My husband and I for pride 💕
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My husband and I for pride 💕
El jardín secreto (Good Omens 3ª temporada)
Capítulo uno: La caza
Rápido, vosotros por ahí! No abráis huecos, recordar lo escurridizo que es!
Los de atrás, espabilad! Es posible que trate de retroceder…
Esta vez no se nos escapa esa serpiente…vosotros, atentos con la red!, los de los lazos, no os durmáis…
Oculto en un hueco casi imposible, Crowley buscaba desesperadamente una salida, una apertura para poder escapar de sus perseguidores. No recordaba haber visto tantos ángeles guerreros juntos desde la Caída. Pero lo que le resultaba inconcebible era que todos ellos, sin excepción, estaban pisándole los talones. A él, solo a él. Y eso sólo podía significar una cosa: Aziraphale le quería prisionero al precio que fuese.
El demonio apretó los dientes. Sin respirar apenas, vio pasar a cinco temibles ángeles con armadura y largas picas. Tras marcharse con Metatron, no habían transcurrido ni veinticuatro horas de tiempo miserable cuando el Cielo entero se había puesto tras sus pasos.
La primera vez que le habían atacado estaba en un bar. Estrelló una botella vacía en la cabeza de un ángel que intentó atraparlo solo para encontrarse la salida bloqueada por cuatro más. Tuvo que serenarse a marchas forzadas para poder huir por el estrecho ventanuco del baño y cuando intentó volver al Bentley, vio que había como diez ángeles apostados esperando que se acercara al coche.
Siseando de rabia, tuvo que huir a pie abandonando su querido Bentley, y desde entonces, durante los últimos dos días, no había hecho otra cosa que tratar de huir de aquella caza salvaje que no le daba tregua.
“Vamos, hijos del cielo… largaros de aquí…ir a buscar a otra parte”- pensó esperando que el grupo se alejara.
Sabía que tenía que huir, aunque no sabía a donde. Eso lo tenía claro. La única duda era por qué ninguno de aquellos ángeles le había desintegrado todavía.
Un momento tenso, los ángeles se pararon muy cerca de su escondite. Sentían algo. Crowley se concentró e intentó esconder su naturaleza demoníaca, reducir al mínimo su influjo maligno hasta hacerlo casi desaparecer. Los ángeles dudaron unos angustiosos minutos más… y finalmente siguieron caminando. El demonio dejó escapar el aire sin hacer ningún ruido…y junto con el aire su cuerpo empezó a alargarse y estrecharse, sus extremidades a fusionarse con su cuerpo. Instantes después una silenciosa serpiente se deslizaba a sus espaldas por el hueco de una alcantarilla.
¿Cómo que otra vez ha vuelto a burlaros? ¿A todos? ¡Es inconcebible tanta torpeza! Estoy absolutamente disgustado con todos vosotros. Tomad todos los medios que sean necesarios, pero volved a bajar a la tierra y traed a mi presencia al demonio Crowley según mis órdenes de inmediato. Y ay de vosotros si volvéis de nuevo con las manos vacías.
Los guerreros angelicales aguantaban la regañina del arcángel supremo con la cabeza baja. Lo cierto es que era una vergüenza para su prestigioso escuadrón el fracaso que se habían visto forzados a reconocer ante su superior. El tercer fracaso. Aziraphale no llevaba ni 24 horas en el cielo, pero había empezado su mandato en el cielo con puño de hierro. Cierto es que todo lo que había ordenado (y había sido una asombrosa cantidad en tan poco tiempo) era acertado y justo, pero había sorprendido a todos al mostrar un rostro muy diferente al bonachón y un poco bobo al que estaban acostumbrados en el que pensaban su desastroso hermano.
Su habitual sonrisa había desaparecido, y sus ojos claros ahora relumbraban como pedazos de glaciar. Y parecía incansable en su cruzada personal de introducir cambios y poner a todos los ángeles a trabajar en tareas que, si bien eran sus asignaciones originales, habían ido quedando en el olvido porque “los humanos ya se apañaban”.
Y ese nuevo Aziraphale no aceptaba un no por respuesta.
Señor – dijo humildemente uno de los ángeles guerreros- La dificultad principal es que nos ha ordenado atrapar a ese demonio sin provocar ningún tipo de daños a nadie. Y siempre hay humanos en medio…. Es decir, en la tierra hay humanos. Podemos atrapar de inmediato al demonio pero es posible que haya daños colaterales…
Me traeréis a Crowley de una pieza hoy mismo, sin más excusas. Sin dañar a ningún humano – una ira celestial emanaba del arcángel supremo cuando se encaró con su interlocutor- Y os daré la herramienta para hacerlo: voy a llamarle desde la librería. Y allí estaréis vosotros para tenderle una emboscada.
Crowley no podía creerlo. Aziraphale le había dejado un mensaje de voz desde el teléfono de la librería. Cierto que era un mensaje corto y del que no podía deducirse mucho, pero ahí estaba. Lo escuchó por décima vez. “Crowley, ven a la librería ahora. Necesito hablar contigo”.
Y eso era todo. Trató de analizar de nuevo el tono de voz, pero era tan neutro que no era capaz de sacar nada de él. Ni urgencia, ni miedo, ni apremio… Cuando se había tratado de una emergencia, había sido más que evidente para el demonio tan solo escuchando la voz del ángel. Pero esta vez, su voz no transmitía nada. Transmitía tan poco que Crowley se preguntó si de verdad era él. Si de verdad era el Aziraphale que conocía, el que había visto por última vez marcharse al cielo en compañía de Metatron, el que había intentado llevarle con él al lugar donde una vez le hirieron de la peor manera posible por intentar ser él mismo.
Claro que Aziraphale no tenía por qué entender eso. Él nunca se lo había contado.
Finalmente, decidió que si había una mínima posibilidad de que el ángel necesitara su ayuda, no podía negársela, aunque aquella parte de él que llevaba cuernos y rabo terminado en punta de flecha le dijera que le dejara apañárselas solo. Se aproximó a la librería tomando todas las precauciones posibles y esquivando un par de patrullas angelicales que andaban por la zona. Si conseguía llegar al establecimiento y entrar, las protecciones del lugar le mantendrían relativamente a salvo, ya que sabía que nadie a quien Aziraphale no hubiera dado su permiso expreso podía entrar en el lugar.
Aprovechó que los ángeles más cercanos se iban tras un macarra con chaqueta de cuero pensando que el demonio podía haberse cambiado de ropa y salió por la alcantarilla del callejón, tomando inmediatamente su forma humana. Diez pasos más, y cerraba la puerta de la librería.
A salvo.
O eso creía.
Has caído como un conejo- se rió un enorme Dominación que le aferró súbitamente por detrás, inmovilizándole con un agarre nada suave en el cuello- Varios ángeles más salieron de entre las estanterías y de la trastienda- Traed los grilletes, éste ya no se escapa.
Aziraphale…- murmuró el demonio- también me has traicionado?
Capítulo dos: Prisionero del cielo
Blanco. Paredes, techo, suelo... Blanco. Luz blanca tamizada que venía de algún lugar difuso. Blanca la túnica basta que le habían puesto en lugar de su ropa. Blanco era el pilar con forma de cruz colocado en medio de la sala vacía al que tenía sujetos las piernas y los brazos, y blancas las correas que inmovilizaban sus alas manteniéndolas sujetas al techo. Dios, como odiaba el blanco… Lo único que destacaba en la sala era su propio cabello rojo, como una llama rebelde en el vacío albo de la sala.
En la eternidad del cielo el tiempo se diluye como una pizca de sal en un lago. No podía precisar cuanto tiempo llevaba allí. Creía que no demasiado, tal vez una media hora, aunque en aquellas circunstancias bien podían haber sido varios años. Gritó con rabia una vez más. Su voz era lo único que rompía la blanca monotonía del lugar.
EH! PEDAZO DE MAMONES!! QUIERO HABLAR CON AZIRAPHALE! Que he hecho ahora que no haya hecho ya antes?!! ME ESTAIS OYENDO?!!! SACAROS LA P*TA P*LLA DE LAS OREJAS Y TRAERLE AQUÍ!!!!!
Naturalmente, aquella vez tampoco sirvió de nada. Nadie acudió, ni para escucharle ni para exigirle que se callara. Había probado por las buenas, pidiendo con educación una audiencia o lo que fuese. Luego se cansó y empezó a soltar por su boca todas las blasfemias habidas y por haber, para que aunque fuese viniera alguien a hacerle callar. Con el mismo resultado. Así que ahora gritaba para no volverse loco. Y es que no podía entender qué diablos había pasado, por qué el que creía su amigo le había dado caza para llevarle a esa situación. Necesitaba desesperadamente una explicación, una razón, un por qué. Y lo único que tenía era aquella vomitiva blancura.
Rememoró una vez más los detalles de su captura para entretener la mente. Aunque sentía como la ira hervía dentro de él, recordó como aquel enorme Dominación de mandíbula cuadrada le había derribado con una patada en las corvas y un empujón en los riñones, y antes de que pudiera siquiera revolverse, le había puesto una rodilla en el centro de la espalda, mientras varios ángeles más le engrilletaban con cadenas bendecidas los tobillos y las muñecas a la espalda. Con un golpe seco entre los omóplatos le habían forzado a sacar las alas, que habían procedido a asegurar con correas también para que no pudiera desplegarlas. Incluso le habían puesto una mordaza que le impedía desplegar sus colmillos venenosos en posición de ataque (y que pensaba usar como último recurso, seguro de que los ángeles no esperarían que pudiera utilizar el veneno en esa forma)
Recordó como al llegar en ese estado al cielo le habían despojado de su ropa habitual con un simple milagro y examinado de arriba abajo. “Como en la cárcel” había pensado…”Que puñetas estarán buscando estos anormales? Acaso creen que tengo un arma que ponga en peligro a un ángel? Se piensan que llevo la lanza de Longinos en el pantalón o algo?”
Eso no es ninguna lanza, monada – le siseó al ángel que, asistido por otros cinco, le estaba registrando- Es mío propio, y veo que te está gustando más de lo que debería…- susurró con malicia
El ángel le miró con expresión insulsa y le soltó una bofetada antes de seguir con su trabajo.
Furioso por todo lo ocurrido y especialmente por el sinsentido de la situación, que le abrasaba por dentro como un cuchillo al rojo, gritó de nuevo preso de la rabia.
Azorado y presuroso por los pasillos del cielo, un ángel emisario llegó hasta las puertas donde cuatro guardianes cerraban el único acceso a la sala donde estaba retenido el demonio. El de mayor rango se adelantó y realizó un elaborado saludo.
Gloria a Ella. ¿De que tienes que informar, emisario?
Gloria, gloria –respondió con prisa- ha ocurrido un terrible error. Hay que trasladar al prisionero a la voz de ya al módulo seis. El arcángel supremo está que echa chispas…
¿Al seis? ¿Al módulo recién creado? – el ángel guardián se rascó el mentón- No conozco a nadie que sepa a ciencia cierta lo que hay allí, pero se rumorea que el séptimo círculo del infierno parece un hotel de lujo si se compara con lo que hay en el módulo seis…
No hay tiempo que perder. El propio arcángel supremo va a comprobar que se han llevado a cabo sus órdenes en menos de media hora – repuso preocupado el ángel emisario mientras se retorcía las mangas de la túnica- Está de un humor de perros porque ha visto la bandeja de entrada de las peticiones fervorosas a San Miguel… bueno, la bandeja no la ha visto, porque está enterrada al fondo de su despacho que ya sabéis que está tan desbordado de papeleo que no se puede pasar…
Organizaré de inmediato el traslado de esa perra histérica. No ha parado de aullar y blasfemar desde que está aquí…pero no hemos intervenido porque hay órdenes expresas de no hacerlo. A ver si en el módulo seis tiene las santas narices de gritar lo mismo…
Los demás ángeles celebraron con risas la ocurrencia de su superior. Al emisario el módulo seis no le parecía tan mal lugar después de cómo había visto ponerse a Aziraphale.
