Los Verdaderos Custodios de la Madre de Madres.
Myrían de Magdala
La Escogida de Emmanuel
María Magdalena
*Por Cesar Imbellone
TEMPLARIOS: HIJOS EL SOL CAPITULO II
EL INICIO
Dos mil años después de que Jesús, Juan y María vivieran sus vidas extrañamente significativas en una remota provincia del Imperio Romano, millones de personas siguen creyendo en la crónica de los Evangelios
Las ramas del bosque rasgaban el cielo nocturno como dedos afilados. El viento soplaba desde el este, trayendo consigo un olor metálico, casi como sangre derramada. En la pequeña cabaña encaramada en la ladera, Meredith Fayre sabía que la noche había llegado para cobrar una deuda que no era suya.
Había vivido tres años huyendo. Tres años desde que enterró a su esposo con sus propias manos en la tierra húmeda de las Tierras Altas, dejando sobre su tumba una promesa: “No dejaré que se lo lleven.” Pero las promesas hechas frente a los muertos rara vez sobreviven a los vivos.
Su esposo, había sido un hombre débil, un imbécil, pero lo había amado. Había caído en las redes del Clan Asakura buscando protección cuando Meredith quedó embarazada. Una deuda por un favor. Otro por un ingrediente. Uno más por un secreto enterrado. Y cuando no pudo pagar, lo pagó con su vida.
Ella escapó. No solo por miedo a las represalias y las deudas sin pagar de su esposo, sino porque Soren no era un niño común. Desde su nacimiento su pequeño muchacho jamás había sido igual a los demás.
⸻
El parto había sido una condena. Sangre, frío, y el olor a moho antiguo. Ambos estaban muriendo. Ella, desgarrada. Él, sin aliento, apenas una sombra entre sus piernas. Pero entonces, una figura surgió entre la tormenta. No una partera. No un sanador. Una banshee. Sus ojos eran espejos de muerte, y su canto estremeció los huesos de Meredith. Era un lamento… y una elección. Vida o muerte.
El precio de la vida fue la maldición.
Desde entonces, Soren no lloró como los demás niños. Desde que comenzó a caminar, observaba con ojos desiguales: uno intenso como la medianoche y el otro de un rojo profundo, como si el fuego mismo lo habitara. Sabía cosas. Señalaba a personas que estaban por morir. Se despertaba gritando nombres que no conocían, nombres de personas que aún no existían, o de muertos que no había conocido la vida. A veces, cuando Meredith lo abrazaba, sentía como si su calor se desvaneciera. Como si él absorbiera algo que no podía controlar.
Soren era un semibanshee, pero más importante que eso era un vidente nato, un niño capaz de ver a través de la neblina del tiempo. Y los Asakura sabían lo que eso significaba.
⸻
Esa noche, el silencio llegó antes que los hombres.
Meredith estaba sentada junto al fuego, cosiendo con manos temblorosas la manga de un abrigo infantil. Soren dormía a sus pies, cubierto por una manta gruesa y con una muñeca de trapo apretada entre sus brazos. No por juego, sino por necesidad: se trataba de un objeto encantado que contenía parte del exceso de energía que se acumulaba en su cuerpo como una tormenta sin salida. Evitaba que el niño fuese perturbado por las voces detrás del velo y las visiones de una vida sin tiempo lineal.
Había reforzado cada sello de protección. Había sellado ventanas con sangre y sal. Enterrado runas bajo las piedras del umbral. Cada luna nueva realizaba un ritual para borrar su rastro. Pero esa noche, algo se rompió. Había pasado tres años huyendo, de un lado a otro, cambiando de sitio y de nombres para que no los encontraran pero esa noche estaban acorralados y Meredith ya no sabía como escapar.
No escuchó pasos. No hubo gritos. Solo una grieta en el aire, un parpadeo en la realidad, y entonces, ellos estaban dentro.
Tres figuras. Vestidos con ropas oscuras, sin adornos. Uno de ellos tenía el rostro cubierto con una máscara blanca, parecida al rostro de un demonio. Otro tenía la mirada muerta, como si sus ojos jamás hubieran visto la luz del sol. El tercero no necesitaba nada más que su presencia para inspirar terror. Se movía como si la gravedad no lo afectara, como si flotara entre los espacios.
— Meredith Fayre, hija de Aisling, la eterna vidente. —La voz del de la máscara era suave y educada, como si estuviera anunciando una cena, no una sentencia—. Vinimos por lo que es nuestro.
