Los 12 números de un TeleKino o un 1 en un millón.
Purple Rain suena en mis oídos y me pongo a pensar, una vez más, en el tema de conversación de los últimos días. Conexión. Y qué difícil que es conectar. Porque cuando conectamos, a veces desconectamos. En tiempo. Circunstancias. Formas de pensar. Sexo. Piel. Y acá seguramente más de uno se quedó. Pausa. Y la mente vuela a ese lugar. Porque ya no tenemos quince, donde lo único que te mueve es el amor. Platónico, hormonal, despreocupado. Sediento de chapar ¿Con lengua? -Sí. Porque la palabra ya no es amor, sino conexión. Que para mí se forma de la mezcla de las dos. Como Internet. Dani, mi amiga que vive en Bali (y esto es importante de aclarar) me dice ayer - Luli, vos conoces al 0,0005% de los hombres con quienes podrías estar en el mundo. Y eso es verdad. Y yo pensaba así. De forma práctica ¿Qué tan difícil puede ser? Pero hace poco, me di cuenta lo complejo y no de encontrar, sino de entre tantas personas, conectar. Que no es más que, uno más uno dos, pero que entre esos dos, tiene que pasar un montón. Un montón, de ceros y comas, que desaparecen para ser uno. Uno, que hasta uno mismo, se es difícil de encontrar. A veces pienso que hay más probabilidades de pegarle a los doce números de una suerte al azar que encontrar. A esa persona, al azar. Y entonces, si te dieran a elegir ¿Qué harías? Pegarle a esos doce números o encontrar. A esa persona entre medio ceros y comas o ganar un número con muchos más. Y yo me quedo en cero pero con ese uno en un millón.









