Título: Desmontar una casa
Autora: Cecilia Moscovich
ISBN 978-987-4430-14-4
Poesía. Año 2021
Obra en tapa: Sin título (acuarela, 2019). Juan Hernández
Desmontar una casa viene a completar una trilogía involuntaria. La manguera y Barranca, publicados por la ya mítica editorial santafesina Diatriba, acompañan este libro hasta ahora inédito. A través de los tres podemos apreciar los movimientos, a lo largo de una década, de una voz ineludible de la poesía litoraleña pos-2000. Cada libro está signado por una circunstancia de vida crucial. Los elementos que mantienen un flujo constante frente a la volatilidad de la contingencia vuelven esta voz familiar: la conciencia del paso del tiempo, el cuidado de una misma y de los demás, la belleza hogareña descubierta por una espectadora solitaria, la exuberancia del río Coronda y la laguna Setúbal, la compañía de libros, animales y plantas, la ecología de lo que llega y lo que se va. Cecilia Moscovich es una alquimista que extrae de la pérdida un néctar que nos comparte en secreto, y construye con honestidad y fortaleza una morada que podemos visitar mientras duran estos versos, recorriendo habitaciones, muebles y cajones, hasta llegar al corazón de la casa: su patio, una extensión del litoral.
De La manguera:
Verano
De nuevo está el verano aquí como una promesa húmeda. De nuevo está el verano aquí como un veneno fino.
Mi perro persigue a un sapo mi vecina ha salido a la puerta a tomar fresco y abre un paquete de celofán que vibra igual que los grillos. Mi papá me llama de adentro.
Voy por porrón. He salido de nadar y mi cuerpo se siente ingrávido y elástico y frío. Mi quiosquero me dice qué gordo está tu perro pero qué lindo.
No hay nada como salir de nadar ir por porrón y sentir que mañana, mañana seguro sí llegará el amor.
La isla
Me acerco a ella como en un barco iluminado la isla está furiosa de verde e insectos el sol se cocina lentamente en la marmita zumbante de la siesta.
Me hundo en el mar donde el pensamiento se detiene y todo es asombro y silencio.
Los peces se hamacan como pétalos en las olas los peces son tenues y hermosos.
Allá va una mantarraya, cubierta de arena fría allá una tortuga como una nube pasajera con su nadar en cámara lenta.
Hay un pez globo que da mucha risa y un pez erizo que a nadie lastima.
Quisiera quedarme aquí.
Descubro un molusco palpitando entre las rocas entre cardúmenes chispeantes me acerco para observarlo.
Me lleva un tiempo entenderlo: hasta que veo que se trata de mi propio corazón.
De Barranca:
Setúbal
Ando en bici por la Setúbal el sol estalla en el agua y la música en mi alma Jarvis Cocker, Pulp, The Cure debería haber nacido en Londres (quién no lo ha pensado) pero nací en la Setúbal que ahora mismo se estira perezosa como una mancha de aceite como un gato mimoso o una iguana dormida al sol y me dice que puedo de verdad puedo sentarme calma en un hilito de sol y pensar en ayer y en hoy y en mañana y quedarme tranquila porque ella me cuida aunque haya días demasiado pálidos en los que el río se llena de viento hay otros como este en que ando con mi bici por los paisajes de mi infancia con la música de Inglaterra en las orejas y digo esta soy yo yo soy esta, y me gusta.
Quiero un aturdimiento fino
Quiero un aturdimiento fino apenas, apenitas aturdida lo suficiente para ver con claridad la danza de mis pensamientos lo suficiente para verlos tan agudos que podrían perforar paredes e iluminar el mundo en un solo instante.
Amo este instante y todos los otros de quietud que me sostienen.
Afuera murmuran las hojas con su voz de planta —no podría vivir sin esas voces queridas— la gracia está en no entender su vegetal cuchicheo su secreto vespertino. Las plantas saben cosas que nosotros no sabemos invadirán el mundo con sus ramas y raíces cuando ya no estemos. Ellas y el viento hacen hablar al mundo. Por ejemplo ahora habla tenuemente el móvil de vidrio que cuelga tranquilo de la galería del patio. Escuchen…
De Desmontar una casa:
María Selva
Acá antes pasaba el tren. A los costados de la vía ahora brotan jardincitos que extienden los límites de las casas sobre terreno ferroviario. Amo esos lugares donde se vuelve difusa la frontera entre lo íntimo y lo que puede ser mirado. Como en patios con tapiales transparentes aparecen mesas bancos de piedra o madera asadores canteros macetas improvisadas. Da ternura la infinidad de recipientes en los que la gente cría sus plantas: malvones en latas de aceite y pintura helechos en viejas cubiertas de auto suculentas en botellas pet partidas azucenas en tambores de lavarropas alegrías del hogar en carcazas de baterías de plástico. Los perros salen a ladrarnos al Beto y a mí a medida que pasamos. Es domingo así que los jardincitos que habitualmente veo vacíos, hoy tienen dueños. Dos señoras que estiran un mantel de hule sobre un tablón con caballetes una chica que cuelga la ropa un señor que corta el pasto. Veo al chico del delivery de la rotisería hoy no va apurado va con un nene y en vez de la habitual caja de pizza de cartón grisáceo lleva balanceándose en su mano una caja de pesca amarilla y anaranjada.
El naranjo
Con el contrato vencido antes de devolver la llave entré como una ladrona en la que seis años fue mi casa.
Fui con propósito firme: sacar por última vez las naranjas del árbol.
Vacié los cajones de envases de cerveza que quedaron ahí en el lavadero. Encimé dos para hacerme alta. Mi cabeza se volvió parte de la copa y pude espiar la luz dorada. Dentro de ella orondas y buenas flotaban las naranjas.
Pero las arranqué con furia, despechada no queriendo aceptar que yo lo abandonaba.
El naranjo me arañó con sus espinas me llenó del olor de sus catangas me dejó enredados en el pelo sus pedazos de corteza blanda.
Cecilia Moscovich nació en Santa Fe en 1978. Publicó los libros de poesía La manguera (2009), Barranca (2012) y Llegar finalmente a casa (2020), la nouvelle La ballena (2016) y los libros de literatura infantil La llamarada verde (2012), Poemas del patio (2013), El cerdo Rosendo y otros cuentos (2013) y Gliptodonte gigante y otros cuentos de mi abuela (2016). Es Profesora de Historia por la Universidad Nacional del Litoral y dicta clases en escuelas secundarias. Trabajó muchos años en diversos proyectos alrededor de la democratización del acceso al libro y la recopilación y publicación de historias de la tradición oral. Coordina talleres de lectura y escritura creativa para chicos.