— ¡No! —se interpuso entre ellos y el cuerpo dormido de Soren—. ¡Él no les pertenece! ¡No es una herramienta!
— No, es un arma. Tu esposo pagó con su sangre. Pero su deuda era mayor. Y tu hijo… tu hijo es un tesoro.
Ella apuntó su varita con manos temblorosas. El hechizo que lanzó se dispersó en el aire como si hubiera chocado contra un muro invisible. Un susurro apenas audible, un gesto del hombre enmascarado, y su varita voló de sus manos. Fue derribada en un instante. Un golpe seco en las costillas. El suelo. Dolor. Sangre. Fue tan rápido que lo único que llegó s vislumbrar fue el intenso dolor de su abdomen.
— ¡Por favor! —suplicó, ahora sin aliento, al ver cómo se acercaban al niño—. ¡No lo toquen! ¡Él no entiende lo que es! ¡No puede controlar lo que lleva dentro!
— Precisamente por eso nos lo llevamos —respondió la figura con los ojos muertos—. Bajo tu cuidado, su poder se desperdiciaría. Bajo el nuestro... florecerá, como una flor de cerezo.
Soren no despertó. Murmuraba entre sueños. Los nombres de muertos aún no nacidos. Frases que no pertenecían a este tiempo. El nombre de un clan familiar que lo cambiaría todo.
El hombre de la máscara lo alzó con una facilidad antinatural. Y antes de desaparecer, miró a Meredith una última vez.
— Para él, tú lo vendiste. Para saldar las deudas de su padre. Así será más fácil. No buscará recuerdos rotos. No buscará a una madre que no lo quiso.
Meredith se arrastró por el suelo, gritando sin voz. No hubo promesas esta vez. Solo desesperación. Las lágrimas caían por su rostro desgarrado por el dolor que no venía de su cuerpo pero de su corazón viendo como le arrancaban de sus brazos a su pequeño. — ¡Te buscaré, mon cridhe! ¡Soren! ¡Soren te amo! ¡Soren, no me olvides!
Y luego, oscuridad. Oscuridad absoluta. Los fragmentos de un corazón roto se deshicieron en el tiempo y en las sombras. La existencia de Meredith se volvió un mito, una leyenda que ni siquiera ella recordaba, trastocada y destruida por la perdida absoluta.
⸻
Londres, Inglaterra
Abril de 2016
Soren estaba de pie frente a su amo. Inmóvil, inmutable, atado con cadenas de fuego ardiente. Los años lo habían convertido en algo distinto. Sus ojos aún conservaban aquel rojo maldito, pero ya no brillaban con confusión ni con miedo, sino con una apatía absoluta, carentes de emoción... como si un enorme agujero negro existiese dentro de ellos absorbiendo toda la luz existente. Kengo Asakura observó al chico como quien examina una hoja recién afilada.
— ¿Quién eres?
— Kitsune —respondió.
— ¿A quién perteneces?
— Al Clan.
— ¿Tu pasado?
— No existe
— ¿Y tu madre?
— Una mujer rota que vendió su sangre por oro.
Kengo asintió, satisfecho, el arma estaba lista. La herida había dejado la oscuridad necesaria. La mentira, sellada.
Pero muy en lo profundo, en un rincón donde ni las manos del clan habían podido llegar, un susurro persistía. Un recuerdo latente.
Un canto fúnebre. Un prado. Un meñique entrelazado.
Una promesa olvidada.
El nombre de un clan familiar que lo cambiaría todo.
Lee el Capitulo I:
💬 0 🔁 0 ❤️ 7 · 【 The Tales of the Fox and the Hound 】 · Capitulo I: The Curse of the Bean Sidhe
Cork, Irlanda
Marzo de 2006
El día estab
IPCPR 2014: The Show in Pictures – La Flor Dominicana, Legend Cigars and Les Mousquetaires
IPCPR 2014: The Show in Pictures – La Flor Dominicana, Legend Cigars and Les Mousquetaires @LFDcigars @LegendCigars
[slideshow_deploy id='9245']
This year, we decided to give you a tour of the show through the pictures we took while we were there. Some are of new items, and some are just things we thought were interesting. These manufacturers were not sharing booth space, we just combined them into a single slideshow due to the number of pictures we had from each.
