En el siglo XIX, la isla de Ceilán era un enclave ignoto y perdido en las aguas del Océano Índico. Tierra de cultivos y paisajes asombrosos, solo las élites ligadas a las autoridades inglesas de la isla podían acceder a la educación y salud de calidad. Hasta que la mano de Charles de Soysa cambió el curso de las cosas.