Arrastrando los pies, Crowley caminaba por un larguísimo pasillo blanco flanqueado por seis ángeles armados con lanzas y espadas. El peso y la colocación de las cadenas que llevaba, y que sujetaban los seis, habría sido suficiente para frenar a un príncipe del infierno… ¿a que diablos venía tantísima seguridad? Trataba de memorizar el camino mientras le trasladaban a otro lugar desconocido, esperando encontrar un hueco en la seguridad, pero por alguna razón, parecía que ahora el cielo hacía bien las cosas.
¿Dónde me lleváis? Aziraphale dijo que quería hablar conmigo… exijo verle… oh, vamos!! Decidme al menos de que se me acusa ahora! La última vez no parabais de repetirlo!
Lo cierto es que era como hablarle a las paredes. Los ángeles no parecían oírle, ni tampoco le miraban de frente, pese a que le mantenían estrechamente vigilado. Intentó dejar de caminar, pero siguieron tirando imperturbables de las cadenas. Si no quería que le arrastraran por el suelo como un saco de patatas, no tenía más opción que seguirles. Tras caminar lo que pareció una eternidad, por fin el pasillo manifestó algún cambio. A lo lejos, empezaba a verse una puerta doble de metal claveteado. Una sensación indefinida de inquietud empezó a invadir a todos los presentes. Poco a poco, a medida que se aproximaban, se empezaron a dejar oír sonidos que bien podían ser la causa de esa inquietud. Voces disformes quizá suplicando o tal vez tarareando, con ese registro que solo logra dar la locura más absoluta, gruñidos que solo podían venir de las gargantas de engendros espantosos nacidos en pozas oscuras de barro y sangre, chirridos de maquinaria pesada tan vieja que para continuar en funcionamiento necesita magia prohibida alimentada con dolor...
Los ángeles se pararon como si se hubieran puesto de acuerdo a cinco metros de las puertas, grabadas en su totalidad con rostros que parecían querer escapar del metal herrumbroso para huir de la más inhumana agonía que expresaban sus rasgos deformados. De debajo de las puertas rezumaba un líquido apestoso que parecía poseer vida propia, arrastrándose hacia los pies de los ángeles.
Con todas las plumas de punta, pero sin dejar de amenazar la garganta del demonio con sus armas, los ángeles cubrieron a uno de ellos, que procedió a liberar al asustado demonio de todas las cadenas. Las puertas se abrían lentamente como fauces, revelando una negrura monstruosa que reclamaba al prisionero.
Entra. Vamos – ordenó secamente, aunque no pudo disimular del todo el temblor de la voz. Lo único que quería era salir de allí y no volver nunca más.
N….no…. – Crowley, pálido, intentó retroceder. Los ángeles se lo impidieron clavándole las armas en la espalda y el trasero.
ENTRA AHORA, SERPIENTE MISERABLE!
Temblando, el demonio dio un par de pasos en dirección a la puerta. Y la negrura lo absorbió en un instante, cerrando las puertas de golpe. Un grito desgarrador e inhumano hizo que los ángeles salieran si no corriendo por su estricto entrenamiento, si francamente deprisa de allí.
Capítulo tres: El paraíso en una botella
Tanto la luz del sol como el cielo, los árboles y el canto de los pájaros estaba francamente bien conseguido. Crowley carraspeó para suavizarse la garganta después del berrido animal que acababa de soltar para terminar de convencer a los guardias y miró a su alrededor con curiosidad.
Recordaba mucho al jardín del Edén. La vegetación exuberante, los arroyuelos y las fuentes, las aves que le miraban sin miedo desde las ramas… si, definitivamente era como aquél lugar… solo que sin la pareja original y por supuesto, sin el famoso árbol. De hecho, manzanos no se veía ni uno…
El demonio caminó por la mullida hierba, sintiendo su tibieza en la planta de los pies. Respiró hondo y desplegó sus alas, maltratadas por las sujeciones que no habían tenido en cuenta las cicatrices y quemaduras que la Caída dejó en la piel de las mismas. Súbitamente se le ocurrió que desde el aire podría localizar más rápido a cualquiera que estuviese en el mismo lugar… bueno, a cualquiera no. Buscaba a Aziraphale.
Dicho y hecho. Con un poderoso batir de alas, despegó de manera casi vertical y empezó a coger altura, feliz de poder volar libre. Cinco metros, diez metros…aquel paraíso se extendía como un mapa esmeralda a sus pies… quince metros….quince metros… quince metros… “pero que? Sigo subiendo, pero el suelo no baja… que demonios pasa aquí?”
Mientras pensaba sobre el asunto, vio a alguien mirarle desde el centro de aquel lugar. Lo reconoció de inmediato. Era Aziraphale
Bajó en picado, deteniéndose a medio metro escaso del suelo y aterrizando ágilmente tras él. El ángel se dio la vuelta.
Dios, que serio y ocupado parecía.
Aziraphale? Oh…Estas bien? Que te pasa? Oye, no sé por donde empezar, pero…
El ángel levantó una mano.
Crowley, ahora no puede ser. Únicamente vengo a comprobar si estás bien…
Antes de que el demonio pudiera seguir hablando o reaccionara de algún otro modo, Aziraphale le puso la mano derecha en la frente, examinándole con un rápido aunque completo escáner angelical. Frunció el ceño.
Les dije clarísimamente cual era el procedimiento a seguir. Y una vez más han hecho lo que les ha parecido bien- de su túnica blanca, el arcángel extrajo un delicado ungüentario. Acto seguido, derramó un aceite de maravilloso olor en sus manos y procedió a aplicarlo en las magulladas muñecas y en el cuello del demonio, pues las cadenas le habían dejado marcas.
Crowley se estremeció al sentir las manos de su amigo reconfortando su cuerpo.
Aziraphale, necesito hablar contigo… yo…
No puedo ahora. Quédate aquí y tan pronto como me sea posible, volveré a reunirme contigo. Por favor… quédate aquí –dijo sosteniendo la mirada amarilla del demonio con sus ojos claros como estanques de montaña. Su voz parecía de hielo- quédate aquí y disfruta de este sitio.
Pero…-
Las ciruelas están buenísimas, pruebalas! – le dijo, con un tono más afable ya, antes de desaparecer.
De nuevo, Crowley volvió a estar solo. En un miniparaíso, si, pero solo y sin respuestas. Frustrado, gritó al aire:
CIRUELAS?? PERO ES QUE TENGO CARA DE ESTREÑIDO O QUEEEE????
Furioso, pegó una patada a una bonita seta con pintas que nacía a los pies de un hermoso roble. El hongo salió volando, dejando a su paso esporas que brillaban como motas doradas a la luz del sol. Gruñó.
Me siento como Blancanieves en el bosque… y el único enano que había por aquí ACABA DE LARGARSE OTRA VEZ!!!- si seguía con ese cabreo iba a acabar cayéndole un rayo, y entre tanto árbol no era muy recomendable. De manera que respiró hondo y trató de calmarse.
A pesar de lo rápido y hermético de lo encuentro, le había parecido que Aziraphale trataba de decirle alguna cosa. Algo importante. ¿Cuáles habían sido sus palabras? “las ciruelas están buenísimas” no, eso no… “quédate aquí y disfruta de este lugar” Ahora que lo pensaba… había puesto un extraño énfasis en la palabra disfruta. Decidió que lo mejor que podía hacer era dar una vuelta y explorar el lugar. La puerta de entrada, que vista desde ese lado, era lisa y de un bonito tono crema, sería un estupendo punto de referencia. Se acercó a ella, y fue a posar una mano para empujar las mismas, cuando vio un detalle en el que no había reparado.
Una finísima línea dorada surcaba la madera. Solo se podía ver si te acercabas lo suficiente, pero ahora resultaba evidente que estaba allí. La siguió con el dedo, fijándose en su aparentemente aleatorio trazado. Crowley ladeó la cabeza. No, no tan aleatorio. Era un dibujo. En la puerta había dibujado con línea dorada un enorme libro, en cuya portada estaba representado un manantial.
Algo al fondo de la mente del demonio pareció despertar, aunque el recuerdo se le escurría como un pez entre los dedos. ¿Dónde había visto un libro así antes? Automáticamente miró a su alrededor, y su aguda vista de demonio distinguió muy al fondo del lugar un edificio. Pero no cualquier edificio.
Echó a caminar hacia la construcción, que había reconocido de inmediato. Era la librería de Aziraphale. Allí, en el cielo. “Cada vez es todo más raro… creo que me he confundido de cuento y esto es Alicia en el país de las fumadas…”. No tardó demasiado en llegar al lugar, y en trasponer el umbral.
La librería era idéntica, punto por punto, a la que había dejado en la tierra arrastrado por los ángeles guerreros. Solo que por las ventanas no se veía el barrio del Soho, sino el tranquilo jardín donde había ido a parar. Sobre el escritorio de Aziraphale algo le llamó la atención. Un plato con frutas. Y una oronda y amoratada ciruela destacaba entre las demás, llamando con fuerza su atención.
Capítulo cuatro: Secretos y enigmas
Crowley lanzó un gruñido de frustración. Llevaba horas de búsqueda por la librería de Aziraphale. Horas que no le habían aportado ningún resultado. Todo era exactamente igual que la librería de su amigo, pero una entidad sobrenatural como él notaba perfectamente que no era la librería de su amigo. Algo se le escapaba. Daba vueltas de aquí para allá, mirando libros al azar, buscando por los cajones, mirando bajo las alfombras… tenía que haber algo, estaba seguro de que había algo. Y sin embargo, nada. No encontraba ni una maldita pista de que le indicara que estaba pasando, que hacía allí y por qué el ángel había mandado capturarle. Notaba crecer en su interior otro acceso de ira (llevaba 72 horas de disgusto en disgusto) y sabía que como no diera salida a aquella rabia… bueno, no sabía que pasaría, porque siempre le daba salida. Buscó a su alrededor algo contra lo que desahogarse.
Si. Justo eso.
Prueba las ciruelas, están buenísimas…- dijo poniendo voz de niña, y cogió a la inocente fruta, clavándole las garras de demonio que acababan de manifestarse- Que poco me conoces, angelito… que poquito… porque si me conocieras, habrías sabido perfectamente QUE NO ME GUSTAN LAS CIRUELAS!!!!!!
La fruta se estrelló contra el ventanal de la librería con tanta fuerza como si hubiera sido lanzada por un cañón. La ciruela se hizo pulpa literalmente al chocar contra el cristal, desparramando pedazos violáceos por todas partes, salpicando el escritorio, los libros, el suelo…y dejando una peculiar marca en el cristal. El demonio no daba crédito a lo que veía.
G 1-4
La fila de ángeles guerreros se cuadró cuando sus superiores supremos pasaron entre ellos. Uno era bien conocido ya en el cielo por su posición única y privilegiada, ya que era el portavoz de Su Omnipotencia, de Ella misma, de la Que Era la que Era. El otro, aunque recién llegado, ya había dejado bien claro que sabía cómo hacer las cosas y que estaba dispuesto a hacerlas como debían hacerse.
El Metatron y Aziraphale llegaron hasta las puertas que se abrían al jardín de los Bienaventurados y siguieron caminando pausadamente, pues disponían de toda la Eternidad.
De manera que ya ha sido capturado y reducido a la cautividad, ¿no es así, Aziraphale? – el precioso jardín, anclado en una eterna primavera, estaba soleado y rebosante de flores-
Si, así es. Lo he confirmado yo mismo. El demonio Crowley, el que fuera mi astuto adversario en la tierra, ya está en nuestro poder. Se acabó la amenaza que representaba para… para el plan- repuso el arcángel supremo, con una sonrisa calculadora.
La amenaza no desaparecerá hasta que no desaparezca él mismo.- El Metatron se paró y miró a Aziraphale- Es nuestro penoso deber encargarse de eso cuanto antes, ya lo sabes.
Aún no…eso sería precipitarse, ya todavía tiene su utilidad. Él fue de los que se encargaron en primera instancia del Universo, y si el plan es volver a reiniciar todo, nos vendrá muy bien saber como hacer que ciertas cosas funcionen… ya sabes… las galaxias, los sistemas solares, las estrellas… Es una fuente de información irremplazable que no podemos permitirnos perder. Todavía.
