"Yo pienso y escribo rodeado de flores. En esta época, rosas y peonías. El jarrón, este florero, estaba hace seis horas sobre mi escritorio. Esta rosa estaba sobre mi escritorio. Mis flores me protegen. Sin flores, no puedo pensar. Ahora acaba de empezar la temporada de peonías. Por eso hoy es un día tan hermoso. Tengo una fragante habitación de flores, de la que rara vez salgo. Apenas viajo. Hoy he hecho una gran excepción. He salido de mi habitación de flores protectora. Y, si he podido hacerlo, es porque mis flores me acompañan. Yo apenas viajo. Tampoco las plantas y los árboles viajan. Ojalá fuera una planta. A ser posible, una peonía. Creé mi habitación de flores antes de descubrir que Claude Debussy también tenía una. Componía rodeado de flores, no solo en verano, sino también en invierno. De hecho, su música huele a flores. Me esfuerzo muchísimo —y voy a seguir haciéndolo— en conseguir que también mi pensamiento huela a flores. En ellas está la verdad. Voy a revelarles cuál es mi segundo nombre: acónito de invierno, una planta que atrae a las abejas y a las mariposas en las primaveras gélidas. Ese es mi segundo nombre, naturalmente en latín. Yo mismo me llamo también, al menos para mis adentros, Eranthis hyemalis. El acónito de invierno sueña con las mariposas, se deja llevar por las alas de las mariposas. Qué hermosa es la traducción al español de la palabra Schmetterling: mariposa...".
Byung-Chul Han, La tonalidad del pensamiento, en Trilogía de las conferencias. Traducción de Lara Cortés Fernández. Editorial Paidós.
















