Mi princesa ya cumplió un año de haber abandonado este mundo y ese cuerpecito tan gordito y hermoso que tanto la caracterizaba.
Yo sé que un perdón jamás bastará. Y que un millón de gracias tampoco bastan.
Te amo mi cuyi, mi Zanahoria, mi princesa, mi bebé, mi compañera, cachito de mi vida, alma y corazón.
Tu llegada a mi vida fue de lo más bonito que me ha ocurrido.
Y tu partida ha sido lo más duro.
Juro que hay días que aún oigo tus chillidos.
Pero que no quede duda, te amé, te amo y te amaré por siempre, en esta y todas las vidas.
Gracias, mi niña, por darme y enseñarme tanto.
Te amo, y te extraño…