Cigar News: New La Flor Dominicana Cigars for IPCPR 2014
#Cigar News: New La Flor Dominicana Cigars for IPCPR 2014 @LFDcigars #cigarnews #cigars
Coral Gables, FL July 16th 2014 – La Flor Dominicana will introduce the following items at this year’s IPCPR trade show in Las Vegas, July 20th – 23rd.
Cigar News: New La Flor Dominicana Cigars for IPCPR
La Flor Dominicana 1994 Limited Edition Beer Stein – In honor of our 20th anniversary we have created a very special cigar uniquely packaged in a beautiful porcelain beer stein. The cigar is made…
O cheiro do lugar nunca mudara. No seqüestro, na reformulação da polícia, e ate naquele momento, o local era o mesmo. Escuro, grande, bem espaçoso, do tipo bem assustador.
P.O.V. Adolph Ryder.
Não havia nada mais prazeroso do que estar sentado, em uma poltrona confortável, com um café bem forte em mãos, assistindo todas as ações de meus escolhidos. Principalmente da pobre Gabbe, que era a única que já estava agindo por causa do seqüestro de sua amada Pam, além de alguns outros, que já começavam a perceber os sinais estranhos que Carly havia planejado para caírem em minha armadilha.
- Já enviei a mensagem papai – disse minha filha se aproximando.
- Eu sei, a garota já está seguindo as pistas – afirmei com um sorriso. – você fez um belo trabalho filha, eu posso observá-la de todos os lugares! – estava realmente impressionado.
- Isso não foi nada papai. Eles realmente não sabem com quem se meteram – Algumas vezes, Carly parecia ser ainda mais vingativa do que eu. Ela se aproximou das telas e apontou para uma em que Gabbe andava pelos corredores de sua casa – principalmente essa garota. Ela vai sofrer tanto quanto os outros.
Eu não podia discordar. Mesmo que todos tivessem me causado prejuízos, Gabbe ultrapassou os limites. Quando o nome dela chegava aos meus ouvidos, eu tinha desejo de sangue, sangue dela derramado por todo lugar. Assim como ela fez com minha filha, será feito mil vezes pior com ela.
P.O.V Gabbe Monroe
Eu já havia olhado em todos os cômodos da casa, vasculhado todos os cantos, ido até em lugares em que eu não imaginava que tivesse alguma pista, e eu tive razão.
Eu começava a aceitar a idéia de que, se houvesse alguma pista ali, estaria no lugar onde eu deveria ter procurado primeiro, mas ignorei essa idéia por ser um lugar em que eu não quisesse voltar mais.
Depois do seqüestro, eu pensei em mudar de casa, mas não seria possível nas condições em que estava.
Coloquei em minha cabeça que tinha que fazer aquilo porque era um caso de vida ou morte.
Fui até o corredor do 2º andar novamente, até o final, e abri a pequena porta, que levava à uma escada até o porão. Foi ali que encontraram papai, pendurado pelo pescoço com uma corda, que estava amarrada em uma madeira no teto, e uma cadeira caída bem abaixo dele. Eu nunca soube o porque do suicídio, eu não gostava de ir ali, não por medo de que seu espírito me assombrasse, embora isso me causasse calafrios. Os Ryder, de alguma forma que eu não entendia, sabiam muito sobre minha vida, chegava a ser assustador, eles sabiam a maneira certa de me atingirem, deixar uma pista ali seria a forma perfeita.
E eles realmente não hesitaram em fazer isso.
Assim que puxei a corda que fazia a lâmpada acender, vi um papel em cima de uma caixa de papelão no canto da parede, poderia ser qualquer coisa, mas qualquer detalhe faria a diferença, então decidi me aproximar.
A luz estava piscando, há tempos a lâmpada não era trocada, até porque, aquele porão não tinha mais nenhuma função, a não ser guardar velhas recordações que eu não queria voltar a ver.
Eu peguei o papel e tirei a poeira, era um papel-cartão dobrado ao meio. Eu o abri, e tinha um bilhete.
“A essa medida, já deve ter se recordado de seu velho pai, não? Ótimo, essa era minha intenção, causar um pouco de dor desnecessária para a minha satisfação. Gabbe, você está quase no fim, não vamos enrolar muito, pois o jogo já fará isso por si. Você ter ido ao galpão e ao seu porão, foram só maneiras de ver sua dor aumentar, mas na verdade, tudo começa aqui. Espero que esteja pronta para um novo tempo em sua vida.