No fue el único que participó en la Creación. En realidad, ese Caído fue uno de los… digamos “jefes de obra” pero no fue el ingeniero- el Metatrón apartó de un manotazo una pequeña mariposa que, atraída por los dorados de la ropa de los seres celestiales, se había acercado.
Pero los ingenieros no participan de nuestro plan, ¿no es así? Ellos están tan ocupados cantando a Su Omnipotencia que nada en el universo podría distraerles de su única y sagrada tarea. Además…-apartó con cuidado una ramita llena de brotes- Los experimentos que hemos realizado no son satisfactorios. Ni de lejos…
Génesis 1-4? En serio?!! Es una broma o qué?- dijo el demonio a la nada- No recuerdo ninguno de los textos sagrados, angelito!!! Esa parte de mi memoria se borró cuando me echaron de este club de campo pijo, recuerdas???
Crowley dio una patada al escritorio. Otra vez en un callejón sin salida. Aziraphale recordaba prácticamente todos los libros sagrados, con puntos y comas, como ángel que era (y además uno muy inteligente) Y en su momento el propio Crowley también se los había aprendido de memoria, pero eso le fue arrancado junto con la inocencia cuando le expulsaron. Resopló. No, tenía que ser otra cosa. Intentó acudir a un pensamiento más analítico. Su amigo era muy dado a pensar de un modo racional, a diferencia de las intuiciones de Crowley, así que intentó pensar como pensaría Aziraphale.
Vale. Quieres que busque en la Biblia? Lo haría, pero no puedo tocarla a menos que quiera quemarme las manos como un elfo doméstico!
Siseando, Crowley miró el ejemplar del libro sagrado que Aziraphale tenía siempre sobre el escritorio. Decididamente, si había algo escondido en uno de los libros, ése era el que mejor cumpliría su función… de mantener alejado al demonio. Igual que el suelo consagrado, cualquier objeto bendito causaba graves quemaduras al desafortunado demonio que pusiera alguna parte de su cuerpo en contacto con él. Sin embargo, Aziraphale había adivinado que lanzaría la ciruela contra la pared. Anotó mentalmente disculparse con el ángel por ello (disculparse también mentalmente), ya que sí sabía que no le gustaban las ciruelas y había previsto su airada reacción. Había pensado que se enfadaría lo suficiente como para manchar su preciada librería y sus queridos libros… pero no, eso no era algo que fuese a tolerar tan fácilmente. Lo de manchar los libros no le cuadraba para nada… A no ser… El demonio abrió más sus grandes ojos amarillos por la sorpresa.
Imposible, no podía ser. El poder necesario para crear réplicas era propio de las más altas esferas angelicales, cuando no directamente de Ella. Y Aziraphale era un Principado, aunque le hubieran subido de rango a Arcángel supremo. A fin de cuentas, Arcángel tampoco era un rango tan alto…y decididamente no podían crear réplicas.
El sentimiento de que algo no era como debía ser le asaltó de nuevo. La librería estaba igual…Miró por la ventana. El jardín era igual al Jardín del Edén… pero algo… sus ojos de serpiente se quedaron fijos en un pajarillo que cantaba sobre una rama. El animalito se atusó el plumaje de un ala, se sacudió, y rompió a cantar con energía. Su garganta se sacudía al compás de su canción. Cantó tres estrofas de su canción primaveral y miró a su alrededor, por si había encontrado una compañera. Después se atusó el plumaje de un ala, se sacudió y rompió a cantar con energía. Cantó tres estrofas y miró a su alrededor. A continuación volvió a picotearse el plumaje del ala y a sacudirse. Y de nuevo a cantar tres estrofas…
La luz se hizo en la mente del demonio en ese momento.
Es un salvapantallas! No es una réplica sino una copia parcial! Claro… por eso los objetos creados por humanos son idénticos, pero lo que es obra de… bueno, ya sabemos de quien, solo está parcialmente copiado! Aziraphale… pero en que estás metido? Estás creando copias? Por qué? No me digas que estás jugando a ser…ay, ay, ay…
La Biblia está inspirada por Dios, pero es obra de los hombres. Sin embargo, hacía falta esa parte inefable para que sea sagrada… Crowley respiró hondo, apretó los dientes y cerró los dedos en torno al libro, esperando el dolor ardiente de la quemadura.
Que no llegó. El libro estaba en su mano, inofensivo.
Lo abrió por el medio. El papel fino y la letra diminuta propios de la Biblia le hicieron ver que la copia era casi perfecta. Casi. Porque podía tenerla en su mano. Podía leerla. Podía consultarla. Y ahora podía saber lo que decía el Génesis 1-4
Capítulo cinco: Libros y revelaciones
“Y vio Dios ser buena la luz y la separó de las tinieblas”
Esa sencilla frase componía la cita que le había dejado Aziraphale. Si el ángel pretendía que llegase a alguna conclusión con tan gran revelación, claramente iba listo. Era el principio de Creación y cuantas veces los ángeles habían recurrido al socorrido “hágase la luz” cuando necesitaban iluminar algo. Naturalmente que por una parte estaba la luz y por otra las tinieblas. Esa dualidad era lo que sustentaba todo aquel tinglado del cielo y el infierno, la luz y la oscuridad, lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro. Paseó su mirada por la librería de nuevo. Había algo que tampoco estaba en su lugar, y lo vio en un segundo vistazo. Los aros mágicos de Aziraphale, esos que nunca era capaz de hacer funcionar correctamente. Sin embargo, al mirarlos con más atención, se dio cuenta que los anillos no eran todos del mismo tamaño, sino que cada uno era un poco más grande que el anterior, y estaban ordenados por tamaño, unos dentro de otros. Que raro…
Mientras sostenía el libro, un papel cayó de entre sus hojas. El demonio se agachó y lo tomó. Al desplegarlo, encontró un conocido dibujo, perteneciente a otra filosofía. El ying y el yang.
El demonio se quedó mirando el dibujo, representación creada por los hombres. El círculo perfecto que encerraba dos mitades divididas por una línea curva, una blanca y la otra negra. Y en el seno de cada color, un punto del contrario parecía querer invadir al otro, dando la sensación de un movimiento infinito de muerte y vida, de blanco y negro, de luz y oscuridad…
Movimiento, alternancia, contrarios que se complementan. Crowley sacudió la cabeza. Tenía algo, un débil idea, escurridiza como un pez. Se llevó las manos a las sienes, tratando de fijar ese pensamiento. Una rueda, un ciclo…sol y luna, día y noche.
Luz y tinieblas. La luz es buena, hay que separarla de las tinieblas… porque son malas, las tinieblas son el mal… el bien y el mal…Dios!!!
Dios separó la luz de las tinieblas porque vio que era bueno…- el demonio se exprimía el cerebro tratando de seguir la idea de Aziraphale- Separó el bien del mal, el cielo del infierno… y en la tierra se han vuelto a juntar, los hombres lo han vuelto a juntar… ellos son tonos de gris y… y… J***R!! Eso es!!! Los hombres han juntado lo que Dios separó, ellos son caos, mezcla de luz y de oscuridad…
Asintiendo, el demonio miró a su alrededor, en busca de teorías que reforzaran esa idea. Si, eso es, Aziraphale le había puesto en una copia del jardín del Edén, la cuna del hombre. Y en el medio del mismo, una librería. Una creación humana. Era como aquellas muñecas que tanto le gustaban a los rusos, como círculos concéntricos, unas cosas dentro de otras, en el centro de otras.... Y en la librería…
Crowley se quedó de piedra al darse cuenta de lo que implicaba esa idea. En el centro de ese microcosmos dos seres sobrenaturales. Uno que representaba la luz, el propio Aziraphale. Y otro que representaba las tinieblas, él mismo, Crowley. Ellos eran la esencia de la humanidad. Y ahora estaban separados, como hizo Dios al crear el cosmos.
Pero eso no podía ser obra ni deseo de Ella. Ella se enorgullecía de su obra, se enorgullecía de la humanidad… Crowley sabía perfectamente que Satán cayó por negarse a admirar y a servir a la obra de Ella, por negarse a arrodillarse frente al Hombre, porque el propio Crowley había estado allí…pero ahora alguien quería reiniciarlo todo y…
¿Y si desde el principio Ella había propiciado que Aziraphale y él se conocieran para unir por algún punto la luz y las tinieblas, para que no estuvieran completamente separadas y que el mundo funcionase, como una gigantesca rueda?
Súbitamente le vino como un flash a la mente la tremenda potencia del milagro que habían hecho para esconder a Gabriel pretendiendo que fuera mínimo, con una potencia capaz de resucitar a 25 personas. Eso era lo que se conseguía al unir la luz y la oscuridad.
Válgame el cielo… que el plan es separarnos a nosotros para reiniciar el mundo…- murmuró el demonio sin dar crédito-
Tenía que salir de allí. Tenía que encontrar urgentemente a Aziraphale. Ya no se trataba sólo de que no quería perder a su único amigo bajo ningún concepto. Es que el propio universo estaba en juego.
El demonio salió de la librería y se dirigió a la puerta de entrada. Si se podía usar para entrar, por pura lógica se podía usar para salir… después ya se las apañaría para moverse por el cielo, ahora que no estaba inmovilizado. Sin embargo, vio algo que le hizo parar en seco. Había aparecido una rendija entre las dos hojas de la puerta. Alguien venía. Por un instante, tuvo la esperanza de que fuese Aziraphale, que volvía a explicarle de que iba todo aquello y también a pedirle perdón de paso por la última conversación que tuvieron en la tierra. Pero no era él. Antes había aparecido directamente allí. Y sabía que la puerta era un engaño, era la protección que el ángel le había puesto para que nadie le molestara allí.
No podía permitir que se descubriese que su amigo había mentido de nuevo a los suyos, pues le harían pedazos. Le correspondía a él protegerle ahora.
El demonio respiró hondo y alzó los brazos y las alas en una agresiva pose, como amenazando a aquél idílico cielo, y soltó un grito semejante al rugido de un leviatán.
Parpadeando para tratar de acostumbrar la vista a la oscuridad, el Metatrón retrocedió un par de pasos cuando llegó hasta su nariz el nauseabundo olor a putrefacción que parecía espesar el aire de aquel inmundo calabozo. Las antorchas que iluminaban el húmedo corredor de piedra al que daban acceso las puertas de metal ardían precariamente, emitiendo más humo negro y acre que luz, y dando a las sombras del lugar una repugnante sensación palpitante que hacía recordar a la mente el reptar de los gusanos en un cadáver. Pedazos informes de cosas que tal vez en algún momento estuvieron vivas colgaban de cadenas en las paredes. El ángel titubeó en el corredor, y estuvo a punto de darse la vuelta y marcharse. Sin embargo, estaba allí para cerciorarse de que aquel demonio, tan peligroso para sus planes, estaba a buen recaudo y no representaría una amenaza hasta que fuera el momento adecuado para destruirlo para siempre. Ya tenía bajo su control al Principado Aziraphale; sin embargo, no terminaba de confiar en que aquel Tentador conocido como Crowley no volviera a engañar al pobre imbécil y a llevarle de nuevo a su terreno, por lo que él mismo personalmente había modificado las órdenes que diera el arcángel supremo de respetar el bienestar del prisionero, haciendo que se le confinara en un pedazo de las mazmorras del infierno copiadas ex profeso para eso.
