Aprovecho para recomendar un juego de mesa (que luego hicieron para pc y móvil) llamado Twilight Struggle. Para 2 jugadores y ambientado en la guerra fría, uno lleva a los malos y el otro a la URSS. Puedes dar golpes de estado, avanzar en la carrera espacial... muy guapo y muy complicado, la verdad.
-Houston, aquí Apollo-Soyuz 14. - La Tierra se está ocultando detrás de la Luna. -Estamos entrando a la zona de silencio radial, cambio.
Houston contestó, con mucha estática. La señal ya se estaba desvanenciendo.
-Recibido, Apollo-Soyuz. Los esperamos del otro lado. Cambio y fuera.
Solomon suspiró y se sentó en la incómoda silla del piloto. ¿Debería dormir? No se sentía lo suficientemente cansado para eso. ¿Como cansarse en el espacio? Sería como dormir escalando una montaña, o buceando en una fosa abisal. Imposible.
Escuchó un golpe seco desde la cápsula de su contraparte soviética.
-Чертов кусок мусора. -Suspiró Zayra.
La radio volvió a la vida después del golpe.
-Байконур здесь, ты копируешь?
-Да, Байконур, все хорошо. Просто некоторые технические недостатки.
-Байконур здесь, береги себя. Ждем вас дома, кончено.
-Роджер, Байконур.
Satisfecha, Zayra revisó por última vez su lista, y flotó tranquilamente en la cápsula. Las Soyuz eran todo un lujo comparadas con las primitivas cápsulas de los primeros años. Había suficiente espacio para estirar los brazos, ¡y hasta una mesa!
-Hey. -La voz vino de la otra cápsula. -¿Está todo bien?
-Sí, sí. -Contestó Zayra. -Nada que no pueda arreglar; ¿que crees?
-No sabía que las radios rusas se arreglaban a golpes... -Sonrió Solomon.
-Pues a golpes o no, les ganamos la carrera, Да?
Nunca se lo iba a dejar pasar. Solomon simplemente sonrió y miró hacia arriba.
-Hey, hey. -Le dijo Zarya, sonriendo. -No conoces bien la Soyuz, ¿eh?
-He visto los planos...
-Los planos, por supuesto que has visto los planos, todo el mundo ha visto los planos, la CIA ha visto los planos...
Solomon se atrangantó con su saliva. Gotas de sudor se formaron en su rostro, flotando en la gravedad.
Y Zayra se largó a carcajadas.
-Вы слишком легко дразнить! ¡Broma, broma! -Siguió riendo.
Solomon venía aguantando todo tipo de шучу desde que ambas naves acoplaron, en un atardecer estrellado sobre el Golfo Pérsico. A estas alturas debería estar acostumbrado. Pero su mentalidad era que esta vida de astronauta debía ser sostenida con total seriedad; que ellos eran lo mejor de lo mejor de los Estados Unidos de América, y que debían comportarse con total disciplina en todo momento, sobre todo ante sus contrapartes extranjeras.
Claramente las cosas eran diferentes del otro lado de la Cortina de Hierro.
No que Zarya era mala en lo que hacía. Todo lo contrario. Ambos fueron asignados a esta misión, justamente, por su capacidad. Pero desde que hicieron el apretón de manos ceremonial y ella hizo esa sonrisa pícara, le había dado varios dolores de cabeza.
-No tengo comentarios. -Dijo Solomon.
-Tranquilo. Puedes comentar lo que quieras. Estamos en la zona de silencio radial.
Hay una breve franja en la órbita circumlunar, en su punto más alto y distante, donde la Luna eclipsa a la Tierra. Ahí no se ve la Tierra, no se escuchan las señales ni de Houston ni de Baikonour ni todo el barullo de la civilización atómica, no se ven los mares azules ni las nubes blancas, sólo el desierto lunar gris bajo ellos.
Es el punto más alejado y solitario al que la humanidad había accedido hasta entonces.
Y ahí estaban, Solomon y Zarya, sólo ellos y un par de computadoras que hoy tendrían menos memoria que un juego de Pac-Man.
-No estaría haciendo chistes de la CIA de otra manera, Да? No es bueno para la cooperación internacional...
-Tienes razón.
-Tu también deberías.
-¿Debería qué?
-¡Decir lo que quieras! Nadie te va a escuchar aquí arriba.
Por primera vez esa frase le venía a su favor.
-Que puedo decir...
La pecosa cara de la rusa se le acercó con una sonrisa.
-No sé...
-¿No tienes algún secreto político que decir? Nadie te va a escuchar en Houston. -la cosmonauta le guiñó
Maldita agente comunista, pensó Solomon, con una sonrisa.
