Limpié todo a fondo, dejé trampas, moví los muebles, tiré lo que no sirve, y la laucha todavía no se va. Hace meses entró un animal pequeño a mi casa. Al principio pensé que era una hormiga, luego una cucaracha pero ahora estoy casi segura de que es una laucha. Me di cuenta de que tengo un invasor desde que empezaron a desaparecer algunas cosas: primero algunos bocados de comida, luego los objetos pequeños como anillos, aros, monedas, mis pastillas y las lapiceras. Ya no sé qué hacer, todas las noches la escucho rascar y roer los muebles, la alfombra y las cortinas; no sé a quién llamar. El del control de plagas echó los químicos que usa pero no le hizo nada. "No es una plaga común" me dijo, "Habrá que buscar algo más fuerte o aprender a convivir con ella" ¡¿Está loco?! ¡¿Cómo voy a querer convivir con eso?! Lo curioso es que desde que apareció la laucha, vienen cada vez más personas a casa, dicen que quieren ayudarme pero ninguno se ocupa de ese bicho. Me miran raro y a algunos no los conozco pero los dejo entrar porque al menos traen comida.
Anoche viví algo horrible, estaba durmiendo tranquilamente y la laucha se metió por mi oído hasta mi cabeza. Me desperté de un salto cuando la sentí escarbando mi cerebro y comencé a golpearme la oreja derecha para que saliera por la izquierda. Salió, pero no pude volver a dormir, estoy agotada, no la aguanto más, quiero que se vaya. ¿Qué es ese olor? ¡La cocina! ¡El gas está abierto! ¡Maldito ser del demonio! ¿Planeas matarme? Me duele la cabeza, ¿Dónde están mis aspirinas? ¡Se los comió! ¡Ojalá te intoxiques y te mueras de una vez! Busco por todos lados, muevo las cosas de lugar tratando de ver si hay algún recoveco donde pueda esconderse, pero no hay nada. ¿Qué es ese ruido? Viene del living. ¡No! ¡¿Qué estoy viendo?! ¡Es una rata, y se está comiendo las fotos de la mesada! ¡Fuera, bicho asqueroso! No...no... están rotas, ya no sirven, no reconozco a nadie. Tengo sed, voy a tomar agua. No encuentro mi vaso, voy a tomar directo de la canilla. Está sonando el timbre, pero no quiero atender a nadie, no quiero ver a nadie, no sé quiénes son. Quisiera recostarme un momento. No, no es por acá, por acá tampoco. ¿Dónde está mi habitación? ¿También te la comiste? Tu apetito no se acaba. Vuelvo al living, no solo se comió las fotos sino también la mesada, el teléfono y la luz. Ya no hay luz, está oscuro, casi no reconozco donde estoy. Me echo al piso, el bicho aparece, ahora es un perro y me está mirando con las orejas bajas. No querías hacerme daño, solo tenías hambre, tranquilo, te entiendo. Puedes quedarte, come todo lo que quieras y cuando se termine, te dejaré que me comas. Ahora ven, hace frío, te abrazaré y descansaremos un rato. Tal vez sea lo mejor para los dos, aceptarte, hacer que los demás te acepten y aprender a convivir contigo.