscar se mueven. La calma aún reina en la habitación
Momentos después, Dean parpadea despacio, sus ojos ajustándose a la luz. Gruñe suavemente, sintiendo el peso del sueño todavía sobre él. Frota su cara con la mano libre y se estira con un largo bostezo.
Entonces, siente algo.
Mira hacia abajo y ve una pequeña figura acurrucada en su pecho, justo en el hueco de su esternón. Óscar. El niño está profundamente dormido, hecho un ovillo bajo su mano, tan sereno que por un momento Dean no se atreve a moverse. Su pequeña espalda sube y baja con respiraciones lentas y regulares.
Dean se queda quieto, observándolo con una mezcla de sorpresa y ternura. No sabe cuándo el niño llegó hasta ahí, pero no le importa. La vista de esa diminuta forma acurrucada sobre él, con el cabello despeinado y la expresión tranquila, hace que algo en su pecho se ablande de forma inesperada.
—Eh…— murmura bajito, casi como si no quisiera romper la quietud —¿Te asustó la tormenta, enano?—
No se mueve todavía. El niño está demasiado cómodo, y aunque Dean lo niegue, él también lo está. Deja caer la cabeza contra la almohada, mirando al techo con una expresión cansada pero tranquila. Sus dedos se mueven apenas, rozando con cuidado la espalda de Óscar con la yema del dedo. Es solo un roce, pero suficiente para hacer que el niño se remueva un poco y suelte un pequeño suspiro adormilado.
Siente que un sonido de fondo detiene, dándose cuenta de que era el sonido de la ducha, la puerta se abre. Sam ingresa a la habitación secándose el pelo con la toalla.
Sus ojos se entreabren, lo justo para notar la sonrisa burlona de Sam. Por un momento, los dos se miran en silencio. Sam no dice nada, pero la expresión en su rostro lo dice todo.
Dean cierra los ojos un momento, sintiendo el peso ligero pero reconfortante sobre su pecho sin decir nada. Jamás admitiría que esto le da más paz de la que ha sentido en años. <<Si me muevo y lo despierto, Sam nunca me dejará olvidarlo>>.
Así que no se mueve. Y el mundo sigue en calma.
La adopción es una opción. - Chapter 7 - Ailar24 - Supernatural (TV 2005) [Archive of Our Own]
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