1300 km en Motorhome y un viaje que se intenta resumir como a un sanguche de tortilla.
Este post va a ser algo así como comerse un sanguche madrileño de tortilla. Donde se intenta resumir las ganas de muchas cosas en una sola. De hecho, para mi, el mismo se crea a partir de la excitación de no saber qué comer o por dónde empezar y donde un increíble ser, en el afán de querer huevos revueltos, papas, chorizo y por qué no, un sanguche, crea este maravilloso plato. He aquí, entonces, el mío, junto a mis ganas de contarles todo, entre medio de un gran pan casero, de cáscara dura, con mucho ajo y porqué no, con un poco de mayoliva.
Dos puntos. Los que me conocen saben que uno de mis sueños siempre fue viajar en motorhome. Llámese motorhome a cualquier vehículo de rodado mayor a 3.500 kg., que sea apto para viajar y dormir. Convengamos que siempre que uno piensa en esto, no piensa en el rodado, sino en la típica furgoneta VW celeste o verde agua o en Into the Wild. Y porque no, en un mundo ideal, en una así pero en perfecto estado.
En un comienzo en mi mente también era así. Hasta hoy o ayer, cuando decidimos empezar este viaje.
Portugal, a diferencia de otros típicos destinos turísticos, siempre fue un destino en nuestras mentes. La costa de Portugal o la aurora boreal de Islandia. Por clima y por tiempo, empezamos por Portugal. No menor, nunca menos.
Una amiga de él, había hecho casi el mismo viaje en motorhome y ahí comenzó todo. Mi mente no lo podía creer hasta que la ví. Cuando hable de ella, sepan que es el motorhome. Llegamos a la conclusión de que era mujer a pesar de que nunca fue llamada por un nombre. Ustedes dirán, pero es “el motorhome”, sí, pero era “la camper” y siempre, para nosotros, fue mujer.
Bueno, antes de eso, antes de ser ella, cuando empezamos a buscar, vimos furgonetas de todo estilo y color, hasta que la lista se resumió a dos. Por un lado, las hermosas furgonetas “Pura Vida” (http://www.puravidacampers.com/) donde desde la web, hasta la presentación de ellas con sus nombres y estilos, te enamoran y por otro lado, teníamos a CampiLider (http://www.campilider.com ) que cada vez que la nombrábamos, a mi se me venía a la mente y no me pregunten por qué, el maravilloso video de “hebraica pilar”. Estas últimas, con menos romanticismo que las primeras, pero mucho más equipadas y cómodas a la hora de viajar. Porque a la hora de hacerlo, tenés que pensar que ahí, además de viajar, vas a comer, dormir y de ser posible, bañarte y con suerte ir al baño, aunque sea para hacer el número 1. Algo no menor para una persona que se despierta 1 o 2 veces al baño a la noche. REAL. No puedo seguir durmiendo sino.
Una vez que ya teníamos este short list, dimos unos pasos atrás, y acá es cuando viene la parte en la que evaluás la posibilidad de hacer huevos rotos en vez de tortilla, entonces nos sentamos frente a la computadora nuevamente y nos pusimos a sacar números y a pensar si, alquilando un auto y sacando hostel, nos era más barato. Eso no duró mucho y volvimos a la idea de la tortilla, ya que, como en tal caso, vimos que poniendo un poco más de huevo y unos euros, no muchos más, nos podíamos dar el “lujo” y pongo esto entre comillas, de hacer esto posible. Y así fue.
CampiLider. Allá íbamos a su encuentro. Rentamos, me encanta esta nueva palabra, una camper, otra nueva palabra, enorme pero más chica que la tamaño familiar o que que la Pluss. Porque había un tamaño PLUSS. La nuestra, la Class Comfort, una camper que cualquiera que la viese, se podía imaginar arriba, a una pareja de yankees con chalecos al mejor estilo pescador y pullovers entramados. Aún así, ella era perfecta e iba a ser nuestra por los próximos quince días. Apenas la vimos, nos enamoramos. De ella, de lo que iba a ser nuestro viaje y más, de nosotros. Y sabíamos, por sobre todo, que la íbamos a tunear y a llenar de cosas, bien a nuestro estilo. Y así fue.
