NADA.
Así ha sido básicamente estos últimos meses desde que termine la secundaria. Aunque sé que en algún momento mi vida era diferente, todo cambio desde aquel día, y la verdad es que no la extraño.
¿Saben…? La popularidad puede llegar a hacer muy adictiva… ahora lo sé. Y aunque me cuesta admitirlo, debo decir que lo que más extraño de esa ‘popularidad’ es a Matías.
Matías era el clásico chico popular por ser músico. Era la guitarra principal de su banda, se llamaba Declive y de hecho no eran tan malos. Matías junto a su mejor amigo Nadir formaron la banda y todas las chicas morían por ellos dos. Eran como esa clase de sueño ‘ideal’ que toda chica y su mejor amiga deseaban tener. La sola idea de que los dos amigos tengan como enamoradas a dos mejores amigas era todo un anhelo.
Matías, como es de esperarse, tenía el típico look hipster roquero y buen gusto para la música. Creaba canciones, era bueno en historia y de hecho era bastante simpático. Era más alto que yo, de tez blanca, ojos claros, contextura delgada y el cabello lo llevaba desarreglado. Cuando lo conocí, en tercer año, llevaba el cabello medianamente largo, me encantaba cuando giraba su cabeza porque sus rulos se movían. Para el cuarto año se lo cortó y aunque todos extrañaban sus rulos, igual se le veía muy bien.
El día que lo conocí – no puedo negar que fue un buen día – se cumplía el primer mes de haber conocido a Michelle.
Bueno esa es una historia que no quiero contarla ahora pero que probablemente en algún momento me anime contarla, sin embargo, trataré de hacer una breve introducción de la tan conocida Michelle – espero estar a la “altura” –
Michelle era la única chica que desde el primer día de la secundaría se coronó como la chica más sexy y popular de todo el grado – si, era una zorra –
Un día en mi normal y ordinaria vida en tercer grado, Michelle me hablo en el recreo y como verán ella hizo que mi popularidad por ese entonces de 0 % creciera a un 60 %.
Pero volviendo a lo principal, ese día fuimos a la reu de Sandra por nuestro primer mes como BBF – Best friend forever irónico, ¿no? – y por supuesto Michelle y sus seguidoras – no te preocupes si pensaste en sus zorritas yo les digo así todo el tiempo – se encargaron de que todos los populares fueran. Fue así que Michelle me presento a Matías.
Michelle: ¡Hey Matías! ¡Ven! ¡Te quiero presentar a alguien!
Matías: Okey. – Se aproximó – Hola
Michelle: Ella es Ema, ¿Recuerdas? ¡La chica de lentes! Recuerdas que te dije que la cambiaría. Pues ¡Admira a mi obra maestra!
Matías: ¡Oh! – Sorprendido – Que gran cambio.
Lo sé, gran conversación.
Pero al decir verdad la conexión que tuvimos ese día fue más simbólica y no lo hago sonar cursi, realmente fue así. Ese día bailamos toda la noche, aun que ninguno de los dos lo sabía hacer igual fue divertido – realmente me divertí – Cantamos, me enseño a tocar la guitarra y por primera vez fume y obviamente no me fue muy bien la primera vez. Matías aparentemente hizo girar mi mundo. Pero sé que ahora eso suena realmente pretencioso y ridículo.
Ayer lo vi después de 4 meses.
No me mentiré a mí misma, la verdad es que aún me hace sentir esos ‘escalofríos’. Es algo que retumba mi corazón y tal ves ahora no este muy segura de lo que sienta por él, porque me confunde más él que las matemáticas, pero sé que debe terminar.
Al terminar la secundaria, como todos, tenía muchas dudas y temores con respecto a mi futuro. Tenía una serie de preguntas a las que me daba miedo de responder. Luchaba conmigo misma para no tener que lidiar con las despedidas, tenía la típica crisis de anti madures, no quería crecer, no quería dejar la escuela – aunque sabía que en ella no la pase bien – no quería dejar a mis amigos – los poco que tuve – y tenía miedo al ¿Qué haría después de terminar la secundaría?, al ¿Volveré a ver a mis amigos?, al ¿Me alejaría de Matías? – aunque parte de eso me alegraba pero en alguna parte de mí me ponía de malas –
Es bastante curioso ahora que lo pienso… antes de ser la chica popular, esa chica a quienes todos los chicos superficiales querían tener como amiga, yo era una chica del montón. Nadie recordaba a esa chica. Para los populares nunca existí antes de ser solo una plástica más de su grupo.
Después de ese ‘histórico día’ – así lo llamo yo – las cosas cambiaron radicalmente.
