@0ceanslover
‘Oye, oye ¿a dónde te piensas que vas?’
Paró los pies en seco y dio gracias de no haber continuado pues habría terminado enterrado bajo una pila de cacerolas y trastos de cocina grasientos. Fue cogido de la pechera y en el aire el castaño pegó patadas sin aparente destinario a la vez que dardeaba una mirada iracunda a Olëg. El cocinero ni se inmutó por sus aires peleones y le soltó, cayó al duro suelo de piedra como si fuera una bolsa de manzanas. Y hablando de éstas, guardaba una como aperitivo en la palma de su mano.
“Mi turno acabó, quiero descansar” el hombre de barba blanquecina se rió burlonamente y le enderezó, siendo quien cortésmente arrebató las motas de polvo de sus harapientos trapillos. Quizás su petición sonaba ilusa, y más si se tenía en cuenta que servía como mero pinche en la parte más recóndita del palacio de invierno. Quién iba a decirle que su camino iba a llevarlo a vivir en un palacio… bueno, a las sombras de éste.
‘Chico, da gracias que te sacásemos del orfanato y no tientes a tu suerte. Uno vive con lo que se le presenta. Aquí los únicos que descansan son los zares y las princesas’ reprendió el anciano, redirigiendo su figura a los fogones. El muchacho sacó brillo a la fruta con la manga de su camisa y anotó una mueca condescendiente a las espaldas del mayor “Quizás sólo tenga que casarme con una de las princesas y se terminaron mis problemas” el mayor profirió una carcajada que no sólo le ofendió, le echó hacia atrás. Se giró únicamente de perfil, palanca en mano, volteando los deliciosos muslos de carne animal ‘Te diré algo importante: los pinches y las princesas no se casan. Eso sólo ocurre en los cuentos de hadas’
Si tuvo que molestarse, bueno, no lo logró con éxito rotundo. Dimitri bufó y aprovechó su despiste para salir del humeado espacio, colándose por los pasajes que la mayoría de sirvientes utilizaban día tras día para aventajar los pasos por el lugar. Si no se equivocaba… debía de estar escalando a la zona superior, donde la pista de baile se centraba. Dentro de poco habría un gran baile y de seguro que la carga de tareas se multiplicaría. Ay, pobre de él. Era tedioso admirar platos tan bien elaborados y con sabor excepcional… y sólo los sirvientes se conformaban con chupar los huesos.















