La transverberación
El amor era el mito que me gustaba contar para explicar el origen de algo. En este momento es una religión en la que creo con ciega fe, a veces asisto a su templo solo para implorar un milagro, le rezo cuando no encuentro otra solución y peco usando su nombre en vano. Antes de ti me dedicaba a caminar en un sendero sin fin, a ratos muy despreocupada, otras veces perdidamente desesperada. No fue hasta que la anunciación se hizo presente, una ráfaga de luz que inflamó mi corazón me dijo que algo profético estaba por ocurrir. Años atrás hice la comunión con esperanza y certeza de haber encontrado un lugar en el que podía llegar y arrodillarme como virgen dolorosa pidiendo que por favor Dios me salvara de la soledad y cuando vi, decepcionada que nada podía apiadarse de mí, fui descomulgada y desterrada de un reino sacramental, un reino donde todos aman sin importar qué, cómo o cuándo. Yo, una atea desconfiada de todo decidí no volver jamás cuando fui desamparada. Ahora sin esa banda en mis ojos veo con claridad cuando los fanáticos religiosos te dicen cómo vivir el amor y para ellos solo es verdadero creyente aquel que sacrifica su libertad por salvar al otro, para mí no es así y por mas que yo quisiera no puedo obligarte a que me quieras como me gustaría que lo hicieras, no de la forma que ellos nos han dicho que debería ser: regalándome flores, dedicándome canciones o venir a casa sin avisar. Quizá tu pecado fue idolatrar a las vírgenes equivocadas, las que nunca te cumplieron un solo milagro a pesar de que le dedicabas tiempo a tu veneración. Es difícil entender como comulgas ante esta religión, muy distinta a la forma que yo aprendí y duele cuando tu prioridad no es adorarme.
Después de un tiempo inmersa en el paganismo, bajo el yugo penitenciario entendí que el amor es un libre albedrío, unos se entregan conservadoramente, otros lo hacemos como creemos que es mejor, otros siguen sin tenerlo claro y atentan contra lo divino, libertinos. Pido por ti cuando leo poesía en voz alta, cuando admiro el arte que te gusta, cuando escucho la canción de tu grupo favorito, cuando tomo tu mano para comenzar a caminar, cuando hablo de ti y como te conocí, cuando desbordo de placer bajo tus manos. Vuelvo a creer fiel y pasionalmente, los estigmas del pasado abrieron nuevamente en mi pecho y me convulsiona el éxtasis de amor puro y libre. Ahora sólo suplico que me digas ¿como rezas tú a este dogma? desfallezco por saberlo, imploro que pares ya el sufrimiento de la esclavitud que genera la idealización, librame de todo mal para estar lista en el momento de mi asunción, y así entregarme al paraíso en cuerpo y alma sin miedo, hasta entonces, sin dudarlo un segundo me confirmaría en este sacramento.









