Ella atraviesa el tiempo como atraviesa el polvo los espacios. Sus combates renacen el instante en que los cielos sin peso fueron levantados y fueron destruidos. Para ella las flores, el adiós, la sonrisa, la aflicción que no acierta, lo hiriente y lo amoroso. Para ella el olvido, el no mirarla nunca destruir el espejo, devorar el silencio, arrinconar el mundo. Para ella los brazos, los metales más puros, los signos, el lamento, que todo esto alcanza a dejar que su canto penetre hasta las hondas claridades del cuerpo.
Gastón Baquero













