La Sombra
No podía respirar, la sentía demasiado cerca de mí, podía notar cómo me perseguía. Reuní el valor suficiente para girarme... ahí estaba, imitando mis movimientos, resultaba inquietante. Empecé a correr.
Había tenido un mal día, pero ya no recordaba lo que era tener un buen día. El cuerpo me pesaba y la cara todavía me dolía de la pelea que había tenido hacia solo unos minutos. Sentía el corazón latir con fuerza; era como si de un momento a otro fuera a salir disparado o que simplemente pararía su palpitar, dejándome morir en aquella solitaria calle sumergido en una noche fría y húmeda. Cerré los ojos, y en ése momento, me dejé caer en la acera de la esquina. Todo era oscuro, pero la luz que provenía de una de las vitrinas de un pequeño comercio permitía que una sombra larga y oscura se prolongara en el suelo de la carretera, amenazante. Me quedé contemplándola y sentía como si ella también pudiese mirarme a mí. Tenía la sensación de que si pudiese ver unos ojos en aquella silueta, estarían mirándome fijamente, controlándolo todo.
Entonces rayos y truenos empezaron a interrumpir la tranquilidad de la noche y las cuatro gotas se convirtieron en tormenta. No me molestaba. La lluvia siempre me había hecho sentir seguro, me ayudaba a pensar. Tan solo la idea de que aquella sombra siempre hubiera estado ahí cambiaba mucho las cosas. Me di cuenta de que nunca había estado solo. Ella siempre estaba, lo había presenciado todo, visto, escuchado, sentido. Ella sabía como era yo. Ella me conocía. En aquel instante, una carga eléctrica recorrió mi columna vertical subiendo hasta el cuello. Eso no era bueno del todo; siempre había vivido con la tranquilidad de pensar que nunca nadie había sido consciente del monstruo que está en mi interior, del que soy, y también entendí que eso en parte sería el principio de una lucha, una lucha contra mi propia consciencia, que me perseguía día y noche a cada paso. Pero ya no me importaba. Ya no volvería a sentirme solo.
Y ahora todo está dentro de mí, donde nadie ha estado antes y dejo que me lleve. Entonces mi miedo vuelve a aparecer. Quiero que pare, ¿cómo creéis que me siento?, ¿cuándo creéis que va a parar? No quiero que tenga el control, quiero que se vaya. Quiero que no exista.








