“el amor en tiempos de redes sociales”
Entonces te encontras un martes a la tarde muerta de ganas de mandarle un mensaje. Muerta de amor, como tú abuela cuando lo dejaba plantado a tu abuelo porque su mamá no la dejaba ir a la plaza después de las seis de la tarde. Pero no, no le vas a hablar. Ni por Facebook, whatsapp, instagram o Twitter que es gratis. Porque ya le hablaste vos ayer y algún salame dijo que no le podías hablar vos siendo mujer dos días seguidos. ¿llamarlo? Una locura! Llamar llamo al taxi o a mamá cuando no me contesta. Porque aunque la tengas más fácil que tus abuelos, mil veces más facil. Tenés un mundo rebuscado de contradicciones que te impiden preguntale un martes a la tarde “¿como te trato la lluvia?” Además, si lo llamas se da cuenta de que estas hasta las manos. Que te morís por escucharlo un rato. O que pensas en el un día de semana a las siete pm!
Y si te importa poco y le vas a escribir igual, ves su última conexión. Hace un minuto y no te hablo. Hace tres horas, entonces no va a contestar. No le llegan los mensajes, debe estar con otra. Es como si las redes sociales facilitarán la vida y nosotros la complicaramos usándolas como una llave maestra.
Mejor espero al sábado, que seguro sale con los amigos y a las tres, cuatro o cinco de la mañana le escribo y tengo la excusa del alcohol en sangre y de querer dormir dos horas con el. Cuando en realidad querías verlo el martes a la tarde, para tomar un mate o mirar una serie juntos.
Y un día cuando te abraza te morís de ganas de gritarle un “te quiero” más grande que una casa. Pero esperas a que se vaya, pero esperas que te escriba el “hoy la pasé bien con vos”. Pero por ahí él tampoco te escribe después. Porque ya te vio hace una hora y no quiere quedar como un pesado, como un pollera. Porque no quiere mostrarte las cartas de su mano, porque si vos sabés sus cartas puede jugar mal. Y vos pensando que sos siempre vos la que le escribe, la que lo llama, la que quiere verlo un martes a la tarde.
Y como no te habla, por todo ese rollo que anda a saber quién inventó, le pones “me gusta” a la foto que subió con su perro. Y él que es menos enroscado que vos y no te lee la mente, no te escribe. Porque ponerle un “like” no signific “hablame. Porque yo no me animo y quiero salir a tomar algo con vos”. Entonces él comparte una frase linda en su muro de Facebook y se come el boludeo mayor de todos sus amigos. Lo pone pensando en vos y vos cuando lo ves, te comes el bocho, porque pensas que lo puso por otra. Porque como no le hablaste y no te hablo no tuvieron los huevos ni la oportunidad de decirse “te quiero”.
Entonces se van guiando las relaciones en base a las interacciones que tiene uno en las redes sociales. “Subió una foto de nosotros” y como lo van a ver “todos” te sentís importante. Importante es agarrarle la mano cuando caminan juntos. Importante es abrazarse cuando tienen ganas y que te brillen los ojos cuando le contas a las demás personas que esa piba, que ese pibe, te hace bien.
Opacamos lo lindo de las relaciones hablando las cosas tan fría y fácilmente. Quiero decirte que no va más en la cara, no escribrirlo. Quiero que sientas el énfasis que le pongo a las palabras porque estoy enojada, no escribirte en mayúsculas. Y si no tiene respuesta que no sea un “visto”, que te sonría, que se entristezca, que llore, te abrace o se vaya. Pero te deje ver el gesto que pone como respuesta. No la incertidumbre que trae consigo miedos, preguntas y tanta pero tanta histeria. Porque nadie le explicó a esta generación que tanto cree saber, que las cosas importantes se dicen en la cara, que las charlas son más profundas cuando uno mira a los ojos. Que las redes sociales sirven para simplificar, no para complicar.
-Amores Florencia-