El Metatron nunca había puesto un pie abajo, por supuesto, y no sabía cómo era exactamente el averno. Sin embargo, lo que estaba viendo le revolvía tanto el estómago que no le cabía duda de que uno de los experimentos que habían realizado con el Libro de la Vida había tenido éxito. Al menos ese patoso de Aziraphale tenía una mínima habilidad para algo… Avanzó por el corredor polvoriento, atestado de huesos de pequeños animales que crujían deshaciéndose bajo sus pasos. Al fondo, un ventanuco con barrotes situado en una sólida puerta herrumbrosa parecía atraerle como un imán. El silencio era absoluto, roto tan solo por el crepitar de las antorchas. El ángel respiró hondo pese al repulsivo olor para serenarse. Por supuesto, estaba perfectamente a salvo. Ningún demonio solitario, exceptuando al Príncipe de las Tinieblas, era rival para él, y mucho menos uno que debía estar inmovilizado y debilitado por símbolos sagrados, según él mismo había ordenado. Pero a medio corredor, empezó a oír un siseo comparable al de una serpiente gigantesca, pero con la cadencia y la profundidad de una respiración humana. Algo enorme parecía deslizarse por el suelo, con un entrechocar de escamas, y ocasionalmente lo que parecían murmullos o tal vez lamentos se mezclaban con el enervante siseo.
Reuniendo valor, el Metatrón se atrevió a echar un rápido vistazo por el bien protegido ventanuco. Y lo que vio hizo que se erizara de horror el vello de su nuca.
Una espantosa criatura, mitad serpiente, mitad demonio, siseaba y se retorcía, encadenada e inmovilizada con ganchos de metal clavados en la carne en el centro de un pentáculo diseñado para retener a los demonios en sus interior. Su piel, mitad recubierta de escamas negras, mitad abrasada y en carne viva, se tensaba y contorsionaba intentando liberarse del tormento de las santas oraciones del círculo. Al verle asomar, giró la cabeza y clavó una mirada de odio tan feroz en los ojos claros del ángel que el Metatrón sintió verdadero dolor físico al recibirla.
El ángel tuvo que hacer un auténtico esfuerzo para no desvanecerse. Giró sobre sus talones y salió corriendo, cerrando la puerta tras él y atrancándola. No dejó de correr hasta llegar a sus habitaciones particulares.
Tan pronto como el Metatrón desapareció, Crowley chasqueó los dedos y toda aquella parafernalia desapareció. Sonrió de medio lado.
Querías echar un vistazo al infierno, cara culo? Pues toma, toma infierno!
Capítulo seis: Revelaciones
Fantástico… se me ha ido la mano, como viene siendo habitual…- murmuró frustrado el demonio al escuchar cómo se atrancaban las puertas desde fuera. Adiós a su plan de salir por allí.
Volando ya sabía que no iba a poder llegar a ninguna parte, como había comprobado. Y el jardín parecía acabar, igual que el jardín del Edén, en un muro que lo rodeaba por completo y que, aunque grande, seguía siendo un recinto cerrado.
Igual que un maldito terrario… -gruñó molesto- estoy encerrado como una serpiente en el zoo. Pero si Aziraphale quería que averiguase lo de la Separación, cuál es el siguiente paso? Necesito hablar con él más que nunca… y por supuesto, nunca ha tenido un maldito teléfono móvil…Como se habla con un maldito ángel?? – el demonio abrió mucho los ojos- Oh, mi**da… no es posible… no puedo creer que tenga que hacer esto…
Respiró hondo. No había intentado rezar desde la vez que le pidió a Ella que perdonase a los humanos cuando Aziraphale y él buscaban al anticristo. Y por supuesto, no había obtenido ayuda y sí una tremenda jaqueca. Era lo que les ocurría a los demonios que trataban de rezar. No estaba seguro de que pasara lo mismo si se le rezaba a un ángel, pero seguramente el resultado no sería muy distinto. Pero tenía que comunicarse con Aziraphale como fuese, y más si estaba metido en un lío tan gordo como creía.
Así que intentó dejar a un lado (al menos temporalmente) su rabia y su frustración y tener fe en que sería escuchado. Y esa era la parte más difícil, pero le ayudaba pensar que el ángel nunca le había fallado hasta entonces.
Claro que jamás le había rezado. Se arrodilló apretando los dientes y cerró los ojos bajando la cabeza.
Bendito Aziraphale, arcángel supremo, preferido de los santos, acudo a ti desde la más humilde…
La voz del ángel se dejó oír tan claramente como si estuviese sentado en su silla frente al escritorio.
Oh, Crowley, por el amor de Dios, déjate de formulismos. ¿Por qué has tardado tanto en intentar esto?
Ehhh??!! Pero como que por qué he tardado tanto? Si se me ha ocurrido de mila… de chiripa!
Pues muy mal, era muy evidente que para comunicarte conmigo tenías que rezar. Y además nadie puede escuchar lo que decimos por este canal, hombre!
Crowley estuvo a punto de soltar una grosería, pero a riesgo de envenenarse, se mordió la lengua. Después de todo, la buena noticia era que por fin podía hablar con Aziraphale largo y tendido. Y no pensaba desaprovechar la oportunidad que había ansiado tanto.
Está bien, ángel. Ahora me escuchas y no hay nadie más oyendo, así que vas a explicarme pero ya que significa todo esto – gruñó al aire.
¿Qué significa qué, querido? – la voz del ángel sonaba despistada- ¿Qué significa que pueda oírte cuando rezas? Pues está claro que…
No, no, NO! No te me pierdas en disquisiciones absurdas –repuso con impaciencia- Quiero saber por qué te fuiste de ese modo, sin dar explicaciones y eligiendo por encima de mí a los que nunca te han apoyado… y por qué ordenaste que los ángeles guerreros me cazasen como si fuese una alimaña…- Al demonio no le importaba ya mantener esa pátina de superficialidad que había caracterizado todas sus conversaciones desde que se conocían. Había ido directamente al grano porque la situación había cambiado desde que se declaró en la librería, y ahora algo por dentro le gritaba que ya ese nivel no era suficiente, y que con su beso había atravesado una puerta por la que no se podía retroceder.
Crowley escuchó un largo suspiro. Hubo un silencio y cuando volvió a hablar, la voz de Aziraphale sonaba cansada. Con el paso de los años Crowley había aprendido a reconocer la incomodidad del ángel en ese supuesto tono cansado, y por tanto sabía que era más evasivo que otra cosa.
Es que me pareció que estarías más seguro aquí, bajo mi protección.
Ehh?! Pero cómo voy a estar más seguro en el cielo? Has olvidado que soy un demonio? Y que además no quiero estar aquí? – Crowley no daba crédito a lo que estaba oyendo, y notaba como cada vez estaba más cabreado- Ya te dije una vez que no quería volver a este maldito lugar, y tú te las has apañado para subirme a la fuerza! Estoy entre mis enemigos, ángel, es que no lo ves?
Y tú no ves que ahí fuera estás completamente solo? Es que no ves que mientras que yo… que si ellos piensan que estás fuera de control cualquiera puede ir a… encargarse de ti? Ángeles, sí, pero también demonios, e incluso sabes que algunos humanos bien preparados pueden ser un problema para los tuyos…un exorcista, por ejemplo… o incluso podrías haber… bueno, ese temperamento tuyo tan explosivo a veces me preocupa…- la voz del ángel temblaba ligeramente, debatiéndose entre la culpabilidad por haber actuado en contra de los deseos de su amigo y la convicción de que, aunque ahora no lo viese, lo había hecho todo por su bien.
Me las he apañado perfectamente durante más 6000 años! No necesito tu protección!- resopló con rabia el demonio- Lo que quiero es que me expliques porqué primero me abandonas y luego me encierras en una celda acolchada!! Maldita sea, Aziraphale, pensé que era TU AMIGO, NO TU MALDITO JUGUETE!!!
Llegado a este punto, Crowley se dio cuenta que le costaba respirar, y que estaba gritando a pleno pulmón. Se había puesto de pie y, con los puños apretados, rugía furioso a aquel estúpido cielo azul.
Cuando volvió a hablar, la voz de Aziraphale sonaba dolida y triste.
Puedes irte cuando quieras, Crowley, no eres un prisionero. Te indicaré como salir si eso es lo que deseas. Y por supuesto, siempre te he considerado mi amigo- hubo un silencio- La puerta de atrás de la librería te llevará fuera de este entorno seguro. Siento haberte molestado.
No! – el demonio sacudió la cabeza- no, deja de hacer eso. Lo que quiero son respuestas, no disculpas. No me sirve que me digas “ah, si no quieres jugar a mi juego ya puedes irte y que te parta un rayo”. No me hagas eso. No me des tú también la patada en el culo como la jefa.
Súbitamente el cielo se nubló, volviéndose gris de tormenta.
Crowley, cuidado. Aquí eso está fuera de lugar – la voz de Aziraphale sonó seria y llena de autoridad- Hablaremos de ese asunto si quieres en mejor ocasión.
Así que no vas a darme ni una sola respuesta, no es así? Que habitual en tu gente…Es cuestión de fe, por supuesto…haz todo lo que yo digo, que no me voy a molestar en explicarte las razones; después de todo, tú ya metiste la pata hasta el fondo… - el tono de Crowley destilaba veneno.
La respuesta es que la existencia del mundo tal como lo conocemos, así como la tuya y la mía están amenazadas. Pensaba que ya lo habrías deducido. Por supuesto, no puedo ni quiero permitir que ocurra. Y por eso quería protegerte y pedirte ayuda.
Al escuchar a Aziraphale decir que quería protegerle, Crowley sintió como si el ángel hubiese echado un jarro de agua en la hoguera que ardía en su interior. No solo se trataba de las palabras que había empleado, sino de la forma en que lo había dicho. Su tono le había dado a entender que si al demonio llegara a pasarle algo, Aziraphale no podría soportarlo.
Capítulo siete: Jugando a ser Dios:
Vale… - Crowley respiró hondo y dio unos pasos decididos como para marcharse, aunque no sabía donde ir- eh…vale – Se pasó la mano por el pelo rojo compulsivamente, como si una inexistente ráfaga de aire se lo hubiese descolocado aunque lo que trataba de hacer era calmarse- Vale, bueno…
Respirar hondo y soltar el aire despacio varias veces baja el ritmo cardíaco y ayuda a disminuir la ansiedad…- comentó solícito el ángel
Aziraphale…
¿Si? Te escucho…
El demonio sacudió la cabeza, incapaz de hablar. Levantó una mano pidiendo tiempo y se apoyó en un hermoso alcornoque. Arrancó la suave corteza con las garras al cerrar el puño. No necesitaba consejos baratos para tranquilizarse. Lo que necesitaba era…
Súbitamente le invadió una sensación cálida y reconfortante, como sumergirse en un agradable baño de agua caliente. Cerró los ojos y pudo sentir como un manto de plumas le envolvía y le protegía. En el fondo de su memoria, surgió el recuerdo de estar en casa. Y de alguna manera, Crowley supo que eran las alas de Aziraphale lo que sentía alrededor. El ángel jamás había hecho eso antes, y se quedó sorprendido por ello, aunque no en el mal sentido.
Acudir a un ángel tiene sus recompensas, querido – musitó suavemente Aziraphale- Puedo hacer esto con aquel que me pide ayuda de corazón…- la voz bajó aún mas, casi como un arrullo- y llevo siglos deseando poder hacerlo contigo.
Y por qué no lo has hecho antes? – Crowley respiró hondo antes de continuar para asegurarse que sería dueño de su voz. Lo consiguió, aunque alguna lágrima traicionera brilló en sus ojos- Ni siquiera es la primera vez que te grito…
No, no lo es, pero esta es la primera vez que bajas todas tus defensas y te muestras tal como eres…y que yo estoy preparado para amarte como mereces– De nuevo brilló el sol, aunque la voz de Aziraphale seguía triste.
El demonio se olvidó hasta de respirar por unos instantes. ¿Había dicho que le amaba? ¿Era eso lo que había escuchado?
Aziraphale… has dicho que…tú has dicho que me… este… te acabas de declarar?
Así es. Si el Metatron descubre mi jugada y me elimina, quiero que sepas que te amo y que siempre lo he hecho, aunque haya sido incapaz de reconocerlo durante muchísimo tiempo. Luchar contra otros es difícil, pero luchar contra uno mismo implica un nivel de maestría que yo estoy muy lejos de haber alcanzado…
Crowley mostró un colmillo en una fiera mueca.
Qué es eso de que si te elimina? Acaso me estás diciendo que te ha amenazado?
Tiene en su poder el Libro de la Vida, Crowley. Y es el Escriba Supremo, por lo que tiene el poder de modificarlo.
