COSAS DE BORRACHOS
“No hay borracho que coma lumbre” decía mi abuela. No se que chingados quería decir con eso, pero me gusto para iniciar esto. Desde que tengo uso de razón el alcohol a estado presente en gran parte de mi vida. Desde mi padre que se emborrachaba en casa escuchando sus aburridisimos discos de King Clave, Los Tecolines, Juan Torres y su Órgano Melódico. Hasta este su servidor que ya pedo le pedía a mi mejor amigo que pusiera por enésima vez el mismo disco en vivo de Iron Maiden. Generalmente los borrachos son detestables, otros son tan divertidos que deberían ser considerados “Glorias Nacionales”. A muchos de ellos le gustaría ser considerados “patrimonio de la humanidad” por sus grandes “proezas” que las cuentan a la menor provocación: “Ando chupando desde ayer y no he comido.” No sé si tras el comentario esperan que se les haga una misa, que echen cuetes, que les traigan mariachis. O bien; que les prendan un castillo ó un torito. Los borrachos son esas personas que se aparecen en una fiesta, se toman la mayor parte del alcohol para terminar queriendo ser el chambelán de la quinceañera, el novio en la boda, el niño bautizado, o bien, el difunto en el velorio. Cree que con 3 caguamas o medio litro de charanda, sus habilidades artísticas se acrecientan del mismo modo que los comerciantes ambulantes, albergando la idea de poseer las mismas habilidades que Chayanne al bailar, saltando a la pista a dar sus mejores pasos que son idénticos a los de un gringo matando cucarachas. Hay otros que ya estando a “medios chiles” (dijera un compadre de mi papá) les da por tomar el micrófono y “deleitar” a la concurrencia al grito de: “Yaaaa vaaas caaarnaaal échame un rait en tu moto que esta pena no soporto, no me la puedo aguaaaantaaaarrr…. Ayayaiiii… culos cuando eran míos sonaban como matraca, y ahora que no son míos apestan a pura cac…” La festejada se pone a llorar, los invitados se levantan lenta y discretamente en dirección a la puerta despidiéndose de lejitos, mientras que el papá de la festejada con ojos de toro loco hace señas como si tuviera tics nerviosos a quien osó invitar al “artista”. A veces me pregunto que sienten esos padres (incluyendo a los míos) que deciden dar de beber cerveza a sus pequeños hijos de 3 ó 4 años. Quien escribe estas líneas tiene una foto empinándose una cerveza Tecate a la escasa edad de 4 años en las playas de Acapulco. Mis padres mostraban a las visitas dicha fotografía en el álbum familiar con gran orgullo, mismo que desapareció la noche de mi cumpleaños número 15 cuando me encontraron ahogado en alcohol tirado en plena avenida Plan de Ayala meado y vomitado, ante los ojos atónitos de mi padre, los gritos de mi madre y la risa de mis hermanas. Lo último que recuerdo de esa noche fue estar sentado en una mesa de la taquería “Los Orientales” tratando de llevarme a la boca una botella de agua mineral sintiendo la mirada de los comensales, preguntándome a mí mismo como chingados había llegado ahí. “El alcohol hace a los hombres valientes”, alguna vez escuche a un mamón decir eso, diría que el alcohol hace pendejos, por que no hay nada más imbécil que un idiota en completo estado de ebriedad subiéndose al lomo de un toro pensando que no le va a pasar nada. No se necesita ser Mizadda Mohamed para saber en qué va a terminar la cosa. Si bien le va, el fulano terminará completamente empanizado como trabajador de la mina “El Chanate” corriendo hacía la cerca con cara de quien acaba de ver a un espíritu chocarrero. O como la pendejada que nos aventamos un amigo y yo, de rifarnos una gallina ciega en un semáforo en rojo para terminar volteando un microbús de la ruta 3. Fuimos llevados al hospital en calidad de detenidos con el Jesús en la boca, bajando a toda la corte celestial para salir del pedo. Se podría pensar que esto de los desfiguros o visiones (como también decía mi abuela) son exclusivos del sexo masculino; pero no, hay mujeres que son unas joyas irrepetibles en estas artes. En mis años mozos trabajé como mesero en un restaurante del centro de Cuernavaca. Este lugar tenía como clienta a una joven mujer a quien todos conocíamos como “La Güera”, la cual se arrimaba unas pedas cada fin de semana que bien podrían ser la envidia de cualquier albañil en día de la santa cruz. Las borracheras de la güera tenían diversas etapas. La primera de ellas era la de una dama sentada muy cuca bebiendo su trago con la pierna cruzada y hablando que si los Yves Limantour había adquirido una caballada de Apalusas para salir de paseo por sus terrenos en Atotonilco. La segunda etapa, un poco más suelta ella, ya no se tomaba la molestia de