La Idea de Democracia en Venezuela
Por Jassir Y. Heredia B.
Actualmente la democracia se enfrenta a grandes desafíos, hoy día no podemos seguir viendo a la democracia solamente en stricto sensu, como una forma de organización del estado donde el pueblo toma las decisiones colectivas ejerciendo su derecho a participar mediante el voto, sino que tenemos que ir mas allá, y es que dentro de la teoría política actual se estudia cada vez mas el concepto de democracia de calidad, o dicho en otras palabras, se estudia no la democracia en sí, sino la calidad de la democracia.
Que un sistema o régimen sea democrático, no quiere decir que estemos en presencia de una democracia. Guillermo O’Donnell, politólogo argentino y gran estudioso de la teoría de la democracia, lo explicaba claramente al establecer que “un régimen democrático es un componente fundamental de la democracia, pero no agota su significado” y es que además del sistema, debemos tomar en cuenta los diferentes grados de democracidad. En esas dimensiones o grados, nos encontramos por ejemplo con la participación, el régimen democrático, la ciudadanía, los derechos humanos, la legitimidad, el estado de derecho que incluye la eficacia del sistema legal y la independencia del poder judicial, la protección al derecho de propiedad, la representación política, la capacidad efectiva del gobierno, y la rendición de cuentas, que a su vez incluye el índice de percepción de corrupción y libertad de prensa, entre otros elementos.
La historia de la democracia en Latinoamérica es de reciente data, en Venezuela se puede contar apenas desde 1958, y en todas estas décadas muchos han sido los cambios. En aquel entonces se estudiaba la transición entre la dictadura y la democracia; ahora, en un nuevo siglo, en un nuevo milenio se hace necesario mirar la calidad de esta democracia.
En el informe ¨La democracia en América Latina del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se afirma que América Latina presenta actualmente una extraordinaria paradoja. Por un lado, la región puede mostrar con gran orgullo sus décadas de gobiernos democráticos, pero por otro, enfrenta una creciente crisis social. Se mantienen profundas desigualdades, existen serios niveles de pobreza, el crecimiento económico ha sido insuficiente y ha aumentado la insatisfacción ciudadana con esas democracias –expresada en muchos lugares por un extendido descontento popular–, generando en algunos casos consecuencias desestabilizadoras. En el mismo informe se afirma además que casi el 50% de los latinoamericanos y lainoamericanas decían preferir someterse a una dictadura que les garantizase empleo y salario suficiente a vivir en una democracia que no los sacara de la miseria. Adicionalmente, la democracia es vista como una forma de desarrollo humano, porque a través de la política, y no solo de la economía, es posible generar condiciones mas equitativas y aumentar las opciones de las personas.
Ahora bien, ante la pregunta de si existe democracia en Venezuela, ¿Qué podemos responder? En un marco teórico conceptual la respuesta va a depender de mi ideología, porque es esta ideología lo que realmente quiero defender, a menos que sea un verdadero analista imparcial de la situación, caso en el cual tendría que analizar cada uno de los elementos de la democracidad. ¿Es el poder judicial en Venezuela imparcial?, ¿cómo es la percepción de corrupción? ¿hay desigualdad social?, ¿hay una capacidad de respuesta por parte del gobierno en la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos y las ciudadanas?, ¿se protegen los derechos humanos?. Estas son algunas de las preguntas que hay que formularse para tener una respuesta mas clara respecto a la democracia en Venezuela y como siempre, a cada quien le corresponderá responderse.
“Es verdad que podemos votar. Es verdad que podemos, por delegación de la partícula de soberanía que se nos reconoce como ciudadanos con voto y normalmente a través de un partido, escoger a nuestros representantes en el Parlamento. Es cierto, en fin, que de la relevancia numérica de tales representaciones y de las combinaciones políticas que la necesidad de una mayoría impone, siempre resultará un Gobierno. Todo esto es cierto, pero es igualmente cierto que la posibilidad de acción democrática comienza y acaba ahí. El elector podrá quitar del poder a un Gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto no ha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la única fuerza real que gobierna el mundo, y por lo tanto, su país y su persona: me refiero, obviamente, al poder económico, en particular a la parte del mismo, siempre en aumento, regida por las empresas multinacionales de acuerdo con estrategias de dominio que nada tienen que ver con aquel bien común al que, por definición, aspira la democracia”.
José Saramago














