Perdon a mi corazón
Si tuviera que pedir perdón, sería a mi propio corazón por las innumerables ocasiones en que lo he herido. Cada vez que lo expuse a labios que sabía que llevaban veneno, actué en contra de mi propio bienestar, sabiendo perfectamente que estaba pisando un terreno peligroso. Me entregué a promesas vacías y palabras dulces que ocultaban intenciones amargas. Debería haber sido más cauteloso, protegerme mejor, pero a menudo elegí el camino que sabía que terminaría lastimándome.
En esos momentos de debilidad, ignoré las señales que me advertían del daño inminente. Permití que las palabras envenenadas se infiltraran en mi alma, seducido por el deseo de creer en un cuento de hadas que nunca existió. Fue mi corazón el que sufrió las consecuencias, cargando con las cicatrices de decisiones mal tomadas y de afectos mal correspondidos.
Ahora, mirando hacia atrás, entiendo que debo ser más amable conmigo mismo. Debo pedir perdón por no haber cuidado lo suficiente del órgano que late incansablemente dentro de mí, el que me da vida y esperanza. Mi corazón merece ser amado, protegido y valorado, no expuesto al dolor innecesario de amores dañinos. A partir de ahora, prometo ser más sabio, más fuerte, y, sobre todo, más fiel a lo que realmente necesito: paz, amor genuino, y la certeza de que mi bienestar emocional es mi prioridad.












