OCASO
Brady Fuller x OC
Fragmento de fanfiction:
Jamás imaginé que estaría aquí.
Sin embargo, ahí estaba: con un sencillo vestido azul, observando cómo Embry Call —mi primer amor— sellaba su destino con otra. Una impronta, como lo llamaban.
El sol se filtraba entre los árboles, bañando de luz el claro donde la manada había organizado la ceremonia. Las sonrisas se multiplicaban, las felicitaciones volaban en todas direcciones. Todos celebraban… todos, menos yo.
Ya no amaba a Embry, pero recordar lo que alguna vez sentí por él me dolía. Dolía lo que fuimos. Dolía aún más saber que ahora yo estaba unida a Brady Fuller de una forma que jamás pedí.
Había pasado un año.
Un año desde que mi vida se convirtió en una pesadilla sobrenatural.
Todo comenzó en una de esas interminables noches de leyendas que los ancianos de La Push organizaban de vez en cuando. Esa vez era verano. Brady, con su eterna sonrisa de cachorro travieso, me había convencido —como siempre— de acompañarlo.
—Vamos, Meli. No me vas a dejar aburrirme solo, ¿verdad?
Era la quinta vez que asistía, pero nunca me había sentido parte de ellos. Solo era la amiga de Brady, la profesora que alguna vez le dio clases… la intrusa en un mundo que no comprendía.
Los murmullos corrían entre la comunidad: «¿Qué hace una profesora con un exalumno? Es raro, ¿no?»
Pero Brady y yo no éramos nada. Solo amigos. Personas que se entendían muy bien, sin nada romántico de por medio… o al menos, eso creía entonces.
Él era mi amigo. Mi confidente. Mi compañero de risas en las noches largas de verano.
La verdad es que siempre estaba conmigo; parecía un chicle pegado a mi vida. Con el tiempo, me acostumbré a su presencia. Era raro que no estuviésemos juntos.
Hasta que entendí todo esa noche.
Tras las historias, Sam nos invitó a su casa junto con los demás. No era la primera vez. Emily siempre me recibía con calidez, aunque yo nunca me sentía del todo incluida. Seguía siendo la invitada de Brady.
Esa noche bebí más de la cuenta.
—Quédate, Meli. No estás en condiciones de manejar —me dijo Emily con preocupación.
Acepté. Brady ya se había ido hacía horas.
—Tengo que patrullar —le había murmurado a Emily antes de desaparecer—. ¿Puedes echarle un ojo a Mel?
No era la primera vez que lo escuchaba decir eso, pero nunca pregunté qué significaba.
Me quedé en la habitación de invitados de Sam y Emily.
Esa noche, en particular, no dormí tranquila.
Soñé con sangre. Con colmillos. Con garras desgarrando mi piel.
Me desperté jadeando… y no estaba en la cama.
Estaba al borde de un acantilado, la brisa helada del mar cortándome el rostro.
Detrás de mí, alcancé a ver una sombra.
Giré lentamente.
Ojos rojos. Colmillos afilados.
Un vampiro.
No sé cómo lo supe, pero mi mente formuló esa palabra tan pronto lo vi.
Sin previo aviso, un lobo —del tamaño de un caballo, incluso más grande— se lanzó contra él con una furia desmedida.
Retrocedí, aterrada, hasta sentir la orilla resbaladiza bajo mis pies descalzos.
Los gruñidos. Los golpes. El crujir de huesos, como cristales rompiéndose uno tras otro… todo era demasiado real.
Cuando todo terminó, el lobo escupió parte del ser que había destruido y comenzó a acercarse lentamente hacia mí.
Di otro paso atrás, asustada. Él se detuvo.
Había confusión en sus ojos, quizá arrepentimiento. Parecía, de pronto, un cachorro perdido.
En ese instante lo entendí.
Era Brady.
Vi cómo su cuerpo cambiaba, hueso por hueso, piel por piel, hasta quedar frente a mí… mi mejor amigo, cubierto apenas por el frío del mar y el temblor de su respiración.
