El bramido del Tritón. Agnes y el Genio del Mar
El Tritón es un seductor que emerge desde el escondite del fondo del abismo y, lleno de salvaje deseo, se apodera de la inocente flor que, en la plenitud de su gentileza, se encontraba en la orilla -su soñadora cabeza inclinada escuchando el murmurar de las olas- y la despedaza. Así han narrado siempre los poetas esta historia. Pero introduzcamos nosotros algunos cambios: el Tritón había sido un seductor; se ha dirigido a Inés; a continuación, haciendo uso de palabras tan bellas como lisonjeras y hábiles, ha despertado en la muchacha sentimientos dormidos hasta entonces; ella cree haber encontrado en el Tritón lo que su mirada buscaba debajo de las olas. Quiere entonces irse con él. El Tritón la levanta en sus brazos. Inés rodea su cuello con los suyos; se abandona confiada, con toda su alma, al que sabe más fuerte que ella; el Tritón entra con su carga en el agua y ya se inclina sobre su superficie para lanzarse a las profundidades con su botín [...] Inés le mira una vez más a los ojos, sin temor, sin vacilación, sin orgullo por su dicha, sin la embriaguez del deseo, con absoluta fe, con toda la humildad de la más humilde de las flores, como ella se sabe; con la más generosa de las confianzas le entrega todo su destino en esa mirada. Y, ¡oh maravilla! El mar deja de bramar, su indómita voz enmudece, el frenesí de la naturaleza, a quien el Tritón debe su fuerza, le abandona de golpe, y la calma más completa se apodera de todo el ambiente [...] Inés continúa mirándole del mismo modo. Y el Tritón comprende que no puede hacer nada frente al poder de la inocencia; su elemento le ha traicionado: no puede seducir a Inés; y la devuelve a su mundo dejándola donde la encontró y le dice que solo había pretendido mostrarle la belleza del mar en calma: Inés le cree. Después da la vuelta y regresa solo, el mar ruge de nuevo, pero más salvajemente ruge la desesperación en el pecho del Tritón. Puede seducir a Inés, puede seducir a mil jóvenes como ella y embelesar a cualquier muchacha que se proponga. Pero Inés ha vencido, y el Tritón la ha perdido para siempre, y solo como presa podría ser suya: él no puede pertenecer fielmente a ninguna muchacha pues no es más que un Tritón.