-No, no. Pero tengo música.
-Oh. - El yankee de hierro se volvió interesante de repente, pensó Zarya. Quién lo diría. -¿Les dejan traer música al espacio?
-Técnicamente, no. Pero ahora las cosas están más relajadas, con más vuelos. Así que te permiten algunos lujos.
El astronauta fue al módulo de comando y trajo un reproductor de cassettes. Zarya no pudo evitar admirarlo. Era tan similar al que tenía en casa en Leningrado, pero seguro tenía tantas pequeñas diferencias, ¡Quien sabe cuantas!. Ella era ingeniera de alma, y quería desarmar todo para ver como funcionaba. Desde las naves espaciales, a los aparatos, a las personalidades.
Pero, eso para después.
-¿Que música tienes?
-Bueno, me han dicho que es trillado, pero quizás tú nunca lo escuchaste...
Solomon sacó el cassette de su funda, de color negro, con un prisma y un arcoiris, una maravilla de la Era Atómica. A Zarya le brillaron los ojos mientras veía como la cinta daba vueltas y vueltas. ¿Quién sabe que música saldría de allí?
La música empezó, con toda la fidelidad de un cassette analógico.
Era extraña.
Una voz empezó a cantar, ¿o lamentarse? A Zayra le costaba escuchar.
I've been mad for fucking years, absolutely years,
Been over the edge for yonks,
Been working me buns off for bands.
-Y, ¿que tal? -Preguntó el astronauta.
-Es... interesante. Muy... avant-garde. Pero, no sé.
-¿No te gusta?
-Escucho poca música capitalista, por si no sabías. Esperaba algo más... al estilo rock.
-ES rock.
La cosmonauta escuchó con más cuidado. Sí, lo era. Pero que cosa más rara. Solomon se sintió algo decepcionado. El capitalismo no estaba ganando esta pelea musical.
-Tengo mejores canciones, después te las muestro.
-Sería genial. Pero, la próxima pon algo para bailar...
Ambos viajeros espaciales se miraron. Solomon, predeciblemente se sentía sonrojado, y se pasó su mano por sus cortos rulos, llenos de sudor. Pero le sorprendió ver a su contraparte igual de sonrojada. Se quedó admirando a su corto cabello castaño flotando en la falta de gravedad.
-Solomon.
-¿Qué?
-¡Ven, ven! ¡Te hago el tour de la Soyuz! - Invitó Zarya.
¿Y como decir que no?
Solomon, esta vez, no esperó para nada detalles técnicos. Zarya le presentó la alacena con comida congelada, el ventilador, los ojos de buey dando a la superficie lunar, y tantos otros lujos del programa espacial soviético, con todo el orgullo de su corazón de ingeniera, y con sus comentarios ácidos. Aunque decidió omitir el mecanismo de higiene personal.
-Ah, este es el módulo de descenso, aunque seguro ya sabes eso de tus libros, nerd. - Esta chica sabe inglés cuando quiere, pensó - Y aquí está el periscopio... como un submarino, ¿Да? Y aquí está el paquete de supervivencia, con la pistola...
-...¿la qué? -Preguntó el astronauta, más que un poco preocupado.
-La pistola. A todos los cosmonautas nos dan una. ¿A ustedes no? Me sorprende. Sin ofender, por supuesto.
Solomon no pudo evitar reírse un poco.
-¿Y para que la usan?
-Para los osos, ¡por supuesto!
-¿Osos? -Solomon se rió, y miró por la ventanilla. -Yo no veo osos por aquí. Estos rusos y sus osos por todos lados. Dime, ¿tienen su programa espacial también?
-Заткнись! ¡Calláte! -Río Zarya. -Hay osos en Siberia, donde la cápsula cae. ¡No es cosa de risa!
-Y aún así, te veo riendo... ¿O le temes a los osos espaciales?
-Shh, se supone que no deberíamos hablar de estas cosas. Estás descubriendo graves secretos soviéticos. Ten cuidado con lo que dices. -Le guiñó Zarya.
-Mejor sí. Estoy atrapado sobre la Luna con una rusa con una pistola. -Sonrió Solomon. -Me convendría hacer caso...
Ahh, mucho mejor, pensó Zayra. Así le gustaba. Más suelto, más sagaz, más interesante...
-Ahh, el americano se dio cuenta de su situación. Bien, bien. Quizás podamos vivir en paz, después de todo...
-Sí. Nuestras naciones deberían formar una alianza contra los osos espaciales.
Ambos se desintegraron en carcajadas.