Antes de darle arranque, nos explicaron todo. Cómo funcionaba la ducha, cómo vaciar el agua de la misma, como funcionaba el inodoro, como se vaciaba y se recargaba y el producto que había que echarle, una vez que lo volvías a llenar. Teníamos una heladera, chica y con congelador, y estas no son palabras mías sino del capo que nos la rentó, para las birras y el helado. Teníamos y escuchate esta, televisor con DVD, un asiento doble y los asientos del piloto y el co piloto se giraban para ser más y sumarse, a la mesa del “living” ¡Maravilloso! diría mi amiga Rosa. Y antes de irnos, le dimos una vuelta, junto con el capo, para anotar las cosas que la camper tenía: como ser rayones o cositas, para que a la hora de devolverla, no te quiten el depósito que pusiste, que la verdad, era en dólares y un montón.
Con cara de feliz cumpleaños, dos espejos retrovisores del tamaño de los dos paquetes de yerba Playadito que llevábamos, que duraron hasta que el termo se me estalló en mil pedazos y dos chips portugueses para las rutas y Spotify ¡Clave!
Su andar era hermoso y las rutas, que acá llamamos autopista, se abrían entre paisajes de montañas y construcciones prolijas de techos terracota y plantaciones de todo tipo.
Nuestro viaje arrancó en Porto o Oporto y terminaba en Faro. Partimos de Porto pero a él, lo dejamos para hacerlo al final ya que a la camper no la podíamos devolver en otro lado que no sea el mismo en el que la habíamos levantado. Para que se hagan una idea, todo nuestro viaje, ida y vuelta con paradas incluidas, iba a ser y fue, de unos 1300 km. Algo que para ellos era una locura cada vez que lo contábamos y para nosotros, una papa hervida. Pensar que a Aveiro, que fue nuestro primer destino, lo teníamos a tan solo 72 km. y el trayecto más largo que hicimos sin parar fue de 400 km, algo que cualquiera de nosotros hace acá, en Argentina, para llegar a la primer ciudad con Playa.
Y entonces llegábamos a Aveiro. Como lo llaman ellos, la venecia de Portugal. Una ciudad pequeña de estudiantes, donde los Universitarios de último año, al igual que en Coimbra, usan túnicas negras. Estas se usan en épocas festivas y sobre todo, cuando estos les hacen los rituales de iniciación a los entrantes. Una serie de rituales donde los de último año se hacen los capos y los entrantes la pasan como el orto. Tuvimos la oportunidad de ver este divino ritual y es por esto, mi tan sutil y mal hablada descripción.
Volviendo, Aveiro nos recibió increíble. La camper la estacionamos sin problema y todo nos quedaba cerca, entonces, nos dispusimos a empezar a comer.
Probamos ovo mole, el dulce típico de la región, una mezcla de huevo, por no decir la yema, con azúcar. No parece atractivo así como te lo cuento, pero por favor, si vas, no dejes de probarlo. Puedo decir que entra en el top 5 de las cosas ricas que probé en el viaje. Es más, me comí dos al hilo sin dudarlo.
Todo en Portugal es rico. Ojalá no seas vegetariano y eso que mi mejor amiga lo es y la respeto ¡Pero el pescado! Por Jisus Crais. Pescado de todo tipo y a todo, toooodo, le ponen una cantidad de ajo maravillosa.
Al día siguiente partimos para Óbidos, la ciudad amurallada y al lado de la muralla, aparcamos nuestra camper. Por suerte siempre, casi, encontramos lugar gratis para estacionarla y siempre, al lado del monumento o lugar representativo de la ciudad. La muralla, nuestra camper. El Palacio de Pepito Flores, nuestra camper. El Museo, nuestra camper. El Mar y sus acantilados, ella. Y nosotros.
Óbidos es hermosa. Una ciudad antigua, con calles angosta y mierda que Portugal las tiene. Caminamos por la muralla de punta a punta, comimos chocolate en el mes que se celebraba al mismo, tomamos ginja en vasitos de chocolate, comimos pulpo y pastel de nata. Comimos y tomamos. Caminábamos, comíamos y tomábamos. Decí que caminábamos y mucho.
Tus glúteos y piernas se fortalecen con cada subida y descansan con cada bajada. Las escaleras tienen miles de escalones y descubrís rincones a la vuelta de cada esquina. Los portugueses son súper amables y hacen lo posible para que los entiendas. Se puede decir que están al servicio de los turistas, porque se dieron cuenta, que Portugal, está empezando a ser un nuevo destino turístico.
