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Dulce maternidad
A finales de Septiembre Dulcinea llegaba a casa tras un fin de semana largo, a pesar de estar muy cansada y aún mareada de la ebriedad que iba en bajada, fue a donde su madre la llamaba. Ella bostezando, deseando con cierto nerviosismo que su madre al mirarla no adivinara por lo oscuro de sus ojeras y la hinchazón de su cara, la fiesta que había tenido dos días antes. Caminaba hacia ella con tal preocupación sin saber qué cosa le reclamaría esta vez, al llegar al cuarto ya tenía una excusa preparada para justificar su aspecto, por poco le temblaba la voz, el corazón le latía fuertemente, esa señal de alerta que a todas las niñas buenas, “de casa”, sienten cuando se debe mentir a su madre, aún si no se hizo nada malo más que intentar vivir la juventud y disfrutar de la edad en que no hay demasiadas responsabilidades, cuando tu única preocupación es intentar llenar las expectativas de tu madre. Al llegar al cuarto, le esperaba algo peor.
A finales de Septiembre Dulcinea llegaba a casa tras un fin de semana largo, a pesar de estar muy cansada y aún mareada de la ebriedad que iba en bajada, fue a donde su madre la llamaba. Ella bostezando, deseando con cierto nerviosismo que su madre al mirarla no adivinara por lo oscuro de sus ojeras y la hinchazón de su cara, la fiesta que había tenido dos días antes. Caminaba hacia ella con tal preocupación sin saber qué cosa le reclamaría esta vez, al llegar al cuarto ya tenía una excusa preparada para justificar su aspecto, por poco le temblaba la voz, el corazón le latía fuertemente, esa señal de alerta que a todas las niñas buenas, “de casa”, sienten cuando se debe mentir a su madre, aún si no se hizo nada malo más que intentar vivir la juventud y disfrutar de la edad en que no hay demasiadas responsabilidades, cuando tu única preocupación es intentar llenar las expectativas de tu madre. Al llegar al cuarto, le esperaba algo peor.
Su madre le mostraba un pequeño pollino de apenas tres meses de nacido como “regalo” para la ansiedad que comenzaba a notar en Dulcinea luego de la pandemia. Ella mostró descontento casi al instante, quejándose para sí y pensando en las horas semanales que perdía limpiando las heces de otros dos perros. No entendía cómo, aún con el trabajo que implica cuidar a un animal, se atrevía a traer otro a casa. Rucio, se acababa de convertir en el hijo no deseado y eso, era solo el comienzo de una serie de dolores de cabeza y remordimientos. Pero como hacía Dulce cuando algo no le gustaba, fue hacer la jeta máxima que dejaba ver el odio que sentía cuando le adjudicaban una responsabilidad más y encima, una que ella no había pedido nunca. Se limitó a no decir nada porque en el fondo se sentía culpable de no querer aceptarlo, sólo pensar en el remordimiento que le daría regresar un ser vivo le causó tanto repele que prefirió, otra vez, guardarse lo que pensaba mientras que a su vez notó que un nudo en el estómago aparecía. Los días pasaban y las cosas no iban bien entre Rucio y Dulce. El hecho es que, en medio del duelo, Borrico llegó a casa al instante, con la misión de sanar el dolor que la madre había sentido por la pérdida de un Chihuahua. Borrico es de la misma pareja de burros, pero de una camada anterior, la dueña se dedicaba a embarazar a la burra y vender la camada entera, ese era su negocio. He ahí el porqué de no querer regresarlos ¿Qué les depararía en un hogar donde sólo se consideran mercancía? Con Borrico todo fue sencillo, él llegó a brindarle amor a la madre, el consuelo que necesitaba y del cual carecía por parte de sus hijas. Y es que las cosas se dieron así quién sabe por qué, pero en la familia el afecto físico es muy limitado, casi como un ritual que sólo se celebra en cumpleaños o navidades. El espacio personal siempre se ha marcado mucho, al menos en Dulcinea, quien su lenguaje de amor principal con su madre no es físico. Pero sí es complicado. Borrico es sobre todo bastante taciturno, tímido y muy obediente, nunca necesitó algún entrenamiento pero entendió rápido los límites. Con el tono de voz sabía dónde sí y dónde no tirar las heces, no rompía las cosas y siempre busca ser acariciado, creció tranquilo y así como para Dulcinea fue difícil la llegada de Rucio, también lo fue para Borrico porque interrumpió toda calma.
