Perderse un poco para huir, para soltar aquello que daña y no deja ser, para encontrarse a una misma y entrar en armonía conmigo. Perderme, allá, lejos, quizás frente al mar, en un rincón alejado donde mi aura y espíritu se vuelvan uno y mi corazón pueda estar en paz, en calma, con la tranquilidad innata de que si hoy las cosas marchan sobre ruedas, mañana será aún mejor. Perderme con la sonrisa en los labios, los sueños en la cabeza, la ilusión en el alma y la mirada perdida en la inmensidad del paisaje. Leregi Renga