Nuestros cuadernos empezaban a llenarse de anotaciones, etiquetas de quesos, hojas y flores. Así mismo la camper. Del espejo ya colgaba un pequeño chile picante, con el que se hace la salsa llamada Piri Piri y una hoja de Laurel. Más tarde, en nuestra próxima ciudad Ericeira, le sumábamos a esto, una hermosa muñeca Ula Ula, que se movía con el andar, una cortina de plantas y un florero hecho con la botella de “Super Bock” (la cerveza del pueblo) ubicado en el porta vaso, al cual le íbamos cambiando las flores a medida que se iban poniendo feas.
Ericeira, un pueblo pesquero, con playas increíbles y el mar más frío que he tocado. Pero el tiempo nos acompañó como un campeón y después de un rato haciendo Yoga y sin sombrilla nos animamos a él. Una sensación hermosa de pinchazos violentos que al salir tu cuerpo lo agradecía. No saben, no se dan una idea, los caracoles enormes y perfectos que te regalaba ese mar. Sus barcos estacionados al costado del mismo te regalaban un olor a puerto que a mi, personalmente, me encanta. Casas de costa blancas y azules y azulejos que se mezclaban con una seguidilla de casas en tonos pastel, que ningún diseñador gráfico recibido de la UBA podría haber combinado mejor. Creo que nunca saqué tantas fotos de casas, nunca miré tanto para arriba, ni me sorprendí tanto con los olores.
Podría describir a Portugal con tres o cuatro olores. Ajo, café (aunque no tomes, tomarás expresso después de cada comida) y jazmín. Podría decir que Portugal es aceitunas y eso que no me gustan tanto, pero mierda que tienen las mejores aceitunas negras del mundo. DEL MUNDO.
Dato de color, todo lo que te traigan antes de la comida, como ser mucho pan, aceitunas y quesos, te lo cobran. Pero no es tanto y vale la pena.
Y así, como esto y otras tantas, tengo un montón de cosas para contarles y de hecho quien quiera escribirme por privado lo haré con gusto y sin problema, pero no quiero hacer de este sanguche un plato pesado que no puedan, ni quieran volver a elegir.
Puedo decirles que Portugal puso una bara muy alta y difícil de superar y que viajar en motorhome es una experiencia que volvería y estoy segura que repetiremos.
Tengo coleccionables anécdotas de la misma, de ella y de nosotros. Como ser, otros dos puntos. Un día en Lisboa, después de una hermosa charla y cena con un amigo de él, que vive ahí hace diez años, llegamos a donde estaba estacionada nuestra camper y nos encontramos con un charco enorme de agua, luces, policía y dos autos chocados a cinco centímetros de nuestra camper. En ese momento pensamos que nuestro viaje había llegado a su fin. Que obviamente habían ido a parar contra ella, siendo el fin del viaje y de nuestro depósito ¿Cómo carajo íbamos a hacer para abordar esa situación en portugués?
A cada paso que nos acercábamos, íbamos descubriendo más la escena. Finalmente, cuando llegamos, milagrosamente, a nadie le había pasado nada. Ni a las chicas que habían chocado, ni a la camper, que reinaba en la Avenida, sola, frente al castillo, a cinco centímetros del accidente.
Y como esas, hay miles. Como ser, acostumbrarse a dormir a 45° por la inclinación de sus calles o como nos dejaron entrar, sin pagar, al Palacio de la Regaleira, después de que al guardia le diésemos lástima por haber llegado diez minutos tarde por habernos tardado veinte en poder estacionar la camper. Y hablo en plural, porque me convertí en una Master of the Universe en dar indicaciones desde abajo, tanto sea para salir o estacionar. Al principio costó. Lo acepto.
Y todo esto se resume en que. Viajar es conocer y conocerse. Viajar es comer y tomar cerveza todos los días. Es crecer. Es probar sabores nuevos, como el Gula, un pescado increíble. Es comer sanguche de tortilla o rabas y conocer, para nosotros, todos y cada uno de los jardines botánicos. Es visitar a amigos y que ellos te recomienden lugares increíbles y bizarros como fue en Madrid, “El Toni2”, lugar altamente recomendable y lleno de magia.
Viajar es saber utilizar la plata que con esfuerzo supiste ganar y mandar postales a personas que te ayudaron a hacerlo posible. Gracias a ellos, hoy puedo contar que cumplí un sueño. El sueño de viajar en un motorhome, por la costa de Portugal, con la persona que más quiero en el mundo.