Rucio era miniatura pero eso nunca lo detuvo para ser valiente, escalaba y bajaba con facilidad las montañas, nunca le tuvo miedo a la confrontación ni a escuchar un no. Desde el principio marcó su territorio y estaba dispuesto a despojar de todo rastro a Borrico, con el pasar del tiempo creció y cada vez era más indomable, aunque en unas cosas obedecía, en muchas otras nunca aprendió a ceder. Mientras más crecía, la parte de su pecho se hacía más prominente, como si quisiera hacer notar su fuerte presencia y el espíritu rebelde que lo caracterizaba. Rucio además es feo, nació con una costilla extra, con la cola incompleta donde al final se arremolina en una bolita de carne, también nació con unas enormes orejas. Es esa fealdad que lo vuelve tierno. Pero como todo ser que aparenta fortaleza, pronto se desquebrajó su carcasa y demostró su lado vulnerable, eso marcaría la fuerte dependencia de Rucio a su madre forzada, Dulcinea. Comenzó cuando Rucio aún era pequeño, jugando, Dulce nota que a él le molestaba el aire que entraba por sus orejas, se rascaba, se hacía bolita y pataleaba, por alguna razón que en ese momento no pareció más que un juego inocente, ella comienza a molestarlo soplándole las orejas y disfrutaba de hacerlo enojar. Este juego se repitió un par de veces más hasta que una noche antes de dormir, ella se percata que Rucio no dejaba de sacudir la cabeza y rascarse las orejas incontrolablemente, ya se le pasará, pensó ella. Lo lleva a su cama y con mucha dificultad, logran dormir. A la mañana siguiente, Dulce despierta sobresaltada cuando siente a Rucio quejarse, ella levanta sus cobijas para dejarlo salir y lo que vio a continuación fue muy desagradable. Tenía puntos rojos, casi morados dentro de sus orejas. Ella se levanta rápidamente para cambiarse y lo lleva casi corriendo al veterinario, pasados unos minutos les informan que Rucio tenía paperas, que estará bien pero que sucedió por las defensas bajas y la falta de una vacuna, le receta medicamento que se suministraba vía ótica. Fue muy complicado que el pollino dejara suministrarse el líquido y cada día era una lucha de poder entre un animal y una persona que querían controlar todo a su manera, esa fue la primera vez que Dulce nota las similitudes entre los dos e incluso, nota como ella se comportaba igual a su madre cuando estaba a cargo de alguien.
La convivencia era cada vez mas tensa, la casa se volvió una cuna de regaños sobre Rucio, no puedes hacer eso, no vayas allá, no entres ahí, no comas esto, no te quejes, no llores, no nada. El burro comenzó a enfermar lentamente, Dulce no sabía que sufría en silencio hasta que comenzó a notar que las heces de Rucio eran fétidas y pegajosas, incluso más oscuras. Era el resultado de la represión. Mismo que Dulce alguna vez sintió cuando de pequeña su madre le dijo “si no te preguntan algo, entonces no hables”. Rucio fue llevado al veterinario de nuevo, ahí le mencionaron que tenía un problema del colon por estrés y mencionaron que eso muchas veces se debe a los constantes regaños o momentos de tención en su cotidianidad. Dulce, quien es la que estaba a cargo, no pudo evitar sentirse juzgada cual madre cuando le dicen cómo tratar a sus hijos, en ese momento aguantó el llanto hasta salir del consultorio, comenzó a pensar que esto ya no era una casualidad, que aunque su madre y ella se amaban, se tenían confianza, comían, salían y reían juntas a menudo, al final quedaba una herida de abandono y por mucho que la madre haya intentado remediarlo era difícil olvidar las veces que le gritoneaba cuando de niña le ayuda hacer la tarea, cuando el estrés de estar tarde para estar en algún lugar se volvía la ocasión perfecta para tensar el hilo que las unía. Se preguntó si todo este descargue de energía se justificaba con su ausencia en casa por estar trabajando y estudiando día y noche. Yo creo que no, pero ¿quién les enseña a las madres a ser madres? No, esto que pasaba con Rucio no era una casualidad, era un patrón. Que duele y arde, pero que sana cuando llega a entenderse.
A partir de ahí, Dulce intentaba no mostrar su ira cuando Rucio hacía algo que no le gustaba (ella siempre modificando sus límites para no incomodar a los demás) y al mismo tiempo, con mucha paciencia le daba el medicamento recetado en el que cada 12 horas se repetía la lucha de rasguños y mordidas. El metronidazol para animales es un medicamento fuerte, podía escuchar el estómago de Rucio retortijando por la noche, tronaba como cuando se acerca una tormenta. Esto de la colitis jamás desapareció, solo se controló, pasado un tiempo se puso peor. Los regaños y los gritos cesaron, pero el amor incrementó. Cuando Dulce pasa mucho tiempo fuera de casa se inquieta porque a Rucio no le gusta estar solo, esto fue en gran parte lo que desató la recaída estomacal más fuerte que ha tenido y lo que creó un trauma en Dulcinea hacia la sangre. Las heces de Rucio ya no solo eran oscuras, además eran como un moco con sangre y al que había que agregarle un vómito amarillo, nada podía ser peor. Fue a parar al consultorio una vez más y Dulce quería creer que se repondría como todas las veces anteriores, hasta que escuchó la alarmante noticia, burro tendría que quedarse internado con suero por intravenosa, deberá regresar hasta el día siguiente. Día en el cuál comió hasta que apareció ella, lo sacó fuera de su jaula a caminar, el doctor había mencionado que desde que llegó no había defecado ni comido nada por lo que no tenía mucho caso que siguiera ahí y que, si al llegar a casa se sentía mal, regresara. Lo cual pasó, una vez pisando el suelo de la casa, Rucio comenzó a tomar mucha agua mientras Dulcinea se quedó en la sala explicándole a su madre lo que había ocurrido y al regresar, el piso estaba cubierto de sangre que provenía del colon. La escena más aterradora que alguna vez ella haya visto, el olor a hierro era penetrante. Sin pensarlo dos veces, lo envolvió en una cobija y lo llevó de regreso. Le inyectaron medicamento, se orinó del dolor, pero sin quejarse. Lo canalizaron. Regresó a esa jaula en medio de la soledad a la que tanto temía.
Mientras tanto, Dulce regresaba a casa para limpiar todo mientras llorando, se pregunta qué había hecho mal si después de todo lo que ha pasado ella aprendió a llevar sus vacunas al día, su alimentación cambió, el medicamento era suministrado al pie de la letra y nada parecía mejorar. Comprendió que simplemente no puedes remediar con medicina la ausencia y la incomprensión. El daño está hecho y es irreversible.