Eso nunca ha sido así- resopló el demonio- El Libro de la Vida no es algo sobre lo que se pueda intervenir; es decir, no puede modificarse ni enmendarse, simplemente deja constancia como un diario de lo que ha sucedido por voluntad de Ella… porque, si lo enmiendas, la estás corrigiendo, no? Solo pensar en realizar el acto en sí es una blasfemia…
Aziraphale guardó silencio durante un rato.
¿Cómo posees tantos conocimientos acerca del Libro? La mayoría de los ángeles desconocen incluso su existencia…
Eso no importa ahora… ángel, por favor, no puedes venir para que hablemos cara a cara?
Ahora mismo es imposible. Además, en ese caso, podrían escucharnos.
Lo que yo pienso es que es un farol. El Libro no puede cambiarse, Aziraphale. Olvídate de las amenazas de ese fantoche, porque no tienen base.
Crowley… ya hemos hecho pruebas y se ha cambiado el libro en varias ocasiones… el secreto está en no modificar nada que ya esté escrito. Pero si añades cosas con las palabras adecuadas, para lo cual mis conocimientos son decisivos, funciona.
Queeeee??? Dime que no has participado en eso… dímelo, Aziraphale, por favor…
La voz del ángel se tiñó con el feo color del miedo.
Viene hacia aquí. Seguiremos hablando cuando sea posible.
Luego, silencio. Crowley dejó de escuchar al ángel y de sentir el abrazo de sus alas.
Aziraphale? Ángel, me escuchas??- llamó el demonio sin éxito- Aziraphale?... oye, no creas que me voy a quedar aquí escondido mientras ese mamarracho te hace bailar a su son. Está modificando el libro para usarlo como instrumento de poder, verdad? Bueno, pues yo voy a ir a donde está y le voy a modificar la cara…, eso te lo prometo.
Con los puños apretados, el demonio se encaminó con decisión a la puerta trasera de la librería.
Todo estaba igual que cuando se había marchado, incluyendo la mancha de ciruela. El demonio sintió una breve punzada de culpabilidad cuando vio que la fruta había chorreado y manchado parte de los libros que había sobre el escritorio de Aziraphale, aunque rápidamente recordó que aquello era tan solo una copia de la verdadera librería. Gruñó. Lo que pretendía hacer ese estúpido de Metatron era una locura. No podía escribir sin más en el libro que el mundo se destruiría y reiniciaría de nuevo tal como era. La Creación no tenía botón de reset. Cierto era que Ella había desatado calamidades como el Diluvio que fue como un borrado y una vuelta a reescribir, pero en realidad no era más que lo mismo que hizo en varias ocasiones: una dura lección para advertir a la Humanidad de que debía corregirse. La idea nunca había sido quitarlo todo, sino mejorar la Creación, mejorar al Hombre, hacerle aprender. Suspiró. Al menos al hombre se le daba ocasión de enmendar el error… sin embargo, lo que el Metatron pretendía era destruir todo y empezar de nuevo.
Y lo peor de todo es que quería arrastrar a Aziraphale en su locura. Quería jugar a ser Dios, y para eso, necesitaba apoyos, secuaces que llevaran sus planes a cabo. Exactamente igual que Lucifer.
Si no hacía algo, Aziraphale caería igual que cayó él. Y eso era lo que impediría al precio que fuese. Como si tenía que retorcerle el pescuezo con sus propias manos al Portavoz, aunque eso supusiera el exilio de Crowley en las profundidades del infierno para siempre. Mientras le quedase el más mínimo recurso, no permitiría que su ángel pasara por lo que pasó él cuando fue expulsado del cielo.
Abrió la puerta trasera de la librería, esperando ver el callejón de atrás en el barrio del Soho; sin embargo, lo que encontró fue otro pasillo blanco, aunque bastante más pequeño que los que había visto hasta el momento. No solo era más pequeño, sino que estaba menos iluminado, y parecía bastante más antiguo. Crowley se preguntó porqué nunca había visto pasillos como ese hasta que su instinto demoníaco detectó una presa potencial. Un alma.
Un alma completamente pura.
Los grandes ojos reptilianos del demonio se abrieron con sorpresa. Por el pasillo corría una hermosa niña, riendo y llamando a un cervatillo que brincaba y hacía cabriolas delante de ella. Ambos habían aparecido doblando un recodo del que emanaba la luz cálida de algún exterior.
El demonio retrocedió ante ellos como si la niña y su ciervo fuesen un muro de llamas. Su naturaleza demoniaca no podía sufrir el tener algo tan puro e inocente cerca. Se encerró de nuevo en la librería, esperando a que se marcharan. Desde luego, ningún ángel le buscaría allí… Así que en teoría, los caminos que usaban los Bienaventurados le proporcionarían una forma segura de moverse por el cielo sin ser detectado. Siempre y cuando pudiera soportar el estar tan cerca de los Puros…
Apretó los dientes. Aziraphale estaba en sus manos. Debía hacerlo. Se le ocurrió que en su forma de serpiente tal vez le resultaría más fácil aguantar tanta bienaventuranza ya que en esa versión era más animal y por tanto, más inocente, por lo que volvió una vez más a su identidad de ofidio. Salió deslizándose por la puerta y comenzó a seguir el pasillo. Le costaba, pero lo aguantaba por el momento. Gracias a su sentido del olfato, encontró el rastro de Aziraphale en el dédalo de pasillos y comenzó a seguirlo. De ese modo, salió al Jardín de los Bienaventurados.
Pese a que había varias almas en el lugar, era tan amplio y espacioso que le resultaba sencillo evitarlos escondiéndose tras plantas y piedras. Mezclado con el rastro de su amigo, podía detectar también el de aquel estúpido que estaba a punto de provocar una segunda rebelión en el cielo.
Siseó con rabia. Cuando le pusiera las manos encima…
Y entonces cayó en la cuenta. Cuando le pusiera las manos encima, qué? Aunque le diera la lección que se merecía, no arreglaría nada si el libro seguía en su poder. O incluso aunque pudiera deshacerse de él, otro pelagatos podría intentar hacer lo mismo. La estrategia no era ir a por el Metatron, sino a por el libro. Claro que como bien había dicho Aziraphale, casi nadie conocía la existencia del Libro de la Vida… básicamente porque a menos que supieras donde estaba, no podía ser encontrado.
Se suponía que solo Ella sabía dónde estaba el libro; pero claro, lógicamente su portavoz también.
Para que narices le cuentas a nadie donde guardas el diario? – siseó furioso Crowley- Ahora a ver como me las apaño para encontrarlo… si sólo sabes tú donde está, y al Metatrón no puedo preguntarle…otra gracia como lo del Arca de la Alianza… aunque eso si se lo contaste a algunos…- la serpiente dio un respingo como si se hubiera pinchado al ocurrírsele súbitamente la idea- Los profetas! Si le revelas la información a alguien más!! Jajaja! Bendita seas!!
Capítulo ocho: La Profeta
Los ángeles no se olvidan de nada. Sus mentes son como potentes discos duros en los que cada información recibida es ordenadamente almacenada y está disponible siempre para poder ser consultada. En ese sentido, podrían dar envidia a las inteligencias artificiales más complejas. Sin embargo, flojean a nivel de análisis y generación de nueva información, ya que son incapaces de ver dobles sentidos, relaciones indirectas o extrapolaciones complicadas. En ese otro sentido, y si estuvieran autorizados a ello, se pondrían verdes de envidia escuchando a cualquier humorista inteligente.
Crowley conservaba (a diferencia de la gran mayoría de demonios) la maravillosa memoria de los ángeles y salvo algunas lagunas artificiales originadas a raíz de su Caída, mantenía muchas cosas de sus recuerdos de ángel… y todos sus recuerdos de demonio. Encontró una cómoda madriguera semioculta tras un tronquito caído, y tras desalojar al indignado conejillo que la habitaba, se acomodó en el dormitorio de éste y enroscado, suspiró y apoyó la cabeza sobre las lustrosas vueltas negras de su largo cuerpo. Suspiró y dejó que su mente le llevara atrás en el pasado, muy atrás, mucho antes de las guerras mundiales, antes aún de que Roma dominara el mundo, antes de la prédica del Nazareno, antes del apogeo de los Pueblos del Mar, e incluso del nacimiento del poderoso Ramsés II...
… el sol era ya una bola rojo sangre ocultándose tras las polvorientas montañas, aunque aún así su calor abrasador quedaba en el aire como un recuerdo. Hacia el suroeste, muy a lo lejos, el Mar Muerto dejaba sentir su influencia de salitre robando la poca humedad que el crepúsculo podía generar en aquella tierra castigada por el calor. Con esfuerzo, los últimos rezagados ascendieron la última cuesta hasta el pequeño valle en el que un pozo permitía una modesta vida de supervivencia. Una enorme palmera marcaba el lugar como si se tratara de la única columna en pie de un templo arrasado, y alrededor de ella la gente se iba acomodando como mejor podía, sobre esteras, sobre mantas, o los más humildes, sobre el santo suelo. La mujer sentada en una piedra bajo la palmera parecía un elemento más del paisaje, hierática y silenciosa como una esfinge.
Entre los últimos en llegar, había un hombre con una ajada túnica crema que aún resoplaba por la dureza del último tramo del camino. Cedió el sitio que acababa de divisar a una anciana que caminaba tras él (en realidad podía haberle adelantado cómodamente subiendo la cuesta, pero se mantuvo detrás porque de este modo le cortaba el viento lleno de arena) y se quedó de pie con cara de fastidio, ya que estaba demasiado alejado para escuchar bien lo que la profetisa diría.
Crowley, con túnica de lana oscura y tranquilamente sentado en un buen lugar sobre una estera con la espalda apoyada en una piedra, le hizo una seña cuando miró en su dirección. Pidiendo mil excusas y perdón a todo el mundo por molestar, Aziraphale se acercó hasta él y se sentó en el hueco que le dejó el demonio.
No esperaba verte por aquí… - comentó en rubio ángel secándose el sudor con un pulcro pañito que sacó de la manga. De repente se le ocurrió una terrible idea- ¿no habrás venido a tentarla a ella?
Que? Nah… - el demonio sonrió y sacudió la cabeza- no, no, he venido porque conozco a la que ha hecho la demanda de juicio contra su vecino, y es de armas tomar… es un juicio de una mujer contra un hombre en el que además juzga una mujer, Débora. El hecho de que la propia Débora sea una profeta no es relevante en este caso…aunque lo hace más interesante, debo admitir.
Que endiablado camino…- musitó el ángel mientras esperaban que comenzase el juicio- incluso siendo un… bueno, un ente sobrenatural, el suelo esta tan caliente que me quemaba los pies pese a las sandalias… y esa arena que parece lija…vaya lugar a donde se ha venido esta mujer…
Y sin embargo, mira el llenazo de sus juicios… tiene fama de justa. Lo que me sorprende es que la escuche esta gente…
Aziraphale miró a su alrededor.
Pues si… y hay muchos hombres entre el público. Realmente tiene el respeto de la gente. Es normal en un profeta, ya que es un ser tocado por Ella.
En burro – opinó el demonio, haciendo un gesto condescendiente.
¿Perdón? – se escandalizó el ángel.
Digo que tendrías que haber subido en burro, o mejor en una mula. Los caballos se escurren malamente en este terreno, pero las mulas no dan un paso en falso. Nunca. Parece como si tuvieran ventosas en las patas, las tías…
Crowley…- comenzó a amonestar Aziraphale.
En ese momento, se presentó la demandante, con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Parecía una mujer de carácter, y parecía también dispuesta a que se hiciera lo que a ella le pareciera que debía hacerse. Ocupó el centro del semicírculo de asistentes, justo enfrente de Débora, la Profeta, y puso los brazos en jarras.
Sabia Débora, Madre de Israel. Tú que alentaste a Barac para lograr la victoria sobre el cananeo Sísara y su ejército, tú que nos has traído la paz, escucha mi demanda, te lo ruego.
