Estos semidioses alguna vez portaron en su interior el fulgor de la divinidad, ese brillo dorado y resplandeciente iluminando sus ojos. Sin embargo, su relación con los dioses no es siempre benevolente. A menudo, tras acciones reprobables o decisiones que desafían la voluntad divina, son despojados de este brillo celestial, una sentencia que les sume en una profunda oscuridad. Pero no todos son desterrados por mera ira o capricho divino; algunos dioses, en su visión omnisciente, ven en la privación de la luz una oportunidad para que sus hijos se rediman, para que construyan un camino de sacrificio y valor que les conduzca hacia ellos de una forma más significativa.
VER MÁS