Rucio sorprendentemente mejoró, aunque a la fecha tiene secuelas. A partir de ahí, la conexión entre Rucio y Dulcinea fue cada vez más fuerte, incluso es enfermizo lo que ella siente por él, un amor tan dependiente, tan necesitado de atención que no sabe si es natural u obsesivo. El amor se volvió sobreprotector y a la vez tan puro, aprendió a amarlo con todos sus defectos, ella es consciente de no querer causar otro daño a pesar de que a veces la convivencia sigue siendo complicada. Ese aprendizaje llevó a Dulcinea a reafirmar su decisión de no tener hijos en ese momento, aún se cuestiona si la decisión es temporal o definitiva porque no puede evitar reflexionar sobre todas las similitudes entre ella y su madre, entre ella y Rucio. Ella también reprime sentimientos, también los somete a procesos dolorosos e incomodos a través del intestino porque ella por sí sola es visceral, nada puede quedarse en ella sin que explote en algún momento. Vivir la maternidad sin ser madre se puede vivir de muchas formas y esa es la de ella. Pensativa sobre su rol de hija y el rol de su madre que ha la llevado a tomar decisiones difíciles. Sin contar lo vivido en su primer embarazo.
En Rucio vio la oportunidad inevitable de preguntarse cómo será ella cuándo sea madre y qué es lo que hará diferente.
Ensayo final: La fantástica e insólita Mariana Enríquez
6 de Junio de 2022
Para este ensayo quiero enfocarme en el cuento “El patio del vecino” del libro Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez porque me parece interesante analizar su temática violenta con el enfoque de lo fantástico e insólito y la relación que puede tener con el contexto actual que al menos en América Latina podemos percibir en casos extraños que hemos podido ver en noticas, películas o periódicos. Esto con el motivo de reflexionar que por mucho que sean cuentos ficticios, al menos en América Latina la violencia ha incrementado tanto que hasta sus formas de ejercerla se han vuelto cada vez más perturbadoras que ha sido difícil darse cuenta de que la propia realidad se ha vuelto tan escabrosa que parece fantasía. Como había mencionado en el análisis anterior de “El chico sucio”, Mariana Enríquez es mucho apegada a la realidad, pero con giros fantásticos muy inesperados, más adelante explicaré este punto argumentando mis ideas con los materiales de clase “De la escritura fantástica” de Alberto Chimal e “Incursiones en el reino de lo insólito” de Javier Ortiz Vázquez.
En 2019 Mariana Enríquez fue invitada al Ciclo de Encuentros con las Escritoras de lo Inquietante en la Universidad de Alcalá, organizado por el Grupo de Investigación en Literatura Contemporánea, el Grupo de Estudios sobre lo Fantástico e ICREA Academia. En dicha charla, la cual se encuentra grabada en YouTube, ella expresó en el minuto 8:30 que, como creadora fantástica, ella se considera una escritora latinoamericana que trabaja con “los terrores latinoamericanos, con un ambiente latinoamericano” y que antes de situarse en el género, ella se posiciona geopolíticamente. (Enríquez, 2020) La obra de Mariana está situada en la Argentina de 1970 y podremos encontrar en su obra influencias de las dictaduras latinoamericanas, que es justo lo que hace sentido a su identidad como escritora que redacta los terrores de su propio país y sus alrededores.
Aunque desde el principio Mariana nos responde que ella sí se considera una escritora de los fantástico, en este ensayo vamos a indagar en el por qué, tomando en cuenta que Alberto Chimal escribe acerca de lo fantástico “Es un modo: una postura, una actitud ante el lenguaje que llama al descubrimiento de territorios ajenos a los límites de la razón objetiva.” (Chimal, pág. 83) Enríquez escribe de lugares (territorio influenciado por Latinoamérica) y situaciones reales (como las crisis de pareja) en el caso del cuento que estoy abordando. En el siguiente fragmento nos muestra una situación común, la indiferencia y estigma social que se le tiene a la salud mental y cómo la protagonista siente enojo por quien alguna vez amó.