Tras el asentimiento de la profetisa, la mujer se ajustó la túnica y continuó
El filisteo Saúl me ha vendido una cabra preñada a un precio bastante alto, y el animal dio a luz hace tres días. Sin embargo, ha parido no uno, sino dos chivos. Y este avaro me reclama que o bien le pague el precio de un animal más o bien le entregue uno de los chivos una vez haya sido destetado, porque la venta era de dos animales y no de tres.
En la asamblea se levantó un murmullo. Había división de opiniones y aunque la mayoría simpatizaban con la mujer, también había quien se ponía de parte del hombre. Cuando le tocó declarar a él, acusó también a la mujer de haberle agarrado de las barbas y de haberle tratado de muy malos modos. El ambiente empezaba a caldearse y mientras el ángel cada vez se mostraba más preocupado y con más cara de espanto, el demonio se desternillaba de risa mal disimulada.
Crowley, por favor. Deja de reírte. El asunto es serio – dijo el ángel cuando dos mujeres cercanas a ellos casi se sacuden- Tal vez debería intervenir…
No te preocupes, no llegará la sangre al río… además, se supone que tú no estás aquí… si intervinieras, los tuyos no se enfadarían?
Aziraphale puso cara de culpa.
Tienes razón. Pero es que no puedo evitar intentar que se lleven bien…
En ese momento, la Profeta habló con un tono grave que hizo callar todas las voces:
El filisteo Saúl tiene razón en su reclamación. Debe devolvérsele de inmediato el animal sobrante porque él no lo ha vendido voluntariamente. Sin embargo, a la demandante Sara debe pagarle los tres días de cuidado en el vientre de su madre en los establos de su actual propietaria, más la leche que ya ha mamado para poder vivir. Saúl, si deseas seguir adelante con tu petición, estipularemos este precio de la manera más justa, y tras pagarlo, podrás llevarte el cabrito que reclamas.
El hombre la miró asombrado.
¡Pero si me lo llevo ahora no sobrevivirá! Se morirá sin la madre…
Entonces cédele el cabrito a Sara a su justo precio, teniendo en cuenta lo que le debes, y lo que puede valer un animal que no vivirá sin ayuda.
La asamblea asintió con un murmullo, convencida con la decisión de la Profeta. El filisteo Saúl, algo avergonzado, se avino a dejar correr el asunto tras acordar que Sara le entregaría dos jarras de leche y tres quesos de cabra como pago extra por el cabrito.
Lo ves, ángel? Si les dejas y uno de ellos tiene un poco de sesera y carisma, se las apañan solos para arreglar sus asuntos. Una cuestión de mala leche al final se ha saldado con leche cuajada… es lo lógico- se rió el demonio.
No sé, no sé…igual podían haberse puesto cabezotas y enredarse a bastones…
Liarse a palos – dijo Crowley levantando una ceja- Si no se dicen las frases hechas tal como son, pierden el sentido…
Mientras ellos hablaban, la multitud se había ido dispersando. En aquellos momentos, en el lugar no quedaban más que media docena de personas y la Profeta. El polvo levantado por las decenas de pies estaba volviendo a posarse cuando Crowley por fin se puso de pie, seguido de Aziraphale ya que habían acordado tácitamente dejar que toda la muchedumbre se fuese primero para poder bajar con más tranquilidad.
Tengo una mula alquilada por allí, pastando cerca de esas palmeras. Si quieres, podemos bajar los dos en ella, no me importa.
Habría que preguntarle a la mula si le importa que…- Aziraphale agarró súbitamente de la manga a Crowley, que iba delante.
Ángel, qué…?
Aziraphale miraba en dirección a la Profeta, que súbitamente había empezado a flotar medio metro por encima de la piedra en la que había estado sentada. En su rostro inexpresivo, sus ojos lanzaban destellos violetas y una luz que parecía provenir de detrás de su cabeza iluminaba el lugar como si fuese de día. Estaba hablando con una voz que parecía venir de todos los lugares de la tierra. Y sus palabras eran estas:
“ allí donde fue creado el primer hombre, reposará por siempre el Libro de la Vida, donde los nombres de aquellos que se salvarán permanecerán hasta el fin de los tiempos, cuando sean llamados al Juicio”
De nuevo en el cielo, en el Jardín de los Justos, los ojos de serpiente de Crowley se abrieron bruscamente.
Eso es! El Libro de la Vida está oculto en las cuevas bajo el Domo de la Roca!! Como no… Ella esconde a la vista de todos… bueno, pues a Jerusalem se ha dicho! A ver si ahora me acuerdo de donde están los pasillos del cielo que llegan hasta los Lugares Sagrados…
Capítulo nueve: La trampa del Escriba:
Crowley llegó bastante agotado al pasillo correcto tras deambular largo tiempo. Intentaba permanecer el mayor tiempo posible en los pasillos de los Bienaventurados que, si bien estaban despejados de ángeles, no siempre estaban vacíos de almas. Y cada alma pura con la que el demonio se encontraba, con su mera presencia, le hacía sentir lo despreciable y mezquino que era por haber sido expulsado del cielo y apartado de la vista de Dios. Fue un relativo alivio cuando por fin llegó al pasillo que comunicaba directamente con uno de los lugares más sagrados de la tierra ya que estos eran como una “sucursal” del cielo.
Naturalmente, estos pasillos ni estaban donde se creían ni los hombres los habían detectado todavía, pero dichos lugares habían sido elegidos personalmente por Ella para fines trascendentales en la Creación, por lo que los ángeles de mayor rango si conocían su ubicación. Se tomó un pequeño respiro cuando llegó allí y miró a su alrededor.
Aquel lugar era casi como suelo consagrado; sin embargo, al no haberse efectuado ningún ritual allí desde el principio de los tiempos, Crowley podía permanecer allí sin demasiado malestar. No obstante, no planeaba quedarse mucho tiempo, en cuanto localizase el libro lo cogería y saldría pitando. Y que luego el Metatrón viniera a buscarlo y se quedara alucinando cuando viera el puesto vacío. Por la cabeza se le pasó la idea de dejar en su lugar una revista erótica, pero la descartó de inmediato pues la ira de Ella podía caerle encima con todo su peso por una broma tonta, y desde luego no tenía ningún deseo de experimentarla de nuevo.
Tomando su forma habitual, caminó por el polvoriento corredor, en el que se notaba el peso de los innumerables años, iluminado sólo por tenues rayos de luz que se colaban como puñales por fisuras en la piedra. La arena finísima del suelo brillaba allí donde la herían los rayos de luz, y el silencio absoluto era sobrecogedor, ya que el demonio se había olvidado incluso de respirar al hallarse en aquel sagrado lugar. Estuvo andando durante un tiempo que no fue capaz de determinar, sintiendo como si su cuerpo y su mente se fueran separando, como si su parte física fuera pesada y quedase anclada a la tierra y su alma pudiera elevarse a los cielos como una vez…
Bruscamente, se detuvo. Había llegado a un arco de piedra cerrado por una doble puerta también de piedra. Tallado en la misma, líneas sinuosas doradas recorrían la roca. Formando un dibujo, un libro. Dibujo que ya había visto en otro lado.
“Y como diablos voy a pasar?”- se preguntó. Sin embargo, al acercarse, la puerta giró sobre sus goznes y se abrió sola.
El demonio se quedó boquiabierto al contemplar sobre un descomunal atril al final de la sala lo que había venido a buscar.
Pues va a ser que no me lo voy a poder llevar como no pida una grúa…- acertó a decir. Y es que el libro en cuestión medía más de cuatro metros de alto por casi dos de ancho, y era tan grueso que el demonio con los brazos estirados no podría tocar los dos lados del lomo.
Emanaba una suave luz, cálida y reconfortante. Sin saber muy bien por qué, a Crowley le atraía como a un niño el abrazo de su madre cuando súbitamente sintió que no estaba solo.
Justo como esperaba – una voz algo cascada pero firme le hizo darse bruscamente la vuelta. El Escriba, con todas sus alas desplegadas y un báculo en la mano, estaba delante de las puertas, bloqueando la única salida de aquel lugar- Sabía que, dados tus antecedentes y tu poca prudencia, lograrías escapar del confinamiento en el cielo, deducirías que mi plan es cambiar el Libro de la Vida y tratarías de detenerme. Y por eso ahora yo me voy a encargar personalmente de ti… Aziraphale es un ángel muy voluntarioso, pero excesivamente compasivo. La piedad no es una virtud que deba gastarse con seres abyectos como tú.
Crowley enseñó un colmillo en una fiera mueca. Respondiendo a la amenaza del Escriba, sus alas negras también se desplegaron, y su fibroso cuerpo se puso en tensión, listo para luchar.
Que bonito discurso… Me recuerda a una peli de James Bond…- él no tenía ningún arma, y si ese báculo estaba santificado, como se imaginaba que así sería, su mero contacto con la piel le causaría quemaduras como si fuese un hierro al rojo- esas palabras son muy feas, ¿no crees? Tal vez podríamos hablarlo tranquilamente… tomando un café.
A medida que hablaba, iba tomando posiciones, esperando que el Escriba hiciese el primer movimiento. Dejaría que él atacase primero.
Un ángel del Señor no confraterniza con un esbirro del Padre de las Mentiras- sin previo aviso, el Metatrón desapareció para aparecer justo detrás de Crowley, golpeando con fuerza su sien con el báculo.
Sin embargo, Crowley estaba muy acostumbrado a ese truco, pues era uno de los favoritos de Hastur. En cuanto dejó de ver al ángel en su lugar, simplemente se agachó, por lo que el arma del Metatrón tan solo golpeó el aire. Por el contrario, estiró una pierna con fuerza, pateando los tobillos de su rival y haciéndole perder el equilibrio.
Con un movimiento fluido y flexible, se irguió y arrebató de las manos del ángel el báculo, al tiempo que su ala derecha, provista de una garra en el pulgar, pasaba por delante de la cara del ángel provocándole un largo corte en el pómulo.
Saltó hacia atrás en posición de guardia escudándose con el báculo mientras el Metatrón profería un grito de rabia.
Estas oxidado, vejete… Ninguno de vosotros, estirados bufones, tenéis ni idea de cómo son las peleas salvajes allí abajo- dijo, con una sonrisa amarga- Déjalo ya o te vas a hacer daño…
El Escriba hizo un gesto autoritario y el báculo comenzó a brillar con luz celestial. Las manos del demonio comenzaron a humear. Sin embargo, Crowley siseó con rabia y la luz se volvió negra y entreverada con líneas rojo sangre. Los ojos del demonio serpiente destellaron con maldad.
No me pongas a prueba, Metatrón. Tengo ganas de hacerte pagar por lo que estás haciendo, pero no es destruirte lo que deseo…- se adelantó, caminando con cautela un par de pasos, mientras el ángel retrocedía tocándose la sangre de la cara.
¿Cómo te atreves a herir la sagrada carne de un ángel, tú, engendro del pecado? Tu avaricia de poder apesta como la sangre podrida…
Y como te atreves tú a corregir la obra de Ella, estúpido soberbio? – cegado por la rabia, Crowley estuvo a punto de echarse encima del ángel- ES QUE NO VES QUE VAS A PERDERTE Y A PROVOCAR QUE ÉL SE PIERDA?!!!!
Casi de rodillas ante el furibundo demonio, el Metatrón levantó la cara hacia Crowley. Pero no había súplica ni miedo en su rostro, sino que estaba sonriendo triunfal. Sus ojos no miraban las llamas en las que se habían convertido los iris amarillos del demonio, sino más arriba, al techo. Al pentáculo sagrado que había dibujado en el techo de la sala, y del cual sabía bien que Crowley no podía salir jamás.
Capítulo diez: Fe
A pesar de las ganas que tenía desde hacía siglos de hacer aquello y del empeño que estaba poniendo, El Metatrón se vio obligado a hacer un alto. Estaba sudando copiosamente, y sentía calambres en el hombro y en el brazo derecho por haber estado usando el látigo durante demasiado tiempo. Con fastidio, dejó el flagelo en el atril e hizo un pequeño milagro para invocar una toalla inmaculadamente blanca para secarse el sudor de la frente. Lanzó una mirada de desprecio al demonio que, semiagachado, no había proferido aún ni el menor sonido de queja bajo los golpes, aunque la mirada que le dedicó gritaba con mucho más odio de lo que jamás podría comunicar su voz. La arena del suelo estaba salpicada por las plumas negras de Crowley, arrancadas de sus alas por los golpes del látigo, y de minúsculas gotas de sangre que en la semipenumbra parecían rubíes.
