Se cortó la luz y los niños no saben qué hacer
Apenas cayeron las primeras gotas, el viento pasó rugiendo entre los árboles y se cortó la luz. Desde ese momento, ya han pasado más de veinticuatro horas.
Debo admitir que me encantan los cortes de luz: de pronto, la civilización pierde sus distracciones tecnológicas y aparecemos tal cual somos. Las familias vuelven a compartir, juntándose en torno a las velas, en torno al fuego. Conversando o jugando juegos de mesa, o quizá simplemente acompañándose en silencio. Para no sentirse solos, para no experimentar miedo, para refugiarse.
Me sorprende ver familias unidas en horarios donde generalmente cada uno está en su pieza, frente a su pantalla, solos. Es bello. Es así como ha sido durante miles de años. Y en momentos como este, donde se corta la luz y es de noche, nos damos cuenta que la compañía física, aunque sea silenciosa, es suficiente para sentirnos bien.
Desgraciadamente la luz ha vuelto, y también la distracción.
Escrito por: Fernando Osorio
redactor de Silvestre & Coqueta.