Le había sorprendido mucho descubrir que su marido era tan prejuicioso, pero en el último año había quedado claro: al principio de la depresión, él insistía en sacarla de la cama, le decía que saliera a correr, que fuera al gimnasio, que abriera las ventanas, que visitara amigas. Cuando Paula decidió consultar con un psiquiatra, Miguel tuvo un ataque de furia y le dijo que ni se le ocurriera ir a ver a uno de esos chantas, qué cosas tenía que contarle, acaso no confiaba en él. (Enríquez, 2016, pág. 80)
Para este punto todo está posicionado en territorio palpable, Mariana profundiza en el desarrollo de los personajes y su situación sentimental, incluso narra a detalle el origen de sus problemas y la relaciona de Paula con su suegra. Comienza a ser extraño cuando describe los golpes que la despiertan y la hacen dudar de si fueron reales, se convence de que fue una pesadilla. Aún así, sigue la duda porque al despertar a Miguel e informarle de los golpes que sacudían la puerta, él no escuchó nada y nunca despertó a causa de eso. Lo insólito se hace presente en el siguiente fragmento:
Una pierna de niño, desnuda, con una cadena atada al tobillo. Paula respiró hondo y se estiró un poco más, casi a punto de caer de la terraza. Era una pierna, sin duda, y ahora podía ver parte del torso y confirmar que era un chico, no una persona mayor; un chico muy delgado y completamente desnudo; alcanzaba a verle los genitales. La piel estaba sucia, gris de mugre. (Enríquez, 2016, pág. 82)
Chimal menciona que la imaginación fantástica en momentos más elevados de la prosa suele proponer crisis de la consciencia y a la búsqueda de lo otro real, no impuesto ni prefabricado y que no es menos importante en el siglo XXI (Chimal, pág. 89). Con esto yo entiendo que en el caso de la cita que hice sobre el cuento, se recurre a la crisis que detona a Paula pensar en ayudar al “niño esclavizado” ya que suelen ser casos comunes en el trabajo social, a pesar de que es insólito, todavía se sitúa en el terreno de lo común, pues es ella quien imagina la situación de violencia doméstica. Algo que podría caracterizar la literatura de Enríquez (y al género fantástico) es la invención de que esos universos son hostiles a los personajes que habitan en ellos y por lo tanto están obligados a confrontar las catástrofes. (Chimal, pág. 91)
Claro está cuando Paula se siente ofendida cuando quiso enseñarle a Miguel que algo malo estaba sucediendo en el patio de alado, misteriosamente desaparece el chico y la cadena, Miguel la tacha de loca, se va de la casa y queda en un fuerte suspenso en si terminarán o no. Todo este nudo crea una tensión en la situación y se intensifica cuando Paula brinca a la casa del vecino, es obligada a actuar ante la situación de indiferencia de parte de su pareja y el querer demostrar que definitivamente no está loca. Chimal reflexiona que nuestra realidad no es más grande que la ficción y puede ser todo lo contrario, argumentando que por mucho que ha avanzado la ciencia tiene muchos enigmas por resolver (pág. 91). Lo anterior podría ser un elemento para justificar una situación en el cuento que queda abierto a la interpretación, y es cuando Paula entra a la casa, revisa el librero y abre un libro de anatomía humana. Encuentra que, sobre el aparato reproductor femenino, en el vientre, está dibujado un feto comiendo su propio dedo con cara de placer. Incluso el dato extraño al describir que el chico tiene un miembro exageradamente desproporcional a su cuerpo, creo que este también es un recurso que causa miedo. Los depredadores sexuales o el terror del abuso sexual son escabrosos porque es un arma de doble filo. Los placeres carnales pueden convertirse en una forma de ejercer poder sobre los otros.
Chimal termina el capitulo con “la imaginación nos incrementa: nos permite indagar en lo que somos, nos permite explorar el mundo a nuestro modo, nos permite ver más allá de nosotros y de quienes dicen estar más arriba, quienes dicen ser mejores” (Chimal, pág. 93) lo que me hace reflexionar en Mariana que, a lo largo de todos sus cuentos, por mucho que se posicionen en lugares reales de Latinoamérica, ella va más allá y fantasea con lo insólito. Javier Ordiz apunta en su libro “Incursiones en el reino de lo insólito” que lo “fantástico es la irrupción de lo sobrenatural en el mundo de la realidad cotidiana” (Vázquez, pág. 123). Es en este caso como irrumpe de forma abrupta la aparición del sujeto horripilante en el cuarto de Paulina sujetando a la gata. Este fragmento del cuento me pareció horrible y me tomó por sorpresa por lo que había comentado antes, los giros de trama inesperados que inserta Mariana tan sigilosamente que en verdad causan un terror.
El chico se llevó la gata a la boca con un movimiento velocísimo y le clavó los serruchos en la panza. Eli gritó y Paula vio la agonía en sus ojos mientras el chico escarbaba su vientre con los dientes, se hundía en las tripas con nariz y todo, respiraba adentro de la gata, que se moría mirando a su dueña, con ojos enojados y sorprendidos. Paula no huyó. No hizo nada mientras el chico devoraba las partes blandas del animal, hasta que sus dientes chocaron con el espinazo y entonces arrojó el cadáver a un rincón. (Enríquez, 2016, pág. 90)
Tiene de insólito absolutamente todo, el hecho de que una situación en apariencia sobrenatural rompe una confiada perspectiva inicial de los personajes (Vázquez, pág. 124). Mariana Enríquez recurre a lo que Javier Ordiz llama efecto fantástico, la construcción de una realidad constatable que de pronto se contrasta por un suceso extraño que choca y crea tensión en sus personajes y en el lector mismo, ya que estos últimos consideran la historia narrada, un reto a la estabilidad de su vida cotidiana o el pensamiento lógico. Lo insólito actúa cuando lo no posible o extraño se presenta en una situación que en apariencia es normal.
Para terminar, Mariana Enríquez fue incluida en una compilación de cuentos escritos por mujeres latinoamericanas llamada “Insólitas”, lo que por sí solo nos confirma que su literatura forma parte de este género, modo, o actitud en el que la sociedad lectora la ha insertado y se ha ganado el reconocimiento no sólo por su estilo al escribir, sino que es influenciada por otros autores del terror y lo fantástico, dando algo nuevo que aportar a la literatura contemporánea. Debemos reconocer que, en los últimos años, las escritoras mujeres ha podido destacar en el campo de las artes literarias y brindan un rayo de esperanza a las demás mujeres que están animándose a escribir. Enríquez nos pone al límite de lo extraordinario con sus giros de trama tan inesperados que es difícil que sus textos se vuelvan predecibles. Los cuentos de Mariana nos abren un mundo de posibilidades al no darnos explicación de sus desenlaces, al dejar sus finales tan abiertos que accidentalmente ella nos incita a recurrir a la imaginación fantástica.
Bibliografía
Chimal, A. (s.f.). De la escritura fantástica.
Enríquez, M. (2016). Las cosas que perdimos en el fuego. Buenos Aires: Anagrama.