Bueno esto si tengo que contarlo, esto es una gran historia. ¡Oh, sí! ¡Sí que lo es!
Si creían que en mi vida todo estaba ‘marchando muy bien’ que tenía ‘las mejores amigas’, que había conocido al ‘chico más popular’ y que al parecer le agradaba, pues se equivocan. Terminando el cuarto año en la fiesta de despedida, Michelle organizó un show final. Subió a la mesa del bufet ebria y dijo:
“Yo y las chicas tenemos una gran sorpresa para alguien muy especial que se encuentra aquí. ¡Ven! ¡Vamos Ema, sube! ¡No seas tímida!”
Subí estúpidamente y cuando todos en la fiesta me miraban un balde lleno de aderezo cayó sobre mí. Quede manchada completamente y como si fuera poco Michelle continuo hablando:
“Ema, Ema, Ema. ¡Qué ingenua! Creo que a estas alturas ya debiste haberte dado cuenta, ¿No? Acaso… pensaste que nosotras éramos tus amigas ¡En serio pensaste eso! ¡Qué patética! En serio creíste que podrías llegar hacer una de nosotras. En serio pensaste que podrías ser popular. Tú seguirás siendo del montón. Siempre lo serás… ¡Ups! Sí pues, te engañamos”
Pero no tienen por qué sentirse afligidos. Lo que paso esa noche fue producto de los celos – si, celos – Michelle sintió celos y pues ahora entiendo lo que significaba para ella.
La noche anterior al día de la fiesta ella me vio con Matías a punto de besarnos – debo decir que es la primera vez que escribo que estaba a punto de besarlo… y se siente muy bien escribirlo – Se decía que a Michelle le gustaba Matías desde el cuarto año de primaria. Yo no sabía de sus sentimientos en ese momento solo sentía pena por mí misma por haber creído en todo, en la gran falsa y que finalmente ellas habían logrado su cometido conmigo.
Solo saco algo positivo de esa noche porque algo de lo que dijo Michelle era cierto, fui ingenua. Muy ingenua. De repente todos se olvidaron de que en algún momento yo fui alguien importante y solo me trataron como antes, como si nunca hubiera existido esa chica popular que alguna vez fui. Después de darme cuenta que evidentemente a esas personas nunca les importé como amiga, todo cambio en mí.
Anhelaba libertad, independencia, quería alejarme de todo, de la escuela, de todas esas personas que nunca les importe, de todos esos tontos chicos y chicas populares que en algún momento me utilizaron, me quería alejar de todo… hasta de él. Pensaba que si me alejaría de Matías empezaría a crecer, a madurar pero… la verdad es que me dolía hasta solo pensar en ello. Era algo mucho más complicado de lo que yo esperaba.
Para el siguiente año ya nadie recordaba lo que alguna vez fui, conocí a los amigos que siempre debí conocer, ellos me ayudaron mucho. Es así, la vida continua y las cosas estaba como si nunca hubiera pasado nada. Es cierto cuando dicen que “las cosas pasan por algo” porque a mi particularmente las cosas no me salieron como las planeaba.
– Al escribir esto solo me hace pensar lo tan enganchada que estaba por Matías y me hace sentir ridícula… atenta contra mi propia dignidad y orgullo. Iré a fumarme unos cigarrillos y continuaré escribiendo después de ello. Probablemente mi redacción cambie –
He hablado mucho de Matías. Ahora quiero contarles de Alonso.
Encontré a Alonso en el momento preciso. Me hizo muy bien su llegada de él en mi vida.
Lo conocí un día de clases del instituto, recuerdo que él estaba con unos pantalones verdes y traía un polo blanco. Me pregunté ¿Qué hombre usa pantalones verdes? Me pareció muy gracioso ver al único chico del instituto, probablemente, con pantalones pitillo y de color verde. Tuvo que ser Ana, una compañera de clase, quien me lo presentó.
Fue casual, sencillo y a la vez perfecto.
Era el clásico chico que siempre busca sacarte una sonrisa. El llegarlo a conocer me hizo bien, sobre todo en ese momento de mi vida. Arreglo todas las cosas rotas que estaban en mi interior, si aunque suene cursi, lo hizo. Me sentía yo misma y esa sensación era increíble. Sin exagerar, conocer a Alonso posiblemente entra en la lista de las mejores cosas que me han pasado en la vida.
Alonso es parte de mí y no me imagino sin su apoyo. Y aunque suene a que dependo de él, pues me alegra saberlo. Sé que puedo contar con él.
Alonso es una poesía. Me encanta que el fuese ese chico que de alguna manera le diera ese balance a mi vida. Le debo mucho a él.
Publicado por Andy Calen©
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