Jugar con (tu) fuego
Vos, que podrías convencer a quien te propusieras
Yo, tan desconfiada
Vos, que me buscas
Yo, que dije que no me encontrarías
Vos, tan confiado
Yo, tan inmune a tu autoestima
Vos tan, “Cuidado, te podes enamorar”
Yo, tan “Lo tengo todo bajo control”
Y jugué con fuego, me sometí y ahora me estoy quemando. Jugué, el juego del amor. Ese amor ambiguo que no es amistad pero tampoco noviazgo. Donde jugamos a ser novios sin serlo. Donde te agarro de la mano y me besas. Donde hay pasión. Pero de repente, un día esa pasión toma otra forma, una más tierna. Donde estamos acostados pero no sólo “tuvimos sexo”. Donde tuvimos sexo con amor, donde acaricié tu pelo, tu cara, tus labios. Donde acariciaste mi espalda, cálido, debajo de mi cuerpo.
Vos, con tu coraza tan grande, te habías desnudado. Esta vez habías desnudado tu alma, mostrando tu sensibilidad tan oculta. Sin embargo, luego de toda esa ternura susurraste: “No nos enganchemos, esas son las reglas”
Y entendí que quién con fuego juega, acaba por quemarse.