Enríquez, M. (2020). Fantásticas & Insólitas. (D. R. Torras, Entrevistador) https://www.youtube.com/watch?v=KDf3ZgZveoo&t=1087s
Vázquez, F. J. (s.f.). Incursiones al reino de lo insólito. Lo fantástico, lo neofantástico y lo maravilloso en la narrativa mexicana contemporánea.
Vivir viajando
Me he enamorado del desierto,
del frío de los glaciares.
De cuevas oscuras
y ríos salvajes.
Ahí donde el sol no llega
y el suelo no florece.
Donde no llueve
y el viento reniega
Me he enamorado de estanques
donde el agua no se mueve.
Me perdí en los bosques
donde cae la nieve.
Cambié el destino,
arrojé el mapa,
y me perdí en mi propio viaje.
Compré un vino,
el corcho se destapa
y miré el paisaje.
Te descubrí,
montaña que araña,
arena que raspa
y sol que empapa.
No fue casualidad,
somos causalidad.
Me sumergí
en tu mar con maña,
dulce sabor que atrapa
y sombra que tapa.
Recorrí
tus calles
tus playas
tus islas
Me enamoré
del cuerpo que
sin buscarlo me encontré.
Vivir viajando quiero
pero eres plan de Eros
Me quedo en tu pueblo
que me acoge
aunque muero
por vivir viajando anhelo.
La Gioconda
Leonardo Da Vinci es uno de los mayores representantes del Renacimiento debido a su personalidad polifacética ya que era un gran pintor pero también un apasionado científico. Pocas veces seguía los métodos de la pintura que habían interesado a los primero artistas del Renacimiento, prefería alternar sus experimentos pictóricos entre la ciencia y el arte. Leonardo adquiere una madurez artística que comienza a notarse por su modo de observar la naturaleza. Su carrera se ve atada a su región natal, Toscana y a Florencia, sus obras más notables eran la Anunciación y la Adoración a los magos. Sus obras inacabadas le dieron la fama de un pintor lento y meticuloso, las obras ya mencionadas dieron a conocer su estilo: el uso de sombras que gradúan sutilmente las luces; es decir, un modo de obtener el relieve a través de suaves tonos claroscuros que eran conocidos como sfumato de Leonardo.
A la vibración sutil con que Leonardo sabía conseguir el sentido de la atmósfera correspondía la búsqueda de una dulzura filosófica inmersa en una atenta contemplación de la naturaleza, un estado de ánimo carente de pasiones pero palpitante de emoción, soñador y lúcido a la vez, que constituiría la fascinación misteriosa de algunos de sus retratos, como el célebre de La Gioconda. (Semenzato, 1992, pág. 248)
Por encargo de Francesco del Giocondo, Leonardo pintó a su mujer Mona Lisa con la célebre técnica del sfumato. Con el paso del tiempo y las capas de barniz, la Gioconda se encuentra agrietada. La fama de esta pintura alcanzó su punto máximo al ser repetidamente copiada e incluso robada del Louvre en 1911 y recuperada en 1914, desde entonces se convirtió en un icono. Incluso, hay una copia idéntica hecha al mismo tiempo que la original, ubicada en el Museo del Prado hecho por el aprendiz de Leonardo y que al parecer tiene las mismas dimensiones y correcciones.
Figura 1. La Gioconda, Leonardo Da Vinci
Para entonces la Gioconda estaba trascendiendo en la cultura Renacentista de Florencia y toda Europa, es una imagen que hasta el día de hoy es verdaderamente admirada. Con las definiciones vistas en clase sobre meme “un elemento de una cultura o un sistema de comportamiento que se pasa de un individuo a otro por imitación u otros medios no genéticos”, podemos ver que la Mona Lisa efectivamente es un meme y no solo por las replicas durante el Renacimiento, sino por los memes (imágenes) sobre la Gioconda que abundan en internet. A continuación pondré ejemplos:
Figura 2. La Mona Lisa re-interpretada por la realidad actual.
Figura 3. Mona Lisa en una posición corporal muy popular en las selfies del año 2010.
Actualmente la Gioconda puede considerarse que ha trascendido no solo en un plano intelectual artístico, sino que ha pasado a formar parte de la cultura de masas o la cultura popular/cultura general. Esta pintura ha sido sacada de su contexto original para adaptarla al contexto occidental actual, es decir, el conocimiento sobre esta obra ha estado pasando de un individuo persistiendo en el tiempo.
Bibliografía
Altozano, Jaime. (30 de Junio de 2020), Dies Irae: a musical meme from the 13th century: https://www.youtube.com/watch?v=786TquOk7JA&t=269s
Molina, J. F. (31 de Julio de 2019). National Geographic. Recuperado el 12 de Noviembre de 2020, de National Geographic: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/mona-lisa-enigmas-obra-maestra-leonardo-da-vinci_12799/1
Semenzato, C. (1992). Historia del Arte vol. 2 La edad media y el Rencimiento Italiano. Grajalbo.
The dance, 1910 - Henri Matisse
A través de una ventana se observa el choque de las ramas que produce una brisa furiosa. Se enredan entre sí al ritmo del silbido de un viento caótico, se aferran a las extremidades de un árbol bien plantado a la tierra. Lo envuelve un escenario donde la atmósfera se centra en un pequeño fragmento del cielo raso, tan azul que nos sumerge al océano profundo; ahora el baile se transforma en un choque de olas sacudidas por una tormenta vertiginosa. La luna con su magnetismo dirige la coreografía cual batuta a una orquesta, que le pone fin a su partitura con la colisión de las estrellas.
El Sol.
