El café del que tanto me habían hablado en Tánger. Un lugar lleno de historia y donde desde su fundación, en 1921, numerosas personalidades lo habían visitado a lo largo de todos estos años. Llegar al Hafa también es parte de la aventura, se bordea la medina y se sube por una calle empinada, no apta para zapatos de taco, la calle serpentea y el ritmo frenético de la medina empieza a apagarse. Pasas la entrada al Kasbah, la antigua fortaleza imperial, y continuas subiendo. De pronto la calle se vuelve mas ancha, las casas de dos pisos amplias y con vistosos frentes nos dan a pensar que estamos en un barrio residencial. Ahí es cuando luego de doblar por una callecita a la derecha y luego a la izquierda nos encontramos con una pequeña puerta a cielo abierto, y es ahí donde te desconcertás porque estabas esperando un café y probablemente tu idea de una cafetería no coincida con lo que estas viendo en ese momento.
Seguí el instinto, aventurate a entrar. Lo que sigue es un mirador impresionante en la altura de Tánger, donde el océano Atlántico reposa azul e infinito. Si tenes suerte a lo lejos vas a poder divisar la costa española como una sucesión de siluetas oscuras. El resto corre por tu cuenta, busca un lugar entre la decena de balcones del café y espera un rato nomas que casi sin que lo notes aparecerá un camarero que te va a ofrecer un te de menta que lleva en un canasto. Esta es la introducción al Café Hafa, el resto de la historia depende de cada uno.