-Dios santo. -Dijo Solomon. -Nunca la pasé tan bien en la zona de silencio radial.
Sintió un poco de nervios.
-Seguimos en la zona de silencio radial, ¿no?
Zarya se levantó de repente, y encendió la radio.
Estática.
-Sí. Solo nosotros.
-Y la Luna.
-Y la Luna, конечно.
Y abajo estaba, la Luna.
Brillando como uno nunca pudiera imaginar, todos los cráteres con sus sombras proyectadas por kilómetros, los valles tortuosos de filoso regolito, los mares de volcanes muertos. Un ambiente tan horriblemente hostil que aún así había llenado las mentes de poetas y enamorados por milenios.
Ninguno de los dos la había pisado. Aún. Quizás algún día. Las cosas estaban cambiando tan rápido.
Roger Waters siguió cantando, desde la otra nave.
And if the dam breaks open many years too soon
And if there is no room upon the hill
And if your head explodes with dark forebodings too
I'll see you on the dark side of the moon
-Hey. Tu música se puso un poco mejor, la verdad.
-Gracias...
Un silencio, mientras un mundo entero pasaba por debajo de ellos. Ambos miraban por el mismo pequeño ventanal, flotando cerca el uno del otro.
-¿Seguimos en la zona de silencio radial, cierto? -Preguntó Zarya, sin mirarlo, pero tampoco mirando la Luna.
-Sí, tú lo dijiste.
-Lejos de todos.
-Lejos de todos. Nadie puede escucharnos. Sólo la Luna. -Solomon quiso hacer un chiste de osos espaciales, pero en ese momento sentía otra cosa.
-Sólo la Luna. Nadie más.
Por el resto del viaje, sólo existío la Luna.
...
And everything under the sun is in tune
But the sun is eclipsed by the moon
...
Estaba aterraciendo. El orbe azul salía por el horizonte lunar. Fue la segunda cosa más hermosa que Solomon vio hoy.
-Hey. Hey. Американец, дом зовет! ¡Tienes una llamada!
-¿Qué? -La mente de Solomon seguía intentando traducir el ruso. -Ah, ¡La señal está volviendo!
Solomon flotó hasta al módulo de comando del Apollo.
-Apollo-Soyuz, ¿algún problema?
-NINGUNO, HOUSTON. No tenemos ningún problema. Cambio.
-Que bueno escucharte, ¡Solomon! ¿No nos recibías?, cambio.
El pobre astronauta decidió no inventar nada sobre tormentas solares o algo así.
-Em, habré estado distraído.
-Quizás deberías poner más bajo el volumen de tu música. -le reprocharon desde el control de la misión. -Era lo único que escuchábamos.
Solomon sudó por todas partes.
-No hay problema, es entendible. La zona de silencio suele ser aburrida. - Continuó Houston. -Esperamos sus informes. Cambio.
-¡En eso estamos! ¡Cambio y fuera!
Solomon escuchó otro golpe seco desde la Soyuz.
-¡Zarya! ¿Está todo bien?
-¡No, no anda esta maldita radio!
El astronauta sonrío. La cosmonauta entendió por qué.
-Gracias a Dios por la ingeniería soviética. -Guiñó Solomon.
Ah, así que el americano se hacía el listo ahora. Lo iba a dejar pasar.
Zarya se percató que la radio siga sin funcionar y le contestó.
-Cuidado con lo que dices en esta órbita, Солнце. Ahora, ayudame a arreglar este hermoso pedazo de ingenería.
E.U.A y la U.R.S.S anuncian sus intenciones de enviar satélites artificiales al espacio, durante una reunión científica internacional celebrada en 1955. En el marco de la Guerra Fría esto significó el anunciamiento público de una épica competencia tecnológica entre ambas potencias.
En 1957, los soviéticos lanzaron el primer satélite artificial, el Sputnik I, con este hecho se iniciaría la llamada “carrera espacial”, teniendo como desenlace la llegada del hombre a la Luna en 1969.
Sin embargo, el alunizaje de 1969 no resultó ser el final de la carrera espacial, ambas agencias continuaron con la exploración del espacio. En 1975, se realizó la primera misión en conjunto entre ambas agencias espaciales; se trato de un acoplamiento de las naves Soyuz y Apolo 18, marcando el fin de esta ambiciosa carrera.
LA LLEGADA DEL HOMBRE A LA LUNA
Para 1960 la U.R.S.S. ya había alcanzado grandes objetivos dejando muy por detrás a E.U.A; los siguientes años no marcarían una gran diferencia, los soviéticos lograron enviar al primer hombre al espacio exterior lo cual significó un gran golpe para los norteamericanos.