The sun , 1909 – Edvard Munch
Lo que veo en primera instancia son líneas rectas que salen de un mismo punto de fuga, son líneas conformadas por diversos colores que hacen parecer que tienen movimiento. Se aprecia la línea de horizonte que delimita un mar que parece no tener fin y otras líneas onduladas al pie de la imagen, son rocas que dan un aspecto de inmediatez. Es una imagen que contiene líneas básicas de dibujo y pintura, con colores cálidos que hacen percibir el calor de un verano. Son todos estos elementos que me hacen recordar algo que ya he visto antes, los colores claros hacen una inmensa luz justo donde se posa la atención, hipnotizante.
Nada en esta pintura es obvio porque no es pintada de forma objetiva, para el año en el que es pintada ya se representaba lo que se percibe y no lo que se ve. El expresionismo alemán tiene mucha influencia en Munch y se refleja en esta y en otras muchas de sus pinturas. Edvard es noruego pero viajaba constantemente a París donde asistió a diversos Salones y Museos de la ciudad donde su interés por el arte floreció y así mismo conoció los movimientos pictóricos más avanzados, su continuo trabajo lo llevó a encontrar su propio estilo donde la fuerza de la línea es usada como principal característica de él. Vivió en Berlín, siguió viajando a Noruega y París y se mantuvo haciendo exposiciones. El éxtasis de la juventud alemana borboteaba urgentemente y atendía al llamado de la libertad de acción y el impulso de creativo, en Alemania comenzaba a estudiarse la naturalidad del desnudo al aire libre e incluso se tomó inspiración en el encanto de los paisajes. Poco a poco el expresionismo alemán, movimiento del que Much formaba parte, comenzó a irradiar una energía nueva con valores diferentes y una producción artística moderna mucho más libre haciendo a un lado la escuela clásica.
E. L. Kirchner “La pintura es el arte que representa en un plano un fenómeno sensible. El medio de la pintura es el color, como fondo y línea. El pintor transforma en obra de arte la concepción sensible de su experiencia. Por medio de un continuo ejercicio aprende a usar sus medios. No hay reglas fijas para esto. Las reglas para una obra sola se forman durante el trabajo, a través de la personalidad del creador, la manera de su técnica y el tema que se propone. Estas reglas se pueden captar de la obra terminada, pero nunca se puede construir una obra basándose en leyes o modelos. La alegría sensible por el fenómeno visto es, desde el principio, el origen de todas las partes figurativas. Hoy en día la fotografía reproduce exactamente el objeto. La pintura, liberada de ello, recupera su libertad de acción. La sublimación instintiva de la forma en el conocimiento sensible es traducida impulsivamente al plano. La ayuda técnica de la perspectiva se convierte en medio de composición. La obra de arte nace de la transposición total de la idea personal en el trabajo.” (Citado en Micheli, 1984, p.247)
En cuanto a concebir la obra de arte desde la sensibilidad de la experiencia, es a lo que Hegel llama arte de lo bello, a la naturaleza espiritual. Y es el espíritu un ente abstracto que habita en nuestro interior y se sublima ante los sentidos (Hegel, 1834). El arte, por tanto, adquiere su significado como producto de la actividad humana. La obra de Edvard Munch es una carga de color que remite a temas recurrentes sobre la muerte, el dolor o la desesperación; es en 1890 cuando sus pinturas adquieren tintes del posimpresionismo. Fue un artista que pintaba de acuerdo a las influencias del expresionismo alemán, que consideraba una revolución la creatividad, la libertad y la igualdad. No olvidemos que los colectivos se formaron para evitar las reglas institucionalizadas del arte, si bien Munch fue bien recibido por la sociedad europea que consumía arte, algunas de sus obras escandalizaron las exposiciones por sus temas oscuros y entorno a la sexualidad. Al final, la vanguardia expresionista alemana buscaba encontrar una afinidad entre los sentimientos humanos y las intenciones artísticas carentes de prejuicios para un nuevo <<sentir>>.
De acuerdo a lo anterior, por las formas empleadas en “The Sun”, desconozco la verdadera intención del cuadro o el mensaje que quería mandar, pero dicha obra es diferente a la mayoría de las que tiene porque no se ven los temas recurrentes en ella, no es triste ni oscura. En lo que a mí respecta, me recuerda a un lugar en especifico perdido entre el bosque de la Sierra de Vergel, donde aquella tarde estaba de pié sobre una gran roca a la orilla del lago, sintiendo la brisa discreta del viento y sobre mi piel ardía el sol, hacía que entrecerrara los ojos por la luz que encandilaba. Fue un momento en el que sentí una calma exagerada en mi interior, nada me preocupaba y conseguí olvidarme de lo que por entonces mi corazón se aceleraba. Esa breve experiencia fue lo que me llevó a admirar esa pintura y considerarla arte, porque me llevó al momento donde la sensibilidad erizó mi piel y me llenó de profundo calor, un calor interno que encendió algo que estaba muerto.
González, A. G. (2009). Escritos de arte de vanguardia. Madrid: Istmo.
Hegel, F. (1834). Lecciones sobre estética.
Micheli, M. d. (1984). Las vanguardias del siglo XX. Madrid: Alianza.
12:51 am.
