Se escuchó a lo lejos un cantar, aves, gritos de espanto, melodias y un llanto en particular. Se había muerto otro, y, por ahí volaban, sus plumas de algodón, en un vaiven gravitacional.
Su madre, erizada. En el suelo, giraba la cabeza para verlo bien de izquierda a derecha, mientras salpicaban sus pequeñas patas al rededor del cuerpo enmudecido. Coléricas y tristes canciones, no se hicieron esperar, pero, apenas llegaban a los oídos culpables que recogían su premio de triunfo.
Ira, y dolor, se escuchaba en la profundidad del bosque, para cualquier animal que entrara en él. Más nada, escuchaba aquel monstruo extranjero, que una vez levantado al polluelo lo tira lejos, por estar demasiado joven y destruido. formas nunca antes vistas se desparramaban lagrimas por su lastimado rostro ensangrentado, más sin embargo no importó cuánto gritará, pues solo se escuchaba la lluvia salpicar contra el suelo, y el cantecillo de la aves por la perdida de un joven polluelo.
¿Dónde estarás ahora mi amado pequeño?
¿Te cantará el viento allá en tu profundo sueño?