Las contó, le faltaba una.
Lloró, y desesperado la buscó por todas partes. Y ahí estaba, en medio del lodo. Indefensa, débil, a la mano de cualquier lobo rapaz.
La cargó, le curó sus heridas, ahora estaba a salvo. No había lugar más seguro que el calor de sus brazos amorosos.
La historia cambiaba de ahora en adelante. ¡Qué alegría contar con alguien que te ama, te cuida y te busca!
Esa oveja eres tú, esa oveja soy yo.







