Mujeres independientes (De verdad)
Les voy a contar un episodio que me llevó a darle vuelta a un par de cosillas...
La escena es más o menos la siguiente. Santiago, saliendo del Metro Tobalaba. De acompañantes, dos buenos amigos. Uno me conoce más que el otro, pero la reacción fue la misma. Taxi dejando pasajeros. “Ahí hay un taxi… No! Se va!” Había que hacerla corta, así que... Grité “taxi” y le chiflé. Sí leyó bien, chiflé. La cara del taxista pasó de asombro a incredulidad. Miró a mis amigos con ojos de plato, mientras ellos se reían, con la misma cara de sorpresa. Estaban como esperando volver a la realidad, acaso a que el niñito del llamado saliera de alguna parte, pero no. Era una señorita, arregladita y maquilladita… Después de que uno me abriera la puerta y el otro me ayudara con el bolso (OBVIO!), subimos al taxi entre las risas de los niños, del taxista, y mías! porque no fue bochornoso. Fue bien la raja, en realidad.
Durante la conversación (que llegaba hasta Vitacura) me di cuenta de que el lema de la mujer sola e independiente es una decisión. Un estilo de vida que llevamos, naturalmente. Se supone que la inconsecuencia es mal vista. Que si decimos que podemos y que somos mujeres fuertes, solteras y autosuficientes; TENEMOS que serlo. Estamos constantemente a prueba. Y lo que siempre había sonado medio a karma, me golpeó fuerte: lo hago porque ME NACE. No sé si me acostumbré o qué, pero ya no me siento un niñito... ¡Y no quiero andar probando ni una tontera más!
Las mujeres que tipicamente resolvemos, no nos sentimos limitadas. Y si lo estamos, no paramos a pensar en las dimensiones de nuestra incapacidad. Sencillamente, lo solucionamos. A lo mina, o aprendiendo de ellos. Da igual. Ese podría ser el secreto. Hacemos lo que queremos, y puestas a prueba ¡PODEMOS! Además somos capaces de hacerlo tan bien (o tan fácil) como los hombres. Ellos -en cambio- hay cosas que no podrán hacer como mujeres, jamás.
¿Por qué sorprenderse, entonces? Siempre he sido chora y autosuficiente, me pago la cuenta, y toda la webá. Pero creo que pocas veces me había puesto en evidencia de esa manera. Tal vez todas mis señales de independencia, no hayan sido más que una máscara. Una necesidad consciente de decirle al mundo que me la puedo. Y me di cuenta de que la cosa no es vivir con "la cruz de la independencia". Es empoderarse. Que sea una sorpresa constante. Para ti y para el resto.
En ese momento actué y ni lo pensé. Recurrí a una herramienta (que me enseñaron hombres, por cierto) para mí, súper natural. Realmente soy sola, y vivo perfectamente con mi soledad. Si dejo que me paguen la cuenta es porque a veces me gusta que me regaloneen. Y está bien que lo haga, para eso soy mina ¡Y no quiere decir nada más!
Los niños no pudieron reírse más. Y no era una burla. No sé si se entiende... Se sintió como chochera. Para ellos fue impresionante, y con razón, quizás. Ni chiste, ni “no se te ocurra hacerlo de nuevo”. No. Fue más como un “ella puede, deja que la ayuden, pero puede”. Y eso se sintió increíble! Ni siquiera voy a discutir las implicancias de este hecho, en las OTRAS áreas. Como el momento en que no se puede ser fuerte, y quieres que te cuiden un poquito más. Ahí queda un poco la cagada, pero es harina de otra entrada… o costal.
La cosa es que al bajar del auto, escuché un "¿Puedes bajar tu bolso?" A lo que contesté, "sí tranquilo". El taxista gritó entre risas, "Si es capaz de chiflar... no me cabe ninguna duda!" Bueno pues, muchachas lindas: llamen al taxi como los niñitos, páguense la cuenta y vayan a donde les baje la webá. Los tacones y faldas de dama -efectivamente- nos definen. El secreto está en que lo llevemos dentro. Hagamos lo que hagamos, las apariencias no engañan. Seamos independientes, pero seámoslo ¡DE VERDAD!










