Aunque percibe la presencia masculina rondando por el lugar, una parte del surcoreano lo obliga a fruncir el ceño como si dudase de sus intenciones. Es casi como si pudiese adivinar a la perfección los movimientos que el contrario recrea, su mente intentando concentrarse en el arduo labor de acomodar un par de sillas a uno de los extremos del salón. “ Tu obsesión debe llegar a su fin. ” Dice simplemente, ocultando una pequeña sonrisa que amenaza con dibujarse sobre las comisuras de sus labios. “ ¿Vienes a hacerme compañía o simplemente te reirás de mi desgracia y dirás ‘te lo dije’? Porque si es el caso, puedes regresar por donde llegaste. ” / @chcnsuh