P.S: Não olhe para trás, talvez você se assuste menos.”
Minhas mãos ficaram tremulas, eu temi olhar para trás, mas não houve tempo para pensar nisso. Eu senti alguém agarrar meus braços e colocarem um pano úmido em meu rosto, eu relutei, tentei me soltar e ver quem era, mas aos poucos, minha vista estava se apagando e meu corpo era tomado por uma moleza repentina. Após alguns segundos, eu não sentia minhas pernas e tudo foi se apagando, até eu desmaiar.
Mesmo de olhos fechados, sabia que não estava em minha cama. Eu sentia como se estivesse flutuando… Então todas as lembranças vieram a tona. E eram tão horríveis que temi abrir os olhos para ver as consequências.
- Bem-vindos elementos - a voz era inconfundível, pareceu que meu coração parou por alguns segundos quando a ouvi - como podem perceber, acordaram em um lugar bem incomum hoje.
Incomum? O medo de ver o que estava a minha volta ficou ainda mais intenso. Com custo, abri os olhos, e assim que vi onde estava, tive certeza de três coisas: um colchão d’água boiando no meio do mar era realmente um lugar incomum. Eu tinha razão em temer ver o que acontecia. E a última e pior: Eu sabia que estava em uma grande, grande enrascada.
Eu olhei a minha volta, e só havia água e mais água, a uns 300m a frente, uma ilha enorme.
O vento batia em meu cabelo e tapava minha visão. Eu o joguei para trás e vi acima de mim um helicóptero, e ele estava na porta. Adolph, com um microfone, falando todas aquelas coisas.
A minha volta, mais pessoas flutuando em colchões, com expressões confusas, assim como eu deveria estar. Pam estava distante, olhando para mim assustada. E que roupas eram aquelas?
Quando olhei para mim mesma, estava com uma calça jeans com a barra dobrada até a metade da canela, uma camiseta vermelha escrita Team Fire, e descalço. Pam estava da mesma forma, mas sua camiseta era marrom e eu não pude identificar o que estava escrito. Ao meu lado, duas pessoas com a mesma camiseta, um homem negro tentando manter-se calmo, mas claramente nervoso, e um rapaz que... Após observar bem, era o mesmo que havia entrado com a moto a frente de meu carro naquela manhã... Como era mesmo seu nome? Leonard! O que ele fazia lá? O que todas aquelas pessoas faziam ali? Quanto mais eu raciocinava, mais eu ficava nervosa. Então eu me lembrei da carta.
“...você é como o fogo, Gabbe, e por mais que isso pareça legal, eu não me animaria em ser comparada a um elemento tão miserável.”
Adolph acabara de pronunciar a palavra elemento, eu estava com uma camiseta escrita Team Fire... Eu não sabia o que estava acontecendo e não gostava nada daquela situação, mas sabia que ia gostar menos ainda quando descobrisse o que era tudo aquilo.
- Todos vocês agora devem estar se perguntando “o que estou fazendo aqui?” – disse Adolph, cortando minha linha de pensamento – Bem, eu respondo a vocês. Jovens, sejam bem-vindos ao Four Elements, um Reality Show de vida ou morte, participantes? Vocês.
- Para você se proteger, se a capa não for o suficiente. – Meredith pegou a adaga e pediu para que Charlotte se levantasse, quando Lotte o fez, Meredith colocou a adaga por dentre a bota esquerda de Lotte. – Agora vá, se não, será difícil de chegar à cidade. Cuide-se Charlotte. E que Deus a proteja.
- Adeus mãe, logo a verei. – Lotte abraçou Meredith e dando-lhe um beijo na testa, desceu as escadas e partiu para a cidade.
Charlotte entrou na floresta, andando o mais rápido possível temendo que o sol se pusesse logo. Lotte estava pensando em tudo que estava lhe acontecendo. O fato de estar morrendo não lhe afetava, quando sabia que havia alguém que faria tudo pela vida dela. E do nada, sabia que estava começando a sentir algo por Vincent.
Enquanto chegava ao povoado, sentiu sua cabeça começar a latejar.
Mas uma coisa chamou a atenção dela. Uma garota do povoado estava falando com Vincent, e de repente, dá um beijo nas bochechas de Vincent e lhe entrega algo. Lotte sabia que não deveria sentir ciúmes, mas sentiu.
