Los cuentos de conde: Noche de Negronis
Una selfie tomada en el viaje de ida y subida al revés a las redes. Así empezaba un viaje a Buenos Aires con el que premiaba grupo Campari a los colegas y amigos Matías Jurisich y Sebastián Teves que además debutaba como cronista de Cultura Bartender.
Juan José Campanella arrastraba dentro de la pantalla grande al arte de la coctelería y los protagonistas fueron los mejores bartenders del país, para revivir un coctel clásico y contemporáneo. El Negroni.
24 Negronis. 24 Bartenders. Los cuentos del conde, arrojó como protagonistas a los más reconocidos anfitriones de las barras argentinas.
Apenas llegados al hotel y con pocas horas de descanso se acercaron al edifico Harrods, lugar del evento.Y se encuentran con una estructura vieja, de arquitectura antigua, ecléctica tal vez, construido a principios del siglo xx.
Una entrada grande luego de unos escalones y un gélido aire que les daba la bienvenida. “Hermoso edificio, húmedo y frío, olvidado en el tiempo, pero tan lindo lugar que todo el tiempo te dejaba perplejo”. Fueron las palabras de Teves para describir su primera impresión.
Suelos y pasillos amplios con muchos detalles en mármol, madera y bronce. A simple vista, la mayoría de las cosas con esas marcas que solo puede dar la mano humana. Aquel trabajador que deja su huella como si supiera que lo que estaba haciendo iba a estar ahí por más de un siglo.
En la caminata junto a otros bartender, colegas que también se ven sumergidos en la imponente presencia de un palacete que invitaba a recorrerlo por dentro. Columnas y pisos brillantes, lujo de una época de vanguardia, muebles que decían su edad con solo mirarlos.
Una escalera incita a bajarla con cuidado, oscura, con unas pocas luces color rojo Campari. Una caja musical que empezaba a sonar con la melodía de aquellas que sostenían una diminuta bailarina color perla. Rodrigo Rodríguez y una broma en el momento justo en que la piel empezaba a erizarse ante una escena tétrica.
En el subsuelo se alojaba un tesoro. Una barbería y peluquería para hombres. Que luego de cruzar un umbral se encontraron con sus sillas antiguas pero a la vez modernas, con espejos viejos que parecían estar petrificados. Como si toda la sala se hubiese hundido en el tiempo para congelarse y despertarse intacta ese día. Con los muebles en colores grises y marrones opacos, la sala parecía estar creada para una película de terror en la que solo faltaba que las luces titilen y se cruce corriendo alguna sombra.
Todos parecían luchar contra esa imagen de miedo y se convencían para admirar el salón e imaginarlo lleno de gente. Con hombres haciendo fila a la espera de un corte de pelo y barba y degustando los 24 Negroni que el evento promocionaba.
Asombrados y con ganas de seguir la recorrida por dentro a un gigante de mármol y cemento que se despertaba por tan solo dos días.
Sesión de fotos y al hotel. A distenderse y descansar.
Llegado el día del evento, estaba todo casi listo. El aura que rodea el lugar es de buena vibra, camaraderismo y alegría. Los 24 Bartenders ansiosos por demostrar en un par de horas por que fueron elegidos para preparar cada uno, una versión distinta de Negroni y ofrecérselo al público que de invitados tenían todo. Sebastián Teves y Matías Jurisich no llevan nada de color rojo. Consigna propuesta por Campari. Aunque más tarde un moño rojo le da el visto bueno a Seba.
12 primeros cocteleros son separados para una primera tanda. Matías Jurisich junto a Ines de los Santos, Tato Giovannoni, Matías Merlo, Gastón de Gennaro y Juan José Campànella. Si, el cineasta. También barman por esa noche. Su cóctel, El Polaco. Un negroni con un agregado de Esperidina, bebida predilecta del Polaco Goyeneche. Batido y servido en copa cóctel. Twist de naranja como estocada final. Los organizadores de Campari presentes en cada detalle.
Barras armadas con mostradores antiguos y propios del edificio y una primera pasada que tuvo todo el éxito.
Corte y una pantalla blanca que se ilumina para presentar un colilla de lo que sería la película para la cual Campanella y Campari promocionaron el evento Los cuentos del conde.
Los cortometrajes de los cantineros anfitriones fueron mostrados mientras el entusiasmo crecía. Cada uno con un Negroni distinto, cada uno mostrando su otra pasión, lo que hacen cuando no están sirviendo a un cliente.
Final del tráiler y las luces que vuelven a encenderse, invitados y anfitriones expectantes, barullo y aplausos que no hacían más que motivar a seguir degustando cada nueva versión de Negroni. Sebastián Teves encabeza a los segundos 12. Pipi y Rodri los cordobeses que dicen presente. El último grupo que al que le quedaba la responsabilidad de cerrar el evento y coronarlo con algo más que una rodaja de naranja.
Lo logran. Los cantineros se divierten, se ríen, se tiran con sus propias decoraciones, se salen de esa estructura de salones serios. Todos disfrutan, bartenders y público se mezclan, no hay división. Nunca la hubo en realidad.
Pasan las horas y todos ya están más que entonados. Gente famosa, gente común y un jet set que se dispersa mientras el salón viste de rojo. Fotos, flashes, ruido y arte. La barbería trabaja como si estuvieran en los años 20, las bebidas se agotan, los vasos se vacían pero decantan en el fondo ese color rojizo. La gente se empieza a ir, algunas caminan pisando fuerte, los bartenders impecables. Los cuentos de conde recién empiezan pero esta noche llego a su final.