“Cambiar el mundo”, ese gran tema recurrente, esa cuestión cíclica, que aparece en las agitadas sobremesas del Viernes noche o en la soledad del Domingo tarde. Semana tras semana, en tan distintos lugares, ¿Como podríamos cambiar el mundo? es trending topic mundial.
Mis conversaciones no son distintas a las del resto de la gente, y mis amigos, aunque algo peculiares, tampoco distan de los estándares. Así pues, yo también les he transmitido a estos, una y mil veces, que deberíamos provocar una agitación, y cambiar las cosas que no funcionan bien a nuestro alrededor. La empresa no es pequeña, EL MUNDO, la sociedad humana, el conjunto de las cosas creadas; cambiar todo esto no parece, a priori, sencillo.
Cuando empecé a descubrir que era lo que aguantaba mi pelo, y para que servía; (todavía hoy, y espero que así sea para el resto de mi vida, estoy descubriendo cosas nuevas que puedo hacer con ella) cree sobre mí el peso que para cambiar el mundo, hacía falta una acción grande, espectacular, algo inmediato que aliviara los problemas de la sociedad. Cualquier otra cosa menor, me provocaba un tremendo miedo al fracaso, que aquello no fuera lo suficientemente bueno, que no hubiera dado con la tecla adecuada.
De Guevaras, Allendes, Mandelas y Marleys no conozco a demasiados; personas que lleguen a tener una posición lo suficientemente influyente sobre todas las otras cosas creadas aparecen muy raramente. Provocar un cambio en tus semejantes es la cosa más difícil que existe. Pero, lo que tengo claro ahora es que ninguna persona que consigue provocar algo, incluso ellos cuatro, lo hace inmediatamente, y ni mucho menos dependerá solo de una de sus acciones; ni tampoco lo conseguirán solos. Depende de los Ernestos, Salvadores, Nelsons y Bobs que nuestros cuatro personajes históricos triunfen en su empeño de cambiar las cosas; Ellos cuatro deberán conocer muy bien a sus compadres de nombres menos mediáticos, si realmente quieren ayudarlos.
Pero vayamos a un ejemplo más cercano. De un hipotético grupo de 20 amigos, habrá 18 que participarán de la conversación de nuestra agitada sobremesa de Viernes noche, pero nunca darán el paso: la empresa es demasiado grande -te dirán. De los dos amigos que nos quedan todavía por hacer pasar por el cedazo, tendremos a uno que lo intentará con mucha fuerza, buscará resultados inmediatos pero, lamentablemente para él, fracasará y se acabará uniendo al rebaño de los otros; 19 se han sentado ya en el banco de la estación, a ver el tren pasar.
Así pues, nos queda una última bala por disparar; (Los amantes de la estadística ya habrán hecho el cálculo rápido y sencillo de que sólo tenemos un 5% de probabilidades de dar en el blanco, pues 19 tiros han fallado) tenemos todavía vivo a nuestro colega que participa discretamente en la sobremesas y luego las analiza los Domingos tarde. Éste, querido lector, el que es paciente y observador, será el que conocerá que problemas tienen sus colegas de tertulia, y poco a poco, desde la sombra, con sus pequeñas acciones, cambiará la vida de todos.
Jugamos a un juego? Te gusta la combinatoria y la estadística?
P. Na. As.