Ella entre sábanas con las piernas frías pero el corazón caliente, volteo a verlo con ese brillo de estrellas en sus ojos y le preguntó:
- Claro, te podría dar un beso - Él respondio.
- ¿Solo uno? - Refutó con un berrinche en su rostro.
- Los que me puedas dar durante toda esta vida.
- Te los daré y por cada herida que tengas en tu cuerpo, para sanarlas, por cada lunar que tengas, para cubrirlos, por cada miedo dentro de ti, para fortalecerte y por cada segundo que estemos juntos... Para que te sean eternos.
Ella lo vio, con un par de lágrimas en su rostro y una sonrisa encantadora llena de alegría. Él la apreció con una sonrisa llena de paz y ambos se dieron cuenta de que ahí... Era su hogar.
Para esa chica tímida que ve por fuera, pero es ciega por dentro de sí misma.