Una inmaculada caricia que al roce de tus dedos purifica mi alma, clarea la noche y está se vuelve virgen con el tacto de tu mano que ligera vuela por el relieve de mi espalda.
En cada espacio quedó llena de ti, en cada lunar alunizas tu beso y reclamas tuyo el territorio de mi dermis. Descubres que tienes el poder de que mis piernas tiemblen y me vuelva escalofríos de pies a cabeza.
Leregi Renga













