Esta carta quizá no sea lo que esperas y lo lamento, aunque prometo estar poniendo toda mi buena voluntad en ella. Y no suelo tener buena voluntad para nada en esta vida, así que siéntete afortunado o algo así. Realmente quería escribirte porque me causas curiosidad. No me conoces y no te conozco, quizá hemos intercambiado un par de frases triviales como mucho, pero ¿no es el proyecto precisamente para eso? Me agradas de verdad y creo que vale la pena –o, más bien, la alegría- conocerte a fondo.
No soy la mejor chica del mundo, ni la más guapa, ni la más rica. Por Dios, ni siquiera soy la más simpática. Pero me considero una buena amiga y una persona leal, así que aunque quizá esta carta no llegue a nada romántico, no sería malo sacar de esto un amigo ¿no crees? Podríamos empezar por ahí, ir con más pretensión no sería justo para ninguno. Además, estoy segura que un chico como tú tiene lindas pretendientas y yo no podría competir (con esto no quiero decir que no tenga un interés en ti, te escribo por algo, pero creo que es de ilusos pensar que alguien te gusta sin ni siquiera conocerle). Así que por ahora, sólo aspiraré a convertirme en alguien cercano aunque no sepas ni mi nombre ni mi cara.
Espero que me respondas, si no lo haces entenderé la indirecta y no te molestaré más, no te tienes que preocupar. Pero realmente espero y quiero que lo hagas. Siéntete libre para hablar conmigo de cualquier cosa que te preocupe, o de meras tonterías. No te voy a juzgar por lo que digas, no soy ese tipo de persona.