Detenerme un poco, hacer pausa con el tiempo y dejar que el viento se lleve lo que me entristece. Dejar que las horas transcurran y yo levitar en el aire y quitar toda congoja que me abruma y sofoca. Me detengo y dejo que los minutos caigan completos en mi, que se vuelvan presentimientos de que algo bueno tal vez llegue. No quiero precipitarme, no me apetece correr, caminar rápido o ir volando a dónde no se me requiere. Mejor dejo que las horas me arrastren a instantes felices a preludios de un futuro etéreo. Leregi Renga


















