
seen from China
seen from Belgium
seen from United Kingdom

seen from Canada

seen from Belgium
seen from United States

seen from Philippines
seen from Nepal
seen from Singapore
seen from Palestinian Territories
seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from Myanmar (Burma)
seen from Canada

seen from Belgium
seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from United States
¡A la Cochinchina!
Nos vamos a la Cochinchina. Porque nos vamos muy lejos y también porque nuestro viaje de seis meses empieza precisamente allí, en la Cochinchina (que resulta que es así, sin ene), la región que ocupa el delta del Mekong.
Nos vamos por la promesa de las maravillas que esperan y por las que ni siquiera imaginamos. Por el sabor del Pho Bo, por los dragones de Komodo, por el tiempo detenido a la sombra de una palmera playera, por los paraísos a los que se tarda en llegar, por las selvas de Borneo (y los cráteres del mar y los anillos de Saturno), porque queremos poner los pies en esa isla que está en un lago que está en una isla que a su vez está en un lago que está en una isla, por el viento en la cara a bordo de una moto y porque “islas Molucas” suena a pura aventura.
Nos vamos porque, como decía Marguerite Yourcenar en Opus Nigrum:
“¿Quién puede ser tan insensato como para morir sin haber dado, por lo menos, una vuelta a su cárcel?”
Nos vamos porque hemos trabajado para irnos, y también porque tenemos la suerte de poder irnos. Nos vamos porque estamos rodeados de gente a la que le encanta que nos vayamos y que no nos ha dejado flaquear ni un segundo. Nos vamos porque es el siguiente paso de nuestra historia, y está siendo una historia preciosa.
Nos vamos porque a lo mejor si esperamos se nos hace más difícil. Nos vamos porque da mucho miedo no hacerlo. Nos vamos porque lo hemos pensado sólo lo justo. Y porque hemos visto muchas veces este vídeo:
Pero sobre todo nos vamos porque, de vez en cuando, hay que parar:
“Sin embargo, se sentía muy cerca de sí mismo; tal vez porque, para sentirse vivo, lo primero que el hombre debe hacer es dejar de pensar que va a alguna parte. Es preciso detenerse del todo, olvidar todos los objetivos. Hay una voz que dice: ‘espera’, pero normalmente no la escuchamos porque si le hacemos caso podemos llegar tarde. Por otro lado, si nos detenemos, tal vez al ponernos en marcha de nuevo, descubrimos que vamos en una dirección distinta, lo que también resulta una idea aterradora. Porque la vida no es un acercarse o alejarse de algo; ni siquiera es un movimiento del pasado hacia el futuro, ni de la juventud a la vejez, ni del nacimiento a la muerte. El total de la vida no equivale a la suma de sus partes. Equivale a cualquiera de sus partes, pero no hay suma… La vida no precisa ser clarificada ni justificada. Desde cualquier punto de vista que enfoquemos la cuestión, el resultado es el mismo: la vida por la vida, el hecho trascendente del individuo vivo. Entretanto, comemos.”
(En Déjala que caiga, de Paul Bowles)