ir al baño para hacer sus necesidades, sino que solo se salía a la calle, se arremangaba el vestido y se ponía en cuclillas para mear sobre la banqueta como si estuviera en un baño ecológico de las playas de Cuajinicuilapa ante la vista de los transeúntes. En la tercera etapa le daba por encuerarse por completo cuál Sasha Montenegro en película de ficheras, e ir al puesto de revistas por una cajetilla de cigarros con su blonda cabellera púbica al aire mientras una manada de fulanos iba tras ella cual canes siguiendo a la hembra en celo. Esta etapa en ocasiones terminaba con la policía llegando y subiendo a la güera a la patrulla mientras esta mandaba besos a sus “fans” como si fuera Reyna de las fiestas patrias sobre camión de redilas. Si la policía no hacía su aparición se llegaba a la cuarta y última etapa donde todos estábamos en contubernio con su padre, por lo que éramos: unos putos culeros, ojetes, cagadas e hijos de la chingada. Invariablemente aquí si llegaba la patrulla y se la llevaba arrastrando como niño que no quiere entrar al kínder. Dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Difiero un poco con este dicho, ya que considero que el borracho es mentiroso por naturaleza. El briago asegura haberse cogido a todas la mujeres del planeta excepto a su madre y a sus hermanas que son unas santas. Se ha madreado a Octagón, Pentagón y Kato Kung Lee juntos. Ha bebido con Mick Jagger de los Rolling Stones. Y como diría la canción de Vicente Fernández: “Se quita la camisa por un buen amigo…” Quizá para ellos es mejor decir eso, que confesar que tiene disfunción eréctil, o lo que es lo mismo; no se le para. Que su vecino de 16 años que es cinta blanca en Karate le dio unos zapes por orinarse en el portón de su casa. Y que en realidad terminó pedo con el maestro albañil que le esta levantando la barda de su terreno llamado “Maik” también conocido entre la banda como “El Briaguer”. Lo de quitarse la camisa, no es que sea por un amigo, sino que se la quita a la menor provocación, ya sea porque metió un gol su equipo, por que anda bailando los chinelos agitando la playera como si fuera ventilador, o bien, por que hace mucha calor. Quizá el único caso de honestidad que este servidor haya visto en un borracho fue cuando un trabajador de mi padre después de tomarse tres cervezas, empezó a hablar con voz más delgada, a caminar moviendo las caderas de un lado para otro como Juan Gabriel en el escenario, mientras sacudía su cabello con movimientos de cabeza como si estuviera anunciando un shampoo. Y cada vez que quería hablar le pegaba a la mesa con la palma de su mano diciendo: “Ca lla te…” Los diferentes tipos de borrachos podemos encontrarlos más cerca de lo que uno piensa. Están los que cuando te miran a los ojos parece que te están viendo la oreja mientras bufan como toro de lidia. Si les preguntas si están pedos te contestan con un rotundo no moviendo la cabeza como perrito de tablero de taxista. Están los que en sus cinco sentidos son introvertidos, pero después de dos cervezas hablan hasta por el culo diciendo lo mucho que te quieren y terminan llorando por que nadie los entiende. Hay otros que necesitan del alcohol para habitar sus deseos, como un señor que en un concierto de U2, ya pedo me pidió que le dejara acariciar mi pelona por que el ojete de su hijo no se dejaba acariciar la suya. Están los que ponen su música a todo volumen como mi ex vecino “Mai”, que cada vez que ponía esa bella canción, de letra sublime y romántica de los Cadetes de Linares que dice: “Vengo a decirle a la que no me supo amar que Chingue a su Madre, ya la voy a abandonar…” se ponía a gritar como apache en guerra, sobre todo después de la parte que dice: “Que Chingue a Su Madre.” Están los que piensan que por estar borrachos se les perdona todo. Le agarran la chichi a la comadre frente a toda la familia y al otro día se justifica diciendo que estaba pedo. O bien, el que un domingo despierta desnudo en un cuarto de motel a lado de un tipo que dice no conocer, con un fuerte dolor de cabeza y unas ligeras punzadas entre los glúteos, pero como estaba tan borracho no se acuerda de nada y por ende, no cuenta. No cuenta? Se hace pendejo. Ah! Creo que ya se que es lo que quería decir mi abuela. Por esas y muchas razones más, hace algunos años deje de beber alcohol. Es preferible estar en un concierto de U2 escuchando “Sunday Bloody Sunday” en vivo mientras una mano callosa se pasea por todo mi cuero cabelludo, que andarle mentando la madre a la que no me supo amar, o peor aún, jugando a las cebollitas desnudo en un motel de paso con un cabrón que ni siquiera conozco.