El escriba le miró mientras se secaba con pequeños toques la cara. Desde luego, cabía esperar que el demonio estuviese acostumbrado a sufrir castigo. Después de todo, era lo que merecían por su imperdonable traición y para lo que se les había precipitado en el infierno, aunque este era especialista en salir del mismo… sin embargo no había maldad que no fuese alcanzada por la ira celestial ni voluntad demoníaca que él no fuese capaz de quebrar.
Alabada sea la Omnipotente por permitir que ponga las cosas en su lugar. Y este es tu lugar, demonio- El Metatrón volvió a tomar el látigo tras su breve descanso, pero no lo usó. Sin embargo, una vasija tallada en piedra apareció a sus pies- ¿Acaso pensabas que tratar de arrastrar a uno de nuestros hermanos contigo no tendría consecuencias? Afortunadamente, hemos podido arrancar a Aziraphale de tus garras, pese a que ya las tenías clavadas en su cuello – El escriba introdujo el látigo en la vasija hasta la empuñadura y volvió a sacarlo. Goteaba agua cuando lo extrajo- Naturalmente, aún estoy trabajando sobre él para desintoxicarle de todo el veneno con el que has contaminado su mente y su alma, pero el camino de la luz…
El veneno es el que destilan tus palabras, escriba –siseó Crowley- y te juro que como le hayas hecho el menor daño a Aziraphale…
El silbido del látigo revolvió las profundidades silenciosas de aquellos sagrados pasillos. Al contacto con la piel del demonio, el cuero humedecido con agua bendita humeaba y le levantaba ampollas. Crowley apretó los dientes y aguantó una nueva tanda de golpes, clavándose las uñas en las palmas de las manos y mordiéndose los labios hasta hacerlos sangrar. Su ropa empezaba a deshacerse, y las marcas de los azotes parecían refulgir como si su carne fuese de fuego. Sin embargo, de nuevo no dio la satisfacción al ángel de escuchar una sola queja. Cuando paró otra vez al cabo de largo tiempo, su cuerpo temblaba, pero sus ojos seguían desafiantes.
No finjas amor, sabandija impura. Lo que sientes no es más que lujuria y envidia.
No…no sabía que… tuvieras el don de la omnisciencia, escriba- el demonio se irguió como pudo y escupió en el suelo. El rojo de su sangre había convertido la arena blanca en un campo de amapolas- o espera… que no lo tienes. Entonces… COMO CO*O SABES LO QUE SIENTO YO? QUE SABRÁS TÚ DE LO QUE SIENTE EL?
Crowley aún tuvo la fuerza de erguirse y desplegar las alas, haciendo un titánico esfuerzo para escapar del confinamiento del círculo mágico. Sin embargo, el escriba hizo un gesto y un nuevo círculo apareció alrededor del otro, formado por fórmulas santificadas. El demonio se vio empujado sin piedad por la temible fuerza sacra de este nuevo encierro, y acabó de bruces en el suelo.
Lo primero que aprenderás de mí será respeto. El que nunca has tenido, ni siquiera cuando eras el estúpido ángel preguntón que molestaba a todo el mundo con sus cuestiones sobre la creación de su Omnisciencia. Que por qué esto es así, que si por qué no lo hace mejor de esta manera… un ángel no pregunta, un ángel obedece. Y eso es lo que has intentado que Aziraphale hiciera como tú… preguntar antes que obedecer – otro gesto autoritario y Crowley se vio obligado a poner los brazos en cruz y las alas estiradas sobre la cabeza. El poder sagrado no le permitía ni siquiera levantar la cara del suelo- ¿Crees que aún puedes ser un ángel? Pues te ayudaré… - El Metatrón sonrió malvadamente- Para empezar, un ángel no tiene garras en las alas. Voy a arrancarte esas infectas cuchillas para que ningún otro ángel tenga que sufrir en sus carnes su despreciable contacto. Después seguiremos con los colmillos…¿Dónde se ha visto que un ángel sea venenoso? Y a continuación, quitaremos otras cosas que un ángel tampoco debe tener y que ostentas con tanta presunción con esos pantalones ajustados.
Tengo uno mucho más venenoso que yo delante…-murmuró como pudo Crowley.
El Metatrón agarró el ala izquierda del demonio echándola bruscamente hacia atrás. Estuvo a punto de sacarle la articulación de su sitio por el brusco tirón, y el demonio se sacudió. A continuación agarró el espolón afilado del pulgar del ala y comenzó lentamente a tirar de él hacia atrás.
Detesto hacer estas cosas… pero es justo y necesario.
El dolor aumentaba y cuando se hizo intolerable, Crowley abrió la boca para gritar de desesperación. Y en ese momento, el Libro de la Vida cayó hacia delante, levantando una nube de polvo tan espesa que durante unos instantes no se pudo ver absolutamente nada en la cámara.
Ay, Dios… que… que lio se ha montado- una voz tímida y avergonzada se dejó oír desde detrás del atril- Quien iba a pensar que no estaría bien sujeto, después de todos estos siglos…
El Metatrón se irguió furioso y se encaró con Aziraphale, que trataba de sacudirse sin éxito el polvo del pelo y la túnica.
¿Qué estás haciendo aquí exactamente, desgraciada inutilidad?
Yo… lo sie… este… he venido por si podía ayudar…
Capítulo once: Caridad
Fuera de sí por la intromisión, el escriba alzó la pierna y descargó un tremendo taconazo en el centro de la destrozada espalda del demonio, que lanzó un grito agónico y quedó inmóvil en el suelo. A continuación agarró a Aziraphale por el cuello de la túnica y le acercó a él de un tirón para gritarle en la cara.
¿Ayudar exactamente a qué? ¡Se ha escapado porque tú no has hecho bien las cosas y ha llegado hasta el Libro! Si no llega a ser por mí, esta víbora aún estaría suelta y a saber qué hubiera hecho con este sacro objeto.
Aziraphale se quedó muy quieto, sin resistirse para no enfadar más a su superior. Echó un disimulado vistazo al demonio que permanecía inmóvil en el suelo, finalmente quebrado por el último golpe del escriba y le sonrió con timidez.
Tal vez eso era algo que formaba parte del plan de su Omnipotencia. Quizás ella quería que llegase hasta aquí por alguna razón – la voz de Aziraphale era suave, tranquilizadora. A diferencia del su interlocutor, no perdía la calma- No sucede nada sin que Ella lo permita, como ya sabemos.
Dudo que sirva de algo que esa escoria contamine un lugar sagrado. Y sobre todo, recuerda que has puesto en peligro el Libro al dejar que llegara hasta aquí.
Es inefable, Metatron. No podemos saber por qué Ella lo ha querido así.
Haciendo una mueca de disgusto, el escriba soltó al arcángel, que se apartó un par de pasos y se colocó la túnica.
Tienes razón. Ha llegado hasta aquí pero ahora está a nuestra merced. Ya es hora de eliminar su amenaza para siempre- el escriba tomó la vasija con el agua bendita.
Oh, no, no es necesario que hagas eso…- protestó Aziraphale- Seguramente haya comprendido perfectamente que…
No voy a hacer nada, Aziraphale – el Metatrón puso la vasija en las manos del ex librero- esta tarea vas a hacerla tú, como arcángel supremo.
Aziraphale se puso más blanco que la tiza.
¿Yo? No, no… ¿Cómo voy a matar a…? ¿Cómo voy a matar a nadie? Yo soy un ángel, mi misión es ayudar…- dijo, retrocediendo-
Ayuda entonces. Debes eliminar el mal.
Por favor… no voy a…
¡Cumple con tu deber, estúpido pusilánime! Eres un ángel guerrero, si se te ordena matar, matas. Además, eso de ahí ni siquiera es un humano o un animal ni por supuesto un ángel; es sólo un asqueroso demonio, un criado de Satán. ¡Es el enemigo ancestral! Eliminarlo es el deber de cualquier ángel.
¡Pero él puede hacer bien las cosas! Le conozco desde hace años… Crowley no es como los otros dem…
Antes de que pudiera acabar la frase, el Metatrón alzó la mano y propinó una sonora bofetada a Aziraphale, lo suficientemente fuerte como para hacerle girar la cabeza hacia un lado.
¡Blasfemo! Un demonio haciendo el bien… eso es un insulto a su Omnipotencia. Es como decir que se equivocó al castigarle… estás cegado, Aziraphale. Sé que te ha corrompido con sus palabras y sus actos, pero te he explicado ya exhaustivamente que no te ama, que no puede amar… y que si tú le amas a él, estás renunciando a Ella. Así que con más razón aún, debes ser tú el que le mate. Hazlo. Inmediatamente.
Lentamente, Aziraphale giró la cabeza hasta volver a mirar a los ojos al Metatrón. El hielo de sus ojos azules resplandecía como los de los ángeles exterminadores. El escriba dudó un instante, aunque tragó saliva disimuladamente y se mantuvo en su lugar.
Fe, Esperanza y Caridad. Nos capacitan para actos que serían imposibles de otro modo, y son los instrumentos que nos facultan para acercarnos a Ella y superar las tentaciones.
Ya sé cuales son las virtudes teologales, Aziraphale, no me sermonees con algo que…
El arcángel le fulminó con la mirada.
Por favor, no he terminado de hablar. Escúchame pues, ya que a los ojos de ella todos somos iguales. Yo tengo Fe en su Omnipotencia, estoy seguro de que Ella tiene un plan para todo y confío ciegamente en ese plan. Y si en ese plan aparece algo que es diferente a lo común, tengo fe también en que esa excepción es voluntad de Ella. Tengo Esperanza y confío en que su Promesa será cumplida y que todo bien será siempre recompensado, y castigado el mal. Y tengo Caridad, estoy lleno de amor hacia Ella y hacia el prójimo y esta, como ya sabes, es la virtud principal de las tres, la que debe profesarse por encima de todo, y la que debe guiarnos en cualquier momento, aunque todo lo demás haya fallado- llegado a este punto de su discurso, Aziraphale hizo desaparecer la vasija de agua bendita- Y si, Metatrón. Le amo, le amo como él me ama a mí, como me ha demostrado durante más de seis mil años, siempre a mi lado, intentando primero hacer el menor daño posible y luego, poco a poco, haciendo definitivamente el bien, aunque me consta que más de una vez esto se ha sabido en el infierno y le ha costado muy caro. Y te diré más… ha hecho más actos bondadosos y ha demostrado más piedad que muchos ángeles… Ahí tienes el caso de Job sin ir más lejos, cuando…
¡Basta, basta, basta! Estás tergiversándolo todo. Esos actos de los que hablas no eran más que retorcidas artimañas para hacerte pecar a ti, un ángel inocente. Vale mucho más para el infierno la caída de un ángel que la de mil humanos…
Aziraphale lanzó una mirada de soslayo al suelo donde había caído el demonio.
Yo también lo pensé al principio. Y es cierto que él me ha mostrado algunos pequeños placeres de la tierra, algunas de las alegrías de los humanos, que por cierto comprenden mucho mejor a su Omnisciencia que ángeles o demonios. Pero me ha dado tantas y tantas muestras de amor, e incluso, como ya te he dicho, ha sufrido las consecuencias de realizar actos bondadosos y a pesar de ello, ha continuado haciéndolos, que lo que sería pecado es dudar de que realmente me ama.
El escriba bufó con todo el desprecio del que era capaz.
Si eso que dices fuese verdad, te juro que yo mismo me borraría del Libro de la Vida. No obstante, si estás tan convencido de sus mentiras, ya nada puedo hacer por ayudarte. No me sirves. De manera que lo único que me resta es acabar con ambos.
