Fue el último mensaje que le envió a su hermana tras anunciarle que no iba a poder ir a recogerla, escribir con una mano era bastante tortuoso si era honesto. Pero él no había esperado que su noche terminara así: en una sala de hospital con una mano enyesada. Eso iba a costarles mucho, su idiotez iba a costarles mucho. Y sabía, que al llegar a casa, no iba a poder esconderlo de sus hermanas. Pero si podía engañarlas un par de horas más estaba bien. Solo tenía que esperar a que alguien lo recogiera, y eso no era algo que le fascinara. Lola salía del bar en ese mismo instante y él no iba a estar ahí para esperarla, eso lo tenía mas preocupado que una mano rota. Había insistido muchísimo para que le dejaran usar su teléfono, con la excusa de que iba a avisar para que lo recogieran. Pero eso es lo último que había hecho. “Hablo en serio, quiero mensajes todo el tiempo y más cuando te subas al subte. Al llegar a casa mira bien para todos lados antes de entrar, ¿si? No se si Effy esta en casa” optó por hacer de ese último mensaje una nota de voz.