Entonces, caí.
Caí hacia el abismo, hacia las rocas afiladas donde las olas golpeaban sin piedad.
—A veces me pregunto… —murmuré para mí misma, saliendo de mis recuerdos y olvidando que el súper oído lobuno de mi acompañante podía captar lo que estaba diciendo—, ¿qué habría pasado si Embry me hubiera mirado a los ojos ese día?
Esa pregunta había estado rondando por mi cabeza desde que recibí la invitación para su boda.
—Pensar en el “hubiera” es absurdo —replicó Brady con una mezcla de exasperación y paciencia—. ¿Qué pasaría si yo no hubiera estado aquí, listo para transformarme? ¿Qué pasaría si me hubiera ido y otro vampiro te hubiera encontrado? ¿Qué pasaría si no te hubiera conocido?
Lo miré con arrepentimiento. No quería que oyera eso.
—Ya, ya… entendí el punto.
—Vivamos el presente, Meli —buscaba mis ojos con esmero, como siempre lo hacía—. Todo es tan efímero… No sabemos si mañana estaremos vivos. Disfruta esta noche… y olvidémonos del resto.
—Sí, bueno, es fácil para ti decirlo. Tú no estás en la boda de tu ex.
—Estoy viendo a la persona que más me importa en este mundo sufrir por un amor no correspondido. ¿Tú crees que es más fácil para mí?
Estaba siendo desconsiderada, sí. No sabía con quién más desquitarme; estaba triste, confundida, furiosa por este estúpido destino.
Brady no se merecía esto.
—Lo siento.
—No debes disculparte conmigo, Meli —Brady me miraba con esa paciencia y madurez que a veces me hacía dudar quién era el mayor en la relación—. Esta vida apesta, toda esta mierda sobrenatural… Las leyendas, los fríos… todo es basura.
Tomó mi rostro con ambas manos, obligándome a mirarlo, ya que cuando hablaba así yo tendía a desviar la mirada.
—Pero esto… nosotros… es real. Es la única verdad —otra vez esa cara de cachorro mojado que me derretía—. Es lo único que importa. No la manada, no tu reputación, no Embry. Apesta aceptarlo, pero… esto, tú y yo… es real.
Era la primera vez que escuchaba hablar así a Brady. Tan decidido.
—Wow… —me aparté con suavidad de sus manos—, ¿desde cuándo el niño se convirtió en hombre?
Bromeé, dándole un golpe suave en el brazo.
—Desde que mi vida te pertenece.
Esta vez, no dejé que eso me incomodara.
—Ah, sí. Entonces… —era ahora o probablemente me arrepentiría después—, me gustaría ese último baile que me prometiste antes de regresar a la universidad.
Lo tomé del brazo antes de que pudiera fruncir el ceño por completo y lo arrastré lejos del ruido de la boda.
—¿A dónde vamos? —preguntó, aunque su sonrisa ya delataba que no le importaba. Si fuera por él, me seguiría hasta el fin del mundo.
—A donde podamos bailar —respondí, guiándolo entre los árboles.
El sendero estaba cubierto de hojas secas que crujían bajo nuestros pasos. En algunos tramos, Brady me levantaba de golpe para saltar raíces o charcos, riéndose como un niño. Yo fingía que me molestaba, pero la verdad es que cada carcajada suya se me pegaba como si fuera mía.
Avanzábamos casi corriendo, casi girando, como si nuestros cuerpos conocieran un ritmo que el resto del mundo no escuchaba.
En algún punto, sin darnos cuenta, ya no eran solo nuestros pies los que se movían: parecía que nuestras almas danzaban juntas, jugando a adelantarse, retroceder y encontrarse otra vez.
Llegamos a una zona apartada del bosque, donde el aire se sentía más fresco y el ruido de la fiesta se había apagado por completo. Los últimos rayos del sol se filtraban entre las ramas, tiñendo el cielo de tonos naranjas y violetas: un poema pintado con luz que poco a poco se desvanecía.
