Me resulta difícil escribir por que tengo la cabeza y el corazón mutantes.
Al llegar a Renaico, lo primero que veo, es un río lleno de personas bañándose. Desde ahí ya imagino que las dinámicas del lugar, los atardeceres, los veranos, incluso los inviernos en Renaico son algo especial.
Llego a la plaza de armas y justo en diagonal al frente un hermoso y gran edificio me da señas de que es el Observatorio, en seguida sale Patricia Obreque a recibirnos.
Todo muy tranquilo, todo muy cercano.
Ese lugar me hace acordar a un pueblo que visitábamos con mi abuela cuando yo era chica. Siento que las cosas suceden a la misma velocidad.
Creo que la segunda cosa que hablamos con patricia fue Del Río, de lo que significaba el rio para ella, para todos. Y de que estaba en peligro. Que sus aguas ya no eran las de antes, que se estaba por vender, que se había puesto peligroso el ambiente, cambiando el río cambiaba el pueblo, cómo un termómetro delicadísimo.
Los temas en Renaico empataban fácilmente con la obra, era un diálogo de aguas entre el humedal de Batuco y el Río Renaico. Lo que estaba en calidad e extrema fragilidad, lo que podía desaparecer, y a la misma vez, algo tan bello y vital.
El observatorio había recolectado una enorme cantidad de cartones, eso me emocionó. Todo el pueblo me emocionaba, me trajo memorias del pasado, de veranos al sol, de tardes de sanguchitos y sonidos de moscas y abejas zumbando fuerte.
Las personas del observatorio rápidamente empatizaron con mi situación de madre artista y me ayudaron cuidar a mi hija, esos días me sentí parte del equipo, sentí el observatorio como mi taller, mi casa. Así las personas se iban soltando y me contaban sus historias, qué significaba el río, me contaban anécdotas de mates, amores, túneles de sauce y hasta la historia de un “cuero vivo”
Qué pasa si desaparece el Río? Se apaga el pueblo, igual que se apagó cuando el tren dejó de pasar, se apagaron las tortilleras de Renaico, como se apagó mi mamá, me cuenta Violeta.
Ahí aparecen los otros temas, entonces Renaico y su identidad sentí que se comprendía desde tres ejes:
Y le sumaría uno más, los molinos de viento.
Tomé la sala de danza como taller y ahora comencé a armar las piezas que había desarmado y trasladado desde Matucana. La campana había sufrido un poco pero la pude ajustar bien. Solo que me resonaba la idea de que ese audio que había usado en M100 tenía que alimentarse con las historias Del Río, el tren y las tortilleras, pero cómo hacerlo?
Lo bueno de estar en un lugar con una biblioteca importante aunque pequeña es que tiene autores locales, al parecer, los poetas en Renaico son varios y me senté con varios libros ayer y a tratar de comprender, sentir, que era Renaico con sus ejes, antes y después del tren y si eran capaz de ver un antes y un después Del Río.