Irritada com a cena, passou despercebida e bateu na porta da cabana de Joseph. E Joseph logo abre.
- Entre Charlotte.
- Obrigada.
Lotte entrou na cabana.
- Sente-se. – Joseph disse ao indicar uma cadeira velha.
Como Lotte estava cansada, se sentou.
- Iremos partir daqui a pouco, só esperarmos Vincent chegar.
Só foi Joseph mencionar o nome de Vincent, que se ouviu alguém bater na porta, quando Joseph abriu, era Vincent.
- Obrigada mãe, sabia que a senhora me entenderia.
Meredith voltou ao normal e segurou com força a mão de Charlotte.
- Claro Lotte, eu só quero o seu bem, e neste momento, quero que consiga sobreviver, você ainda tem muita coisa pela frente.
- Obrigada mesmo, e agora, preciso de uma capa nova.
- Mas antes de tudo, coma algo, precisa sair de barriga cheia.
Meredith se levantou e colocou um pouco de sopa que havia feito. Lotte comeu um pouco, preparou seu banho e colocou um vestido novo, que havia comprado já havia algum tempo.
Quando estava acabando de arrumar sua roupa, Meredith entra em seu quarto com uma caixa enorme.
- Tenho uma coisa para você.
- O que é?
Meredith sentou-se com Charlotte na cama.
- Abra.
Lotte o fez, abrindo a caixa rapidamente. E quando abriu, viu uma capa vermelha.
- Obrigado pela capa, mãe.
- Ela não é apenas uma capa, Charlotte. Ela te protegerá. Minha mãe era descendente de bruxa, e sua ancestral deixou essa capa para ela. Eu nunca tive a oportunidade de usar, mas ela se manteve intacta há tempos.
- Mãe, muito obrigada.
- Eu me sinto tão bem quando você me chama de mãe, chego às vezes a acreditar.
- Meredith, você é a minha mãe, me cuidou desde pequena quando eu cheguei aqui.
- Obrigada Lotte, agora você terá muita coisa pela frente, eu já ouvi falar dessa erva, e minha mãe disse que no mundo todo, uma pessoa conseguiu achar essa erva e se curou.
- Eu vou acha-la. Mas não vou sozinha, duas pessoas que me ajudaram na cidade irão comigo.
- Eles são de confiança?
- São sim.
- Já está escurecendo, vista sua capa, e veja, há algo a mais na caixa.
Quando Lotte a abriu mais, nela havia uma adaga média.
- Alteza, com todo o respeito. Sente algo por essa moça?
- Eu não sei ao certo, mas desde que a conheci, senti algo diferente.
- Eu sei o que é isso, acho que foi amor à primeira vista.
- Mesmo que seja, farei de tudo por ela.
- Então, como faremos? Sairemos hoje à noite atrás da erva?
- Sim, e ela irá conosco. Ela irá avisar a sua mãe que partirá conosco.
- Mas senhor, é arriscado demais.
- Foi escolha dela, e não posso contestar contra isso.
- Então que seja.
Lotte comprou as coisas que Meredith precisava e voltou para o chalé, no meio da floresta.
- Lotte, por que demorou? – Meredith disse, aflita.
- Preciso contar algo a senhora. – Disse, tirando a capa.
- O que foi isso no seu braço?
- Primeiro preciso sentar mãe, foi uma longa caminhada.
- Claro, venha.
Meredith e Charlotte sentaram-se a mesa.
- Agora me conte.
- Então. Quando eu estava na floresta, acabei me deparando com um lobo enorme, tentei ao máximo ficar parada, mas eu nunca tinha visto um animal daquele tamanho. No momento fiquei tão desesperada por ele estar tão perto de mim que corri. E quando corri, acabei escorregando sobre uma pedra venenosa, fazendo esse ferimento. Que estava pior, por sinal. – Lotte tentou recuperar o folego e voltou a explicar. – Momentos depois de me machucar, um homem que também estava na floresta me encontrou e conseguiu matar o imenso lobo...
Lotte contou-lhe tudo, a parte em que quase despencou da ponte, em que um homem lhe ajudou a curar o ferimento. Tudo.
- Por isso preciso ir atrás dessa erva, eu estou quase morrendo por causa de uma pedra venenosa.
Meredith puxou Lotte para um aconchegante abraço e cochichou em seu ouvido.
- Vá, tome todo o cuidado e lute por sua vida. E por favor, volte logo, você é o meu bem mais precioso!