Me acerqué a Brady y rodeé su cuello con mis brazos. Él me tomó por la cintura. No había música, pero nuestros pies se movían al ritmo de nuestras respiraciones.
Recargué mi cabeza en su pecho con suavidad. Brady siempre era cálido, como si guardara un verano eterno solo para mí.
—Yo siempre te vi —susurró, apoyando parte de su rostro en mi cabello.
—Sé que lo hiciste —respondí, segura de mi decisión.
Su abrazo se aflojó poco a poco, no porque quisiera soltarme, sino para poder verme a la cara.
Nuestros ojos se encontraron en ese espacio diminuto que quedaba entre nosotros, un espacio que parecía encogerse con cada latido.
Entonces, mis ojos bajaron hacia sus labios. Fue un gesto involuntario, apenas un segundo… pero Brady lo notó.
No lo dudó.
Su mano se deslizó hasta mi mejilla, como asegurándose de que no me apartaría. Antes de que pudiera pensar en lo que estaba a punto de pasar, acortó la distancia.
El mundo alrededor se apagó: no había bosque, no había fiesta, no había boda… solo el calor de su respiración acercándose a la mía.
Sus labios rozaron los míos con una suavidad que me hizo olvidar que estaba respirando. No fue un beso precipitado, sino uno que parecía reconocer cada segundo de espera, cada palabra no dicha.
Brady profundizó el contacto y sentí sus manos deslizarse por mi espalda, como si intentara memorizar cada línea de mi cuerpo. Yo respondí aferrándome a su camisa, acercándolo aún más, hasta que no quedó espacio entre nosotros.
El beso se volvió más intenso, más urgente. Sus dedos acariciaron mi rostro, bajando luego por mis brazos, mientras mi piel reaccionaba a cada roce como si fuera la primera vez que alguien me tocaba así.
Me reí apenas, sin separarme, al sentir su respiración agitada contra mi mejilla. Él sonrió también, pero no dejó de buscarme, de besarme, como si temiera que este momento pudiera desvanecerse en cualquier instante.
Entonces, me deshice de mi vestido con ayuda de él, quedando en ropa interior. El frío del bosque estremeció mi piel, pero Brady estaba cálido —literalmente caliente—, así que apartarme era lo último en mis planes esa noche.
Lo siguiente que desapareció fue su saco, y poco a poco desabotoné su camisa. En ningún momento dejamos de besarnos; con furia y desesperación, terminó de quitársela para después tomarme del cuello y volver a besarme.
Sus manos me empujaban más hacia él, rodeándome la espalda. Sentí sus dedos moverse, jugueteando con el broche de mi sostén.
Sus caricias se tornaron más pausadas, más seguras, impregnadas de una dulzura que contrastaba con la tensión del momento. Sus labios abandonaron los míos para descender por mi piel, y el frío del bosque se desvaneció ante el calor que desprendía su cuerpo.
No pensé en Embry, ni en la boda, ni en lo que vendría después. Solo existía Brady: sus manos firmes, sus besos, la voz baja con la que me reclamaba en susurros, aferrándose a mí como si el mundo fuera a arrebatárnoslo todo… y, por primera vez, yo tampoco quería soltarlo.
Sí, este fanfiction también lleva mucho tiempo rondando en mi cabeza.
Estoy publicándolo aquí en Tumblr porque, aceptémoslo, ya me estoy haciendo mayor y temo que algún día no pueda recordar todas las historias que invento tan fácilmente como cuando era más joven (y eso que apenas tengo 25 años 😂).
La escena está inspirada en una serie de Marvel que, curiosamente, ni siquiera terminé de ver… pero bastó para que naciera todo este fanfic.
Ustedes dirán si quieren que continúe o no.
Gracias por leer 🐺✨️
