El Metatrón invocó con un gesto el báculo sagrado con el que había atacado al demonio para terminar también con el malogrado arcángel supremo, pero descubrió con asombro que toda la mitad inferior del arma estaba partida y había desaparecido, seguramente a consecuencia del accidente con el Libro de la Vida. Lo miró un instante y luego se encogió de hombros.
Sabía que bastaría para sus propósitos. Solo tenía que tocar a Aziraphale con él.
No deberías jurar en vano, Metatron…- una astilla afilada como un estilete apareció bajo la mandíbula del escriba, empuñada por una mano con garras que se había deslizado como una serpiente desde su espalda.
Los ojos cerúleos del escriba se abrieron con sorpresa. No era posible que el demonio se hubiese liberado de los dos círculos de confinamiento. Era completamente imposible que una criatura infernal pudiera salir de ellos. Inconscientemente, levantó la mirada y contempló como ambos estaban rotos, pues alguien había borrado un segmento de los mismos y liberado a la bestia.
Ese alguien estaba delante de él y le miraba fríamente.
¡Tú! Has roto los círculos aprovechando la distracción del Libro. ¡Traidor! – la punta de la astilla se clavó en el desprotegido cuello, haciendo sangrar al escriba, que lanzó un quejido.
Cállate, saco de mierda – dijo el demonio con voz áspera y gutural- Y reza lo que sepas porque hasta aquí has llegado…
Crowley, por favor- Aziraphale sonaba autoritario, pero no severo- Te ruego que no cargues con su muerte. Ya se ha hablado bastante aquí de matar.
Y que pretendes que hagamos? Que le dejemos que se vaya y nos ataque por la espalda? – siseó Crowley con rabia- Esto es el mundo real, Aziraphale, no un cuento de hadas. No se va a arrepentir, no va a ponerse en nuestro lugar…
No se puede devolver el odio con odio si se quiere acabar con el mismo. Yo sé que ahora mismo estás confuso y dolorido, pero debes bajar el arma.
El Metatrón sonrió con suficiencia, aunque no se movió. Su mirada, clavada en los ojos celestes de Aziraphale, decía “está amenazando mi vida, pero en realidad va a matar tu alma para siempre. Serás el responsable de acabar con el escriba de Dios por tu ciega confianza en un demonio. Y entonces, yo habré ganado. La luz se separará para siempre de la oscuridad y la nueva Creación dará comienzo”
La mano del demonio pelirrojo tembló, pero no se movió de su lugar. Aziraphale respiró hondo, y levantó suavemente una mano, para posarla con suavidad sobre la garra crispada que tan cerca estaba de cercenar la carótida del escriba.
Crowley, mi amor. Voy a pedirte algo, en nombre del amor… en nombre del amor que siento por ti. Y espero que si tú me correspondes, me des lo que te pido pese a lo mucho que te va a costar hacerlo, pese a lo que pueda perjudicarnos – junto a la mano, todo el cuerpo de Crowley empezó a temblar porque sabía que era lo que su ángel iba a pedirle, aunque seguía sin soltar la presa- Perdónale la vida, por favor.
Ángel… no me pidas eso… no…- el demonio apenas podía ya controlar su cuerpo, presa de mil emociones a la vez. El odio y la rabia sostenían una batalla tan feroz contra la confianza y el amor que Crowley se preguntó en que momento iba a estallar- no puedo…
Si puedes. Crowley, ¿tú me amas?
S… si, ya lo ssssabessss – su naturaleza reptiliana amenazaba con tomar el control de la situación, aunque su corazón la mantenía aún a raya, aunque a duras penas.
Entonces, suéltale. Déjale ir. Te lo ruego.
Un desgarrador grito, mitad frustración, mitad alivio, salió de la garganta del demonio cuando tiró la astilla al suelo y retrocedió, liberando al Metatrón y cubriéndose la cara con las manos. Aziraphale corrió a su lado, y le abrazó con los brazos y con sus alas blancas como la nieve.
Shhhh, shhh, tranquilo querido mío, ya está… - acarició dulcemente su pelo, tratando de calmarle, aunque se estremeció al ver el estado en el que el maltrato le había dejado- mi dulce demonio, mi querido Crowley… shhh, ya está, ya pasó…
Olvidado por los dos amigos, el escriba se giró hacia ellos. Dio dos pasos en su dirección, pero no avanzó hacia el ángel y el demonio abrazados en el suelo. Sus pasos le encaminaron hacia el Libro que yacía en el suelo. Trató de detenerse, pero sus piernas no le obedecían. Horrorizado, contempló como a pesar de todos sus esfuerzos por evitarlo se aproximaba al Libro hasta tocarlo. Quiso gritar hasta desollarse la garganta al darse cuenta de que su juramento le había perdido .Contempló su mano alzarse como a cámara lenta y dejar que el Libro buscase lenta pero inexorablemente la página donde aparecía su propio nombre. Quiso aullar, quiso correr y arrancarse los ojos cuando vio como línea por línea, letra por letra, su nombre iba desapareciendo del Libro de la Vida, al tiempo que su cuerpo y su propia existencia se iban difuminando lentamente, poco a poco, cada vez más imperceptiblemente, hasta que fue solo una sombra, un eco, del poderoso ente que una vez fue. Y cuando no quedaba más de él que el pálido fantasma de la sombra de su Voz, un soplo de aire invadió la cámara y le hizo desaparecer para siempre.
Capítulo doce: Esperanza:
Hissss…ufff, eso escuece, ángel!! – el demonio intentó meterse bajo la sábana inmaculadamente blanca de la cama en la que se recuperaba de la paliza que había recibido en la cámara del Libro de la Vida. No recordaba, al igual que su ángel, quien se la había dado, pero estaba claro que necesitaría un tiempo en cama para recuperarse y los atentos cuidados de un buen sanador. Aziraphale, armándose de paciencia, apartó de nuevo la sábana para seguir aplicando ungüento en las heridas- Que noo… que ya no quiero más de esa cosa!!
Crowley, por Dios… cuantos querubines se comportan de una manera más adulta…quédate quieto, por favor, ya estoy terminado.
Lo que yo quiero son los abrazos y los besos de ayer, no esa porquería que escuece como meter las bolas recién afeitadas en el mar…
Aziraphale se sonrojó por las palabras de Crowley.
Por favor, que imagen acabas de pintar… y lo de ayer… bueno, seguramente no recuerdes muy bien lo que pasó, porque estabas muy débil y por otra parte estuvo bastante fuera de lugar…estaba preocupado y fui demasiado efusivo, me temo.
Recuerdo perfectamente lo que pasó, ángel – Crowley tomó suavemente la mano que le curaba y la acercó a sus labios - y también me acuerdo perfectamente cómo durante un momento te dejaste llevar e hiciste lo que realmente querías hacer… he visto muchas veces el deseo en tus ojos, pero siempre lo has reprimido. Y ahora te pregunto…por qué? Por qué siempre te paras, si yo estoy más que dispuesto a llegar hasta donde quieras?
El ángel sacudió la cabeza sonrojado y apartó la mirada, pero no hizo ademán de desasirse de la mano de su amigo.
Crowley… no puedo… no puedo dejarme llevar…
Por qué?
Porque…- su voz bajó hasta convertirse en un susurro- porque si empiezo no podré parar…- lo siguiente lo tuvo que leer en los labios de Aziraphale, pues ningún sonido llegó a salir de su boca- hasta que ambos seamos uno solo…
Una sonrisa cálida apareció en el rostro del demonio quien, pese a las heridas de su espalda y sus alas, se giró y se apoyó sobre ellas para mirar directamente a los ojos azules de su ángel.
Entonces no te pares, ángel. Tú ya has estado en mi cuerpo y yo he estado en el tuyo… ambos nos resultan familiares. Tan solo tenemos que hacerlo a la vez…
Pero conocer a otro hombre como se conoce a una mujer…
Aziraphale… te recuerdo que como entes sobrenaturales, no se nos puede calificar como hombre o mujer… somos ambos o ninguno, como prefieras pensarlo- las manos del demonio, cálidas y suaves, comenzaron a acariciar despacio los costados del ángel- por tanto, esas normas no se nos aplican. Lo que si somos es un ángel y un demonio, dos caras de una misma moneda.
El ángel suspiró y se estremeció. Crowley estaba argumentando algo que él ya había pensado. Y en sus ensoñaciones más secretas había imaginado ese momento un millar de veces. En ocasiones, era el demonio quien le requería tajante una noche en la librería sin admitir un no por respuesta y le sometía al mando de sus bajos instintos con su tácito (y jubiloso) consentimiento. En otras, una cena romántica llevaba primero a un tímido acariciar de manos, seguido por besos castos que poco a poco se convertían en un tormentoso arranque de pasión en el que apenas tenían tiempo de llegar hasta el dormitorio, mientras se arrancaban mutuamente la ropa para poder acariciar toda la piel del otro con los ojos brillantes por el deseo. Había veces que Aziraphale fantaseaba con bailar valses con Crowley durante horas, hasta que este, finalmente, le tomaba en brazos y, con su deslumbrante sonrisa capaz de hacer palidecer al sol, le llevaba hasta el lecho como un recién casado… y sin embargo, jamás se había permitido pensar que ninguna de esas fantasías podrían hacerse realidad. Sólo vivirían en su imaginación, ocultas bajo nueve cerrojos en la sala más profunda y oculta de su mente. Aziraphale suspiró, perdido en sus pensamientos durante un segundo hasta que algo le hizo volver a la realidad.
Y ese algo fue el contacto de los labios del demonio en los suyos. Un auténtico beso de fuego sobre nieve blanca, la boca de la serpiente sobre el fruto de la vida. Las manos ardientes de Crowley se escurrían como seda líquida por sus caderas, y el ángel no pudo evitar un delicioso escalofrío de placer y un gemido apasionado.
Una parte de su mente, la entrenada por el cielo, le decía que no podía permitir aquello, e hizo un débil intento de apartarse. Pero eso hizo que el demonio le mirase directamente a los ojos, y Aziraphale creyó perderse entonces en la infinitud de aquella mirada dorada, que le suplicaba, le rogaba y le ordenaba que diera libertad a sus deseos.
“Te necesito, Aziraphale, te necesito para poder seguir viviendo. Acaso no lo ves?”
El demonio nunca llegó a pronunciar esas palabras, ni el ángel llegó a contestarlas con su voz. Su respuesta fue devolver el beso con toda la inmensidad del firmamento; su contestación tenía la fuerza de mil millones de estrellas y la duración de la eternidad, pues solo dos seres como ellos podían amarse el uno al otro de un modo tal que volvieran a fundir luz y oscuridad, a equilibrar el curso del tiempo dañado y a restablecer un futuro para el mundo y para ellos. Especialmente para ellos. Las manos, ávidas del cuerpo del otro, pronto se vieron sobrepasadas para acariciar todo lo que deseaban sus dueños, y tuvieron que pedir auxilio a las lenguas y a los labios. Las alas, blancas y negras, se entremezclaron igual que los cuerpos y estuvieron listas para añadir su fuerza a las embestidas de sus propietarios cuando sus caderas entraron en juego. Un estallido de luz deslumbrante con el corazón negro surgió como una nueva galaxia cuando los dos se unieron, convirtiéndose en uno solo durante un largo y glorioso instante, y ambos cantaron el nombre del otro a la vez al alcanzar el clímax, en una sinfonía exquisita de voz celestial y rugido infernal.
Dicen que Ella sonrió en ese momento.
EPÍLOGO
Si vuelvo a ver una sola hoja marchita otra vez, os juro que voy a…
¡Querido! ¿Podrías dejar de aterrorizar a esos pobres agapantos y venir un momento a ayudarme con la mesa?
Crowley se irguió, dejando tranquilas las plantas del jardín, al oír la llamada de su ángel desde la casita de campo donde ambos se habían retirado.
Ya voy al rescate, Aziraphale. Mantenla vigilada mientras llego.
"Night in the desert~..."
[I based it on the time of Noah's Ark, and similar, since they were times where Crowley dressed as a woman (officially said by Neil) 🥰💖]
Crowley: Me
Photographer/Edition: Me
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