Cada noche termino de la misma forma, desparramada en el sofá con la luz tenue de la lámpara alumbrando el librero repleto de títulos que parecen estar en un idioma que no conozco, garabatos moviéndose al ritmo de la lentitud del tiempo. Son irreconocibles a pesar de verlos cada día desde este encierro en el mismo orden que los dejé hace años en una tarde calurosa y aburrida, no me reflejo más en sus portadas ni recuerdo el cariño que les tenía. En este sofá donde mi mente se ancla en el espacio pero viaja en el tiempo llevándome a situaciones que solo pasarían, si se desencadenaran otras miles de situaciones, tan lejanas e intocables, pero nunca imposibles. Pienso en todo lo que ha pasado y no puedo cambiar. Aunque lo intente no recuerdo el tono de llamada y si suena no lo escucho, y si escucho no contesto, y si contesto no es nadie. No distingo la ansiedad de la intuición, me dejo arrastrar por la primera e intento ignorar la segunda ¿o era al revés? He distorsionado la realidad y mi sentido cognitivo se atrofia en un mal viaje interminable, deliro mientras mi corazón acelera zumbando tan rápido que taladra mi pecho. Trago saliva preguntándome si lo que pienso es absurdo al no tener pruebas de mis conclusiones o si son válidas tras analizar el mínimo detalle de cada cosa que dicen o hacen, pero al final el cuerpo me lo dice, la mente me lo advierte. La paranoia se enreda a mí como una camisa de fuerza, volteo hacia atrás donde lo único que veo es una de las cuatro paredes blancas y aunque no hay nadie, siento que me persigue un ente, me dice al oído que soy traicionada cada fin de semana incontables veces, y sus palabras retumban en eco. Cierro tan fuerte los ojos que duelen y si los abro las pupilas se dilatan, me aferro a mi cama como evitando que mi mente se siga elevando al más allá, revolcándome con ella, atándome con una soga invisible que a su vez deshilacha mi alma.
Me tranquilizo pensando que absolutamente nadie ni nada es para siempre y que ya nada tiene sentido, me relaja el solo pensar en la tranquilidad de alejarlos a todos y no sentir más que tengo algo que perder si ya no hay nadie y no poseo nada. Estoy harta de planear mi futuro pero muy cansada de vivir el presente.
No sé cuánto tiempo ha pasado.
No hay nadie sobre la faz de la tierra que entienda lo que pasa por mi mente, intento hablar, muevo los labios pero nadie me escucha, mi garganta no emite ni un solo sonido pero el ruido de la incertidumbre que perfora mi estomago es más fuerte y deja un vacío insaciable. Cuando por fin me quedo dormida sueño con todos mis presentimientos, despierto sintiéndome igual que cuando fui a la cama. Como sin hambre y duermo sin sueño. Me da rabia no poder ser fuerte como lo era antes, aunque la verdad nunca lo he sido porque la fortaleza no se mide en quedarse callada y enterrar los sentimientos.
Veo la hora y me doy cuenta que siguen siendo las 12:51 am, no ha pasado un solo minuto y yo sigo aquí, pero mi mente ya viajó por los lugares más recónditos del universo.
La transverberación
El amor era el mito que me gustaba contar para explicar el origen de algo. En este momento es una religión en la que creo con ciega fe, a veces asisto a su templo solo para implorar un milagro, le rezo cuando no encuentro otra solución y peco usando su nombre en vano. Antes de ti me dedicaba a caminar en un sendero sin fin, a ratos muy despreocupada, otras veces perdidamente desesperada. No fue hasta que la anunciación se hizo presente, una ráfaga de luz que inflamó mi corazón me dijo que algo profético estaba por ocurrir. Años atrás hice la comunión con esperanza y certeza de haber encontrado un lugar en el que podía llegar y arrodillarme como virgen dolorosa pidiendo que por favor Dios me salvara de la soledad y cuando vi, decepcionada que nada podía apiadarse de mí, fui descomulgada y desterrada de un reino sacramental, un reino donde todos aman sin importar qué, cómo o cuándo. Yo, una atea desconfiada de todo decidí no volver jamás cuando fui desamparada. Ahora sin esa banda en mis ojos veo con claridad cuando los fanáticos religiosos te dicen cómo vivir el amor y para ellos solo es verdadero creyente aquel que sacrifica su libertad por salvar al otro, para mí no es así y por mas que yo quisiera no puedo obligarte a que me quieras como me gustaría que lo hicieras, no de la forma que ellos nos han dicho que debería ser: regalándome flores, dedicándome canciones o venir a casa sin avisar. Quizá tu pecado fue idolatrar a las vírgenes equivocadas, las que nunca te cumplieron un solo milagro a pesar de que le dedicabas tiempo a tu veneración. Es difícil entender como comulgas ante esta religión, muy distinta a la forma que yo aprendí y duele cuando tu prioridad no es adorarme.
Después de un tiempo inmersa en el paganismo, bajo el yugo penitenciario entendí que el amor es un libre albedrío, unos se entregan conservadoramente, otros lo hacemos como creemos que es mejor, otros siguen sin tenerlo claro y atentan contra lo divino, libertinos. Pido por ti cuando leo poesía en voz alta, cuando admiro el arte que te gusta, cuando escucho la canción de tu grupo favorito, cuando tomo tu mano para comenzar a caminar, cuando hablo de ti y como te conocí, cuando desbordo de placer bajo tus manos. Vuelvo a creer fiel y pasionalmente, los estigmas del pasado abrieron nuevamente en mi pecho y me convulsiona el éxtasis de amor puro y libre. Ahora sólo suplico que me digas ¿como rezas tú a este dogma? desfallezco por saberlo, imploro que pares ya el sufrimiento de la esclavitud que genera la idealización, librame de todo mal para estar lista en el momento de mi asunción, y así entregarme al paraíso en cuerpo y alma sin miedo, hasta entonces, sin dudarlo un segundo me confirmaría en este sacramento.
Tómalo o déjalo.
No es que crea que te debo una explicación, está dentro de las miles de cosas que no me interesa hacer. Aún así advierto en tono de amenaza -ese tono que tanto me gusta- que desde el primer momento en que decidí escribir aquí las cosas que no puedo decir en voz alta, lo haré de la forma menos estructurada posible, sin revisar dos veces lo que escribo visceral, incómoda y malamente. Seré brava, desvergonzada, rabiosa y probablemente tendré toda la intención de chingar porque a eso vine, a llorar, a quejarme y esperar que alguien se refleje en lo que siento sin sentir remordimiento. Quiero que los demás se cansen de tener que ser cuidadosos todo el tiempo, de ofrecer disculpas forzadas, de ser amables por compromiso. Para eso está el mundo allá a fuera donde todos piensan que les debemos algo, donde todos nos dicen lo políticamente correcto, nos dictan los modales, especialmente a nosotras las mujeres que nos mandan a ser educadas, calladas, sumisas, pulcras en cada rincón del cuerpo y libres de pecado en todas sus formas. Ya no más, no aquí. Me doy todo el derecho de ser impulsiva, porque en mi día a día me reprimo, me controlo, me obsesiono por tener que encajar. Allá a fuera me piden ser humana, tener sensibilidad por la naturaleza artística que creen que tengo, tontos. Me exigen humanismo en una selva de orangutanes, víboras arrastradas e insectos venenosos, un lugar donde las personas (si así se les puede llamar) más tóxicas habitan, irradian ira, cansancio y absorben energía como sanguijuelas, bien, si es lo que quieren, me siento obligada a serlo porque también me paso de pendeja y me sobra el miedo. Aquí no, me niego rotundamente a ser si quiera humana. Algunas cosas no tendrán sentido, me contradiré una y diez mil veces más. Esperen no a leer a una niña emperrada por la vida pero sí a una araña que teje a su paso escritos que seguidamente se deshilachan por la acidez del temperamento, escribiré derramando sangre, escupiendo veneno, arrasando con insurrección en cada renglón. Si al final de cada texto esperas una disculpa o ver un atisbo de remordimiento, no sé qué sigues haciendo aquí.
Nostalgia en cuarentena que borraré en cuanto despierte:
Extraño tener 17 años, cuando me emborrachaba con mis compas en la sala de mi casa tomando Bacardi blanco. Recuerdo, sobre todo, que tener el corazón roto de todos los que estuvimos ahí fue la excusa perfecta para cada fin de semana mezclar dicho alcohol con jugo de arándano. Si no era en mi casa, seguramente era en la de alguien más, porque evidentemente quién mas roto tenía el corazón era quien ponía su casa. Para entonces, yo estaba muy próxima a cumplir la mayoría de edad lo cual no me entusiasmaba, ni siquiera recuerdo al primer bar al que fui, pero si recuerdo otras cosas mucho menos interesantes. Por ejemplo, de cómo poco a poco me fue gustando la cerveza, pinche Alex. Íbamos a precopear al Starman, ellos se pedían una cubeta de cervezas (sí, precopeaban cervezas para después ir a tomar más cervezas) y yo, como no me gustaban las victorias, pedía una paloma y depende del día, si era jueves pedía una tras otra aprovechándome de la promoción del jueves de "barra libre para ellas", lo sé, así de bien pinche antifeminista descarada, me valía madres. Echábamos chisme bien denso, me hablaban de las pendejadas que mi ex hacía, es más, hablábamos de las pendejadas que hacían los ex de cada quien y luego hablábamos de a quién nos queríamos dar, de nuestro ganado o de los amigos, daba igual, era chisme bien vulgar, ardido y pedante. Nadie sabía a qué hora se terminaba de precopear, pero era más o menos cuando yo ya iba al baño después de cada cuba, con la piel ardiendo, risueña. Nos movíamos de bar en bar, pero al final siempre terminábamos en Chabola, que pendejos nos hacíamos si cada pedazo roto de nuestra alma viajaba hasta ese bar, el último círculo infernal en los alrededores de la calle Madero. Buscar lugar ahí es fácil si te gusta chocar nalgas con otras personas, tan putamente cerca que les puedes oler el cuello, un sauna en el que sólo se evapora el alcohol sudado de bailar puro reggaetón, rap, hip hop, pop o cualquier chingadera que ponían para tener oportunidad de contorsionar el cuerpo a lo puro pendejo. Recuerdo como yo bailaba con la Airam, nos perreábamos una a la otra porque, para ser sincera, ¿quién confía en los marranos que te dicen cosas al oído cuando te abres paso al baño? –aunque la neta la neta, ahí todo el mundo guerrerea en la salida porque ya nadie después de las dos de la mañana mantiene la cordura ni soporta su vacío amoroso-. Josué siempre nos rodeaba con los brazos a manera de protección cuando un güey se quería pasar de lanza. Alex, por su parte nos traía coronas, una tras otra, es el men al que le dices específicamente que no te quieres poner pedo y ahí viene con shots, pero no hay bronca porque yo al final cedía para quitarme la pena –yep, en ese entonces necesitaba estar ebria para no tener vergüenza de hablar con extraños…bueno, bueno, todavía- con el pasar de los fines de semana, fue gustándome precisamente así la cerveza, cuando ya no me sabía a nada después de tomar puro tequila, que por cierto, el tequila fue lo primero que probé y tan rápido como pasó de un caballito hasta el fondo de mi esófago, el aguardiente se volvió mi cosa favorita en el mundo, pinche Josué. Pero esa es otra historia.