(...) y evaporada entre mis brazos, luego, soñaste mundos de arrebol y encaje... Libres de la zozobra momentánea –sin recelarnos de emergencia alguna– en los breves silencios, oportuna te abandonabas a mi fe espontánea; y sobre un muro, al trascender, la luna nos denunciaba en frágil instantánea.
Bromuro | Julio